"El poder del hombre para hacer de sí mismo lo que le plazca significa el poder de algunos hombres para hacer de otros lo que les place."
C.S. Lewis

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El nexo entre catolicismo, civilización occidental y libre mercado

Publicado por Carmelo López-Arias Montenegro el 28 de Diciembre de 2009 en Cultura y Libros.
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Chesterton explicando por qué se convirtió, Esparza y Esolen triturando la corrección política y Chafuen disertando sobre la escolástica económica española: todo un regalo navideño.

En un lapso de tiempo muy breve dos sellos de la editorial Ciudadela, el matriz y El Buey Mudo, han dado a la imprenta tres títulos realmente importantes en el presente debate de las ideas en España. Aunque distantes en el tiempo y en el origen, componen un corpus doctrinal de gran homogeneidad.

Uno es Por qué soy católico, de Gilbert Keith Chesterton, quien no necesita presentación. Recopila, por primera vez en un solo volumen, los ensayos de naturaleza estrictamente religiosa que el escritor inglés publicó a raíz de su conversión al catolicismo, en 1922.

El segundo es Raíces cristianas de la economía de libre mercado, de Alejandro A. Chafuen, un estudio ya clásico a pesar de su juventud, pues vio la primera edición a mediados de los ochenta, prologada por uno de los grandes patriarcas del pensamiento católico norteamericano, Michael Novak. Su autor, un profesor argentino, descubrió en la escolástica española del siglo XVI los antecedentes de lo que hoy denominamos capitalismo.

Por último, dentro de la prometedora colección de Guías Políticamente Incorrectas, José Javier Esparza y Anthony Esolen (José Javier Esparza y Anthony Esolen. Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental. Ciudadela. Madrid, 2009. 263 pp. 17,50 €) hacen un repaso de la historia de la civilización occidental, desde Grecia hasta nuestros días, partiendo de un principio y llegando a una conclusión que suenan hoy profundamente heterodoxos, en tiempos de multiculturalismo relativista: la nuestra es una civilización superior a todas las demás que la historia ha conocido.

Una religión racional

Hablábamos de la unidad doctrinal que subyace en estas tres obras, una del primer tercio del siglo XX, otra de su último tercio, la última escrita en nuestros días. Quizá la clave de esa unidad radique en una afirmación de Chesterton que encontramos en las páginas de Por qué soy católico: “Nuestra religión es la más razonable de todas las religiones. Quienes afirman que es una religión simple o básicamente emocional no saben de lo que están hablando… Un católico convencido es hoy día la persona más realista y más lógica que camina sobre la faz de la tierra”.

En realidad esto resume la esencia del pensamiento chestertoniano, a pesar de que siempre supo vestir de poesía sus razones. No hizo otra cosa que razonar, y las paradojas con las que tópicamente se describe su estilo no son sino silogismos paralelos llevados hasta su extremo para confrontar la posición católica con la que no lo es. En este volumen encontramos un auténtico arsenal de argumentos que valen en nuestros días como en los suyos, en la medida en que se concibieron para una sociedad descreída (aunque entonces bajo la máscara del extremo moralismo puritano) y emocional (aunque entonces sin la presión de esa fábrica de emociones que son los mass media).

Una civilización racional

La civilización occidental es hija de la Iglesia, aunque hunde también sus raíces, como recuerdan Esparza y Esolen, en Grecia, en Roma y en la Antigua Alianza. Su trabajo es una demostración palmaria, siglo a siglo, de tres tesis: una, que ciertas ideas que hoy día se aceptan como normales sólo han sido y son normales en el ámbito de dicha civilización, mientras que otras civilizaciones y culturas se han edificado precisamente sobre su aplastamiento; dos, que casi todas las acusaciones vertidas por el pensamiento políticamente correcto contra el pasado occidental no se tienen en pie; y tres, que ciertas interpretaciones anticristianas de los logros de la civilización occidental se basan sobre una valoración errónea de dichos logros.

Hace apenas veinte o treinta años habría resultado inconcebible que un libro como éste fuese necesario, pero hoy es costumbre considerar cualquier forma de convivencia y cualquier sistema de creencias como equivalente al nuestro. Muchos ya sólo salvan de nuestra forma de vida su capacidad de producir más y mejor, pero, como afirman al final estas páginas, “si los pueblos de Occidente empiezan a creer que lo que importa es solamente lo material, dejarán de ser pueblos de Occidente y terminarán desprendiéndose de toda su herencia cultural”. No creen los autores que vaya a ser así, “porque se trata de la única civilización que se ha fundado en la esperanza”, pero el riesgo ahí está… aunque con obras como ésta uno se siente más tranquilo.

Una economía racional

Sin duda lo genuinamente occidental (enraizado en ”lo cristiano”) choca con su prostitución a manos de ese materialismo que denuncian Esparza y Esolen. Pero a veces se confunde ese materialismo con los procesos económicos naturales que tienen lugar en el seno de un mercado idealmente libre. Para deshacer semejante error tenemos el libro de Chafuen.

Podríamos verlo como una refutación del célebre ensayo de Max Weber que cifra el origen del capitalismo en el calvinismo, porque Chafuen demuestra justo lo contrario: habrían sido los escolásticos españoles del siglo XVI quienes habrían justificado las ideas hoy corrientes sobre la licitud del préstamo con interés, la formación de los precios o los criterios que permiten o no devaluar moneda sin cometer un latrocinio.

El autor tiene un objetivo claro: “Parte de mi interés en este tema se debe a la existencia de ese gran número de amantes de la libertad económica que se sienten consternados al contemplar que estas ideas no encuentran cabida en la doctrina de la Iglesia”. Chafuen sostiene que a la “teoría subjetiva del valor”, quicio de la ciencia económica según los autores liberales, y a la estimación de la propiedad privada como criterio determinante, llegaron los Francisco de Vitoria, Tomás de Mercado, Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta o Domingo de Báñez por caminos diferentes, y en ocasiones incompatibles (es la oposición filosófica entre el cristianismo y el liberalismo), lo cual no obsta a la identidad de las conclusiones, basadas en buena medida -no todas- en el pensamiento de Santo Tomás de Aquino.

* * *

Indudablemente estas tres obras transmiten una visión del mundo coherente. En ese sentido, leídas las tres, van a conformar una línea de pensamiento cada vez más consolidada en la vida cultural española, pero que pide paso también en otras áreas de la vida pública, como la política. Lo cual asusta a quienes deberían abrir ese paso… pero eso es otra historia.

Publicado en www.elsemanaldigital.com

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