"Ningún grupo puede actuar con eficacia si falta el concierto, ningún grupo puede actuar en concierto si falta la confianza, ningún grupo puede actuar con confianza sino se halla ligado por opiniones comunes, afectos comunes e interes comunes."
Edmund Burke

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El libro de Aguirre explica por qué una derecha sólo confía en ella

Publicado por Carmelo López-Arias Montenegro el 27 de Noviembre de 2009 en Cultura y Libros.
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En “Discursos para la libertad” recoge y comenta dieciocho intervenciones públicas de sendos personajes históricos cuya significación basta y sobra para definir una tendencia política.

 Más allá de su enfrentamiento con Alberto Ruiz-Gallardón, o de que algunos la vean como una alternativa a Mariano Rajoy, o de la adhesión que su persona y su trayectoria suscitan en un PP de Madrid que aporta votos y escaños decisivos para los populares, lo cierto es que Esperanza Aguirre encarna una tendencia política muy definida en su partido: un liberal-conservadurismo sin complejos. Y más incluso que ese “liberal-conservadurismo”, es ese “sin complejos” lo que gusta a sus seguidores.

Elementos diferenciales

Baste como ejemplo la antología que acaba de preparar: Discursos para la libertad. Momentos que forjaron la civilización occidental.

Primero, porque en momentos en los que priman entre los políticos profesionales el multiculturalismo y la corrección política sobre el supuesto igual valor de todas las culturas, pocos dirigentes se atreven a afirmar que Occidente, esa “síntesis de la filosofía griega, el derecho romano y el pensamiento judeocristiano”, es “el proyecto histórico de mayor envergadura emprendido por la humanidad”.

Segundo, porque en tiempos en que imperan la molicie y el escaso músculo para defender lo propio (ahí está el Alakrana como emblema de la claudicación de un Estado y de una nación), sale alguien afirmando que ese proyecto histórico no se construye “sin esfuerzo ni dificultades”, que es una conquista trabajosa y frágil, fraguada muchas veces “al borde del abismo”, y que sólo se salvaguarda “luchando permanentemente por los grandes principios”.

Y tercero, porque cuando es costumbre seguir acríticamente el impulso y la emotividad de la imagen, alguien reivindica “la palabra humana como expresión de la razón, del logos”, aunque esa palabra fuese en su día capaz de impulsar y emocionar para cambiar el curso de los tiempos.

Es lo que entiende Aguirre que pasó en los dieciocho casos que recoge este volumen, por donde desfilan Pericles, Sócrates, Cicerón, San Pablo, el papa Gelasio, el rey Juan sin Tierra, Edmund Burke, Patrick Henry, Thomas Jefferson, Alexis de Tocqueville, Winston Churchill, Charles de Gaulle, Martin Luther King, Ronald Reagan, Aleksandr Solzhenitsyn, Margaret Thatcher, Vaclav Havel y Juan Pablo II.

Ya el valor documental de los textos es importante, pues nos encontramos desde el inmortal “¿Hasta cuándo, Catilina, vas a abusar de nuestra peciencia?”, hasta el “sangre, sudor y lágrimas” del premier británico, pasando por la forma en que Saulo presentó en el Areópago a los gentiles a ese Dios a quien esperaban sin saber que su nombre era Jesucristo, por el “tengo un sueño” de la marcha sobre Washington por los derechos civiles en 1963, o por el “¡Señor Gorbachov, derribe este muro!” con el que Ronnie le dio la puntilla al comunismo ante la puerta de Brandenburgo.

Sin miedo a los nombres malditos

Pero lo que concede verdadero valor a estos Discursos para la libertad son los comentarios con que los antecede Esperanza Aguirre. Y que explican por qué una parte del electorado y de la militancia populares sólo confía en ella cuando se trata de buscar un político de derechas cuyo discurso cultural no sea, en el fondo o en la forma, de izquierdas.

En efecto, no es nada fácil encontrar hoy en la cosa pública alguien capaz de defender, frente al relativismo y el hedonismo, la práctica de la virtud que proponía y ejemplificó Sócrates, la justicia y el bien como principios superiores, o el derecho (a propósito de la Carta Magna de 1215) como límite infranqueable para el poder; o de recordar que “existe un orden natural de las cosas que no puede ni debe ser forzado”, y que cuando una sociedad abandona las convicciones religiosas, suele sustituirlas “por credos ideológicos de cariz totalitario”; o de lamentar “la risa cínica de quien se complace en una razón autosuficiente”; o de entender y explicar con tanta claridad, por ejemplo, por qué el Papado (en sí mismo, como institución independiente) ha sido un principio de libertad frente a la tiranía.

Hay nombres que por derecho propio pertenecen a la tradición occidental, pero que muchos políticos hodiernos preferirían evitar. No es el caso de Aguirre.

Ella, con Alexis de Tocqueville, nos recuerda que la sociedad igualitaria puede constituir una amenaza “libre” -de ahí la paradoja- a la libertad. O comparte con el autor de Archipiélago Gulag la denuncia de que el Occidente post-moderno desemboca en “la disolución de los principios morales y pre-políticos que sustentan nuestras democracias”.

La importancia de esta obra no es, por tanto, sólo intelectual, aunque la selección de textos y sus glosas dibujan un todo coherente, se comparta o no. Es también política, porque vuelve a presentar a Esperanza Aguirre como una mujer que, rompiendo moldes en el escenario partidario de la derecha, carece de los complejos que cohíben la posición de otros. De ahí que, junto a los ayes por cada callo que pisa, suenen también aplausos tan entusiastas.

Publicado en www.elsemanaldigital.com

  1. 1 comentario a “El libro de Aguirre explica por qué una derecha sólo confía en ella”

  2. By Pablo Cervera on Dic 4, 2009 | Responder

    Felicito sinceramente la recensión de la obra señalada. Muchas gracias

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