"La libertad abstracta al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada."
Edmund Burke

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Compromiso con la libertad

Publicado por José María Marco el 1 de Diciembre de 2009 en Política y Sociedad.
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Esperanza Aguirre es una mujer valiente. Así que se ha atrevido a hacer algo raro en la vida política actual, y no sólo en la española: reflexionar, por escrito, en voz alta, sobre algunas de las grandes ideas que han configurado la vida política propia de nuestra civilización. El resultado es un libro, sumamente ameno, que nos propone la lectura de muy diversos autores, desde Pericles hasta Juan Pablo II.

No son textos teóricos o abstractos, sino invitaciones a la acción pensadas para un público lo más amplio posible. Las introducciones correspondientes sitúan a los personajes con sencillez e invitan a profundizar en sus vidas y en los grandes temas por ellos abordados.

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El esfuerzo es digno de agradecer. Siempre resulta interesante comprobar cómo un político en activo relaciona el día a día de su actividad con vetas más profundas y menos perecederas de la acción humana. Ese ejercicio no conduce necesariamente a dificultar la acción política, como muchas veces se oye decir. Nos hemos acostumbrado a una concepción tan magra y mezquina de la política, que hemos hecho de ella una actividad autónoma, alejada de cualquier principio moral, vital y religioso, y la hemos convertido en una trifulca entre posiciones más o menos intercambiables. Así se empobrece la vida intelectual de todos y la vida civil de la sociedad entera.

En vez de un ejercicio de civilidad y de tolerancia, capaz de tener en cuenta diversos conceptos del mundo, la política pasa a ser una actividad de profesionales que manejan una realidad que los demás no sabemos interpretar y sobre la cual recae, obligadamente, la sospecha. Además, resulta muy frágil: no se construyen acuerdos generales y duraderos a partir de puros intereses, económicos o de poder. Cuando son relevantes y aspiran a cimentar una realidad de largo plazo, los posibles acuerdos se elaboran siempre a partir de una reflexión y un compromiso sobre cuestiones más amplias y más humanas, cuestiones que dan sentido a esos intereses. Las sociedades occidentales padecen ahora los efectos de la erosión de esa zona conceptual y moral en nombre de la abstención y el pragmatismo. Nos vanagloriamos de nuestra audacia porque a fuerza de cautela hemos dado en el cinismo. ¿Qué se podrá construir sobre eso?

Este libro nos ayuda por tanto a situarnos en un espacio más respirable. Una vez en él, ¿cuáles son las prioridades que se nos revelan? En primer lugar, está la libertad, que ya desde el título guía la selección de textos. Volvemos a escuchar a Sócrates reivindicar la búsqueda de la verdad, a Patrick Henry clamar por la libertad en Richmond en 1775, a Martin Luther King desplegar su gran oración sobre la libertad y la igualdad en Washington y -algo sorprendente- a Tocqueville demostrar la incompatibilidad del socialismo con la democracia en el Parlamento francés en el año siniestro de 1848.

La libertad, sin embargo, no se basta por sí sola y es fruto de condiciones y actitudes sobre las que no siempre existe un acuerdo. Es en este punto donde el libro de Esperanza Aguirre propone opciones aún más comprometidas y arriesgadas. En tiempos tan poco aficionados a la grandeza, resulta extraordinario que alguien se atreva a hablar en términos elogiosos de la pasión por la gloria, que es lo que hace Aguirre al comentar la oración fúnebre de Pericles. Parece que hay alguien dispuesto a recuperar algo del espíritu que hizo grandes a nuestros antepasados, españoles como nosotros, aunque más ambiciosos. También se habla de fe, de esfuerzo y de convicciones, en particular con ocasión de los discursos de Reagan, Churchill y Margaret Thatcher.

El libro pone el acento en las precauciones que han ido construyendo, a lo largo del tiempo, el espacio de la libertad. Los textos insisten una y otra vez en una obsesión occidental, como es la necesidad de levantar barreras ante el ejercicio del poder, barreras que vienen de la ley (Sócrates), el cultivo de la virtud (Cicerón), la dignidad del ser humano (San Pablo), el respeto de la experiencia (Carta Magna), la prudencia y el sentido común (Burke), la desconfianza ante el dogma del progreso (Solzhenitsyn) o la división de poderes (Gelasio).

Cánovas o Jovellanos habrían completado bien la selección, en la que se echa de menos algún autor español. Pero es un reparo menor. Lo importante es que, dentro de un espectro de ideas muy amplio, que se mueve entre el elogio de las virtudes cívicas, la apelación a la responsabilidad y la exaltación de la libertad, el libro proporciona algunas pistas muy concretas sobre cómo se han ido formulando estos objetivos y cómo, gracias a eso, se han ido plasmando en una realidad que hemos heredado y que ahora debemos defender, como antes lo hicieron otros.

ESPERANZA AGUIRRE (ed.): DISCURSOS PARA LA LIBERTAD. Ciudadela (Madrid), 2009, 217 páginas.

Publicado en www.libertaddigital.com

  1. 2 comentarios a “Compromiso con la libertad”

  2. By F Caro on Dic 5, 2009 | Responder

    OBRAS SON AMORES

    El hecho irrefutable es que Dña. Esperanza se somete a la disciplina de su partido, el PP y que, racionalmente, cabe dudar del carácter democrático -al estilo de los lideres de los países europeos occidentales- del Sr. Rajoy y, por extensión, del partido que encabeza.
    Estos son mis argumentos:
    ¿ES EL SR. RAJOY UN LIDER DEMOCRÁTICO?: EL PP EN EL LABERINTO.
    España parece abocada a perpetuarse en el fracaso histórico: la oportunidad que representó el binomio transición-acceso a las instituciones europeas se ha dilapidado y la realidad de lo que somos y del papel que jugamos en el concierto internacional emerge dejando al aire todas nuestras vergüenzas, que no son pocas.

    Una parte significativa de la responsabilidad en ello la tiene la derecha política, esa estructura incapaz de representar decentemente a la derecha social de carácter liberal a la que desconoce y traiciona abrazando o eludiendo causas no en función de convicciones firmes y profundas sino en función de cálculos cortoplacistas.

    Los errores y carencias que evidencia el PP son de grueso calado. En primer lugar, el PP desconoce profundamente la naturaleza del tinglado al que se enfrenta: una maquinaria de destrucción masiva ¿son precisos los ejemplos?
    En consecuencia, falto de convicciones y de una percepción certera de la situación, elabora estrategias, enfoques, modos y maneras seguidistas que no hacen sino enredarle en un laberinto cada vez más intrincado y cuya única salida –enfoques y planteamientos firmes, basados en convicciones profundas e inequívocamente democráticos y liberales- es desechada sistemáticamente.

    Ilustremos lo dicho. Aznar nombró a Rajoy sucesor-heredero a título de secretario general -al igual que D Juan Carlos I fue nombrado sucesor a título de Rey- mediante un mecanismo “caudillista”, en definitiva incompatible con el calificativo democrático.
    Bien es cierto que para entonces Aznar ya había consumado todas las traiciones a sus promesas de “regeneración democrática” (recuérdese al ministro E Serra y la desclasificación de algunos documentos secretos, al ministro Michavila y el pacto “por la justicia” con el que se perpetuaba la muerte de Montesquieu o al ministro Rato y su actuación en relación con la sentencia en el caso Antena-3, por ejemplo) y que su poder, tras sus éxitos electorales, obviaban cualquier necesidad de democracia interna en su partido
    Además la bonanza económica por un lado y la vida interna del PP, por otro, aportaban argumentos suficientes como para que nadie osara poner en solfa los designios del “faraón”: el reparto del poder que sucedería a la previsible victoria electoral de Rajoy haría olvidar cualquier agravio.
    Los terribles atentados del 23M (qui prodest?) vinieron a modificar radicalmente los parámetros de análisis de la situación; admitiéndose exclusivamente razones externas en la derrota de las elecciones generales –lo cual no es completamente verificable- se continuaba la deriva acusadamente antidemocrática de Rajoy y de su partido, deriva que no ha tenido ningún tipo de rechazo, réplica u oposición por parte de los “liberales”.
    Para cualquier demócrata resulta inaceptable que el candidato Rajoy, tras haber pertenecido a dos gobiernos de la nación y habiendo perdido no una sino dos elecciones generales consecutivas, no haya dimitido ipso-facto. Ese es el comportamiento habitual de cualquier líder político inglés, alemán o francés, por ejemplo, en situación similar: un comportamiento inequívocamente democrático.
    Lejos de ello el gran timonel monta -en Valencia- un “baño de adhesiones y fidelidades inquebrantables” en un congreso “a la búlgara” según decir de FJL. A pesar de la inconsistencia de su liderazgo, rehen de los jefes de las taifas regionales que lo mantienen en tanto ellos consoliden sus parcelas de poder y ofuscado por los vahos del incienso derramado, anima a los “liberales” de su partido a irse al partido Liberal, manifestándose así como un leninista convencido y dispuesto a aplicar de inmediato –y de modo inmisericorde- el más genuino “centralismo democrático” en su “democrático partido”.
    De nuevo los aguerridos liberales –cualquier parecido con los de 1808 es pura casualidad- se refugian en el silencio y callan, callan, callan …
    Y ya en estos días, tras una serie de avatares no por conocidos menos lamentables, emerge de nuevo el genio y la figura del nuevo “Rey Sol”: “C’est moi qui confectionne les listes electorales, le PP c’est moi ”
    La España del S XXI no soporta tanto desatino: mientras nuestra derecha política sea tan nefanda como la izquierda y los “liberales” no ejerzan ni la libertad de expresión, estaremos abocados al fracaso histórico; es nuestro sino.

  3. By F Caro on Dic 7, 2009 | Responder

    UNA MERECIDA ACLARACIÓN

    Podría entenderse que, en mi anterior comentario, se hace una referencia générica a “los liberales” cuando la referencia -en el contexto de lo manifestado- se pretende dirigir a “los liberales del PP” exclusivamente. Quede así aclarado.

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