"Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores."
Edmund Burke

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Apuntes de pensamiento conservador

Publicado por Fernando Alonso Barahona el 26 de Noviembre de 2009 en Política y Sociedad.
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La biografía intelectual de Occidente se inicia seguramente con el gran descubrimiento de Parménides: “Hay un ser específico de las cosas, y es su propio consistir”. De este punto se puede generar toda una construcción de filosofía capaz de asumir los grandes problemas de cada tiempo.

 Russell Kirk (”The Conservative Mind”) encuentra una serie de derivaciones fundamentales del principio de Parménides. Todas ellas tienen óptima aplicación en el momento actual y constituyen espléndidas plataformas intelectuales para el siglo XXI que ya se inicia:

a- Creencia en que existen unas reglas naturales de inspiración divina, que en última instancia rigen la vida humana. Los problemas políticos son en no pocas ocasiones problemas éticos y morales.

b- Aprecio por la variedad y el misterio de la vida en sus múltiples alternativas en contraposición al igualitarismo absurdo de ciertos sistemas radicales.

c- Convicción de que la sociedad civilizada parte del principio de igualdad de oportunidades, pero sobre él requiere la participación, la búsqueda de la excelencia y la valoración del orden y las élites.

d- Fe en la libre iniciativa y desconfianza de las planificaciones sofisticadas (la llamada “arquitectura social”) que se introducen de forma subrepticia en la vida y trata de controlar los movimientos más íntimos del ser humano. La proyección vital necesita el programa, pero la naturaleza humana y sus manifestaciones artísticas no pueden encorsetarse en los rígidos límites de una estructura cerrada.

e- El cambio imprescindible para la adecuación de las soluciones a los problemas reales (estar en expresión de Ortega a la “altura de los tiempos”) se ejecuta habitualmente mediante la reforma, nunca con la ruptura violenta.

f- Realismo en el enfrentamiento con los problemas políticos, sociales y culturales. La realidad de las cosas es la medida para poder intentar su mejora.

¿Cuántas veces los llamados intelectuales no han seguido estos sabios consejos y se han embarcado en aventuras revolucionarias que han desembocado en catastróficos resultados que tal vez hubiesen podido ser evitados con un mínimo de reflexión y humildad?

La recuperación de la misión del intelectual es una de las grandes tareas pendientes para el siglo XXI, y ésta pasa por el esfuerzo, el realismo, la tolerancia en el error y la práctica de la excelencia, por muy incorrecto políticamente que pueda sonar a cuantos aún viven anclados en las ajadas visiones del más rancio de los “sesentayochismos”.

El secreto del conservadurismo reside, en suma, en saber conocer en cada tiempo lo que es permanente y lo que es mudable.

El compromiso del intelectual -el que lanza al debate las ideas, conceptos y principios que luego servirán al ejecutor de la política concreta- y del artista creador tiene poco que ver con la ganga propagandística que suele acompañar a tales términos (tantas veces desprestigiados en listas de firmas de apoyo a causas insalvables).

Es la hora de romper ese falso “compromiso” para apostar por una auténtica misión que de cara al siglo XXI ha de residir en la libertad, la verdad y la esperanza. Y con la libertad la responsabilidad, como escribiera Cervantes en frase certera: “Y he de llevar mi libertad en peso sobre los propios hombros de mi gusto”. Eugenio D’Ors (”Principios de política de misión”) recogía en hermoso lenguaje algunas de estas ideas clave.

El pensamiento político del siglo XXI tiene por fuerza que acercarse a las personas reales, a sus sentimientos humanos y a sus problemas diarios, pero no puede dejar de lado al menos una brizna de poesía sugestiva que combine la técnica con la esperanza, el esfuerzo con el sacrificio.

No es conveniente perder de vista que en un sistema digno y con ansia de perdurar, lo más importante es el factor humano, algo que debe ser tenido en cuenta por el experto, el técnico o el político profesional que en la soledad y aislamiento teórico de un gabinete dibuja un programa de actuaciones.

La clave estriba en una existencia de un norte y de un criterio (como expresara Jaime Balmes), que sirva como referente moral para las acciones concretas, de lo contrario no existiría más que una mera ética de situación,(característica típica y común del socialismo) que con frecuencia no opera sino como un eufemismo para ocultar la ley del más fuerte .

Es la misma idea que dibujan Ortega y Gasset y Julián Marías: detrás de cada filosofía hay una “prefilosofía” que es necesario conocer y aprehender. Sin proyecto y sin ideas no queda en la acción política más que la ambición descarnada de poder. Los grupos en la oposición quieren el cambio y parecen “revolucionarios e inconformistas”, pero cuando se accede al poder, a veces esos grupos se vuelven “conservadores” (nada que ver con la auténtica idea del pensamiento conservador) ya que su principal objetivo es la conservación de ese poder que con tanto esfuerzo y dificultad se ha obtenido.

La conclusión es clara: responsabilidad individual, búsqueda de la excelencia, programas concretos, racionales y verosímiles, desprofesionalización de la política, principios de mérito y capacidad, libertad en el marco de los deberes y las responsabilidades de cada cual, protagonismo de la sociedad frente al excesivo poder del Estado, compromiso con la libertad en las relaciones exteriores, apertura a una visión trascendente de la vida que considera que existen unos derechos previos e inalienables de los seres humanos.

El pensamiento conservador nunca puede ser reaccionario, sino que debe acompasar el progreso enmarcándolo dentro de unos valores permanentes y un concepto de la vida, la sociedad y las organizaciones políticas.

El pensamiento conservador entronca con el liberalismo clásico en su defensa de la libertad y en la flexibilidad en la creación de modelos políticos cuyo criterio básico debe ser el respeto a los valores positivos y la eficacia. No hay sistemas perennes sino valores permanentes.

La renovación es permanente porque la vida es rica, compleja y variada. Sólo con raíces sólidas y criterios se puede avanzar en la dirección adecuada. El pensamiento y la acción conservadora tienen ahora un reto formidable en Estados Unidos: la restauración de los valores, la modernización de las propuestas y la búsqueda de soluciones acorde con la realidad de nuestro tiempo.

En la práctica, Obama comienza a demostrar sus carencias. Pero ahora Sarah Palin, Newt Gingrich, Mike Huckabee, Bobby Jindal y seguramente un puñado más de nombres emergentes deben responder para que la alternativa resulte atractiva y vencedora en las elecciones legislativas de 2010 y sobre todo en las presidenciales de 2012.

Publicado en www.semanarioatlantico.com

  1. 2 comentarios a “Apuntes de pensamiento conservador”

  2. By ExpoBi on Nov 27, 2009 | Responder

    Excelente, hasta el último párrafo creí que se refería a España, lastima que este no se pueda sustituir con nombres de aquí sencillamente por que no los hay.

  3. By Carlos J.Gómez Martín on Nov 30, 2009 | Responder

    En un momento de crisis de valores como el actual solo el pensamiento, que no ideología como bien dice Kirk, liberal-conservador puede salvar a nuestra sociedad de su propia autodestrucción.
    Como Burke supo ver el caos y el horror a que llevaba el pensamiento y los actos del Revolución francesa, hoy día sólo la serenidad socio-política del liberal-conservadurismo puede evitar el fin de nuestro modelo de civilización.

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