El asfixiante abrazo del estado del bienestar
Willie Whitelaw, un genial dinosaurio que ocupó el puesto administrativo de representante en funciones de Margaret Thatcher durante muchos años, acusó en una ocasión al Partido Laborista de ir por Gran Bretaña fomentando la apatía.
La paradoja evidente del vizconde de Whitelaw es, de hecho, una astuta puñalada política, y es aún más precisa por ser accidental. El gran gobierno depende, en gran medida, de ir por el país fomentando la apatía - creando la sensación de que los problemas son tan abrumadores, tan complejos, tan inabordables que tan solo intentar ponerse a buscarles salida supone un quebradero de cabeza tan atroz que es más fácil mostrar indiferencia y aceptar de dadas la propuesta de que sólo el gobierno puede abordarlos.
Tome por ejemplo la sanidad. ¿Ha leído usted acerca de los diversos planes sanitarios? Por supuesto que no. Son enormes y ampulosos e ilegibles. A menos que usted sea un lobista de la atención médica, un corresponsal cubriendo temas sanitarios o algún otro tipo al que se paga directa o indirectamente para que desbroce el asunto, ¿para qué molestarse? Ninguno de los senadores cuyos nombres aparecen en las propuestas de ley las han leído; ¿por qué debe usted molestarse?
Y puede comprender que se tomen su tiempo. Si usted intenta idear un “plan” sanitario para 300 millones de personas, está destinado a ser un poquito complejo. Pero un seguro médico para usted, Fulanito de Tal, el del 27 de Elm St., no solía ser tan complicado, ¿verdad? Digamos que usted dejó caer por un descuido el plan sanitario de Ted Kennedy sobre su pie, y se rompe el dedo gordo. En los viejos tiempos, acudiría a su médico (en realidad, lo crea o no, él iría a verle a usted), él le momificaría y usted le extendería un cheque. Esa es la forma en que solía ser en la mayor parte del mundo desarrollado que se recuerde. Ahora, bajo el disfraz de “seguro,” varios intermediarios interceden entre el médico y su talonario, y a esto el gobierno propone sumar una masiva burocracia federal, en interés de “controlar el gasto.” El Servicio Nacional de Salud británico es el mayor patrón no sólo en el Reino Unido, sino en toda Europa. ¿Quién se molesta en estimar el tamaño y el presupuesto de una burocracia sanitaria estadounidense?
Según las cifras de Naciones Unidas, la esperanza de vida en los Estados Unidos es 78 años; en el Reino Unido, son 79 - ¡toma ya, viva la sanidad socializada! Por otra parte, en Albania, donde la población entera fuma cartones y el sistema sanitario implica nadar hasta Italia, la esperanza de vida sigue en los 71 años - o más o menos donde estaba en América hace alrededor de una generación. Una vez que se tiene bajo control la mortalidad infantil y se siguen unas normas básicas de higiene y estilo de vida, el “sistema sanitario” pasa a ser relativamente marginal. Hay que observar que, hasta en Somalia, que sigue teniendo una mortalidad infantil elevada por no hablar del estado de guerra civil permanente, el funcionamiento del gobierno se ha derrumbado por completo y aun así la esperanza de vida ha pasado de los 49 a los 55 años. Quizá si el gobierno se viniera abajo por completo en Washington, nuestra esperanza de vida manifestara avances igualmente notables. Sólo estoy aportando una perspectiva nueva.
Cuando el Presidente Barack Obama nos dice estar “reformando” la sanidad para “controlar el gasto,” la idea a tener presente es que la única manera de “controlar el gasto” en la sanidad es disponer de menos cantidad de ella. En un sistema público, el médico, la enfermera, el celador y el Director Adjunto en Funciones del Departamento de Gestión del Sistema de Control de Gastos, todos deben cobrar cada viernes, de manera que el único medio de “controlar el gasto” es limitar el acceso del paciente al tratamiento. En la provincia de Quebec, los pacientes con incontinencia severa — es decir, los que se levantan al baño 12 veces por la noche — esperan tres años para someterse a un procedimiento quirúrgico simple de 30 minutos. Cierto, los habitantes de Quebec tienen una ventaja de uno o dos años de esperanza de vida por delante de los americanos según la lista, pero si usted está haciendo 12 viajes por la noche a la taza 365 veces al año durante tres años, en términos de esperanza de vida fuera del baño, realmente un habitante de Vermont sin asegurar podría acabar en primer lugar.
Como se dice que predijo Louis XV, “Après moi, le deluge” - lo que parece una observación tan incisiva como cualquier otra en un mundo en el que los ciudadanos nacidos libres en las sociedades más ricas de la historia de la humanidad están obligados a levantarse de su cama cada media hora todas las noches y deambular hasta el baño para realizar otra visita más simplemente porque la burocracia gubernamental les obliga a hacerlo. La “sanidad” es potencialmente un artículo caro, pero también lo son la casa y el coche y la mayor parte de la gente logra defenderse sin necesidad de un Plan de Acomodo Gubernamental ni un Sistema Gubernamental de Vehículos con Motor - o desde luego solía hacerse en la América pre-rescates.
Lo más importante, está el gasto de gubernamentalizar cada una de las responsabilidades de la madurez - y es, en la formulación de Lord Whitelaw, fomentar la apatía. Si usted ‘deambula de Liverpool a Amberes, de Hamburgo a Lyon, el fatalismo es palpable. En Gran Bretaña, crisol de la libertad en tiempos, la vida cívica está totalmente muerta: en Wales, Irlanda del Norte y Escocia, alrededor de las tres cuartas partes de la economía dependen del gasto público; una alianza maligna entre burócratas estatales y chupópteros estatales ha corroído la democracia, puede que de forma irreparable. En Inglaterra, el país cedió a las peores patologías sociópatas a diario - y el último informe sobre “los siete males” que afligen a un país cada vez más agradable culpa a “la pobreza” y “el individualismo,” sin lograr entender que si usted elimina el peso de la responsabilidad individual al tiempo que relaja todos los límites al hedonismo individual, la desaparición del espacio público es totalmente inevitable. En Ontario, Christine Elliott, candidata a la dirección del denominado partido “conservador,” es elogiada por los medios por ofrecer un conservadurismo más emoliente predicado sobre “la necesidad de hacerse cargo de los vulnerables.”
Veamos, según los estándares históricos, estamos servidos: tenemos televisiones y iPods y máquinas para lavar la ropa y los platos. Somos la primera sociedad en la que el primer síntoma de pobreza es la obesidad: cada hombre es su propio Presidente William Howard Taft. Por supuesto somos “vulnerables”: por definición, siempre lo somos. Pero exigir un gobierno organizado en función del principio de “hacerse cargo” preventivamente de “vulnerabilidades” potenciales nos vuelve a todos nosotros, a largo plazo, mucho más vulnerables. Una sociedad de niños no puede sobrevivir, sin que importe lo mucho que cunda la niñera gubernamental.
Recibo un montón de correo cada semana argumentando que, cuando los colegas vean la factura adjunta a los planes Obama, se van a enfadar. Quizá. Pero si Europa es el modelo, la misma cantidad de gente por lo menos caerá en la apatía. Una vez instaurado el gran gobierno, volver atrás es muy difícil.

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1 comentario a “El asfixiante abrazo del estado del bienestar”
By JOSE MANUEL on Jun 26, 2009 | Responder
Que fácil es dar argumentos ocultando los datos que no interesan:
“la expectativa de vida media para todos los hombres en el estado es de 75.9 años. Sin embargo, para un hombre negro es de 68.6 años, en comparación con 75.5 para los blancos, 77.5 para los hispanos y 80.4 para los asiáticos.” El documento en castellano pertenece al Estado de California. Pueden buscar documentos similares que hablan de que la mortalidad infantil en Estados Unidos de los negros dobla a la de los blancos. ¿Será por una cuestión genética?.