En Estados Unidos el derecho a la vida y a la propiedad son una sola cosa
Yo defiendo la familia, por lo que apoyo el libre mercado. El “cogito ergo sum” de la base conservadora del mundo americano es éste. Es el derecho de propiedad, lo (…)
Yo defiendo la familia, por lo que apoyo el libre mercado. El “cogito ergo sum” de la base conservadora del mundo americano es éste. Es el derecho de propiedad, lo más extenso y radical posible (están absolutamente convencidos en esas latitudes), la herramienta principal que, permitiendo mantener al Estado fuera de los asuntos familiares, concreta la protección de la vida por nacer, de la moral natural, de la educación libre, y así sucesivamente.
En América el soberano es el consumidor y el contribuyente, el ciudadano, que compra pagando y que pagando controla. Que pide, en definitiva, saber cómo se utiliza su dinero, que pide saber cuáles son los honorarios por los servicios que su dinero compra, que exige transparencia de la administración y la política a las que les da su propio dinero.
Entendámonos, también en los Estados Unidos las discusiones son constantes entre libertarios y los llamados “conservadores sociales”, pero allí es mucho más fácil que, de modo sereno y pacífico, descarrilen proposiciones de ley neomaltusianas y abortistas con el simple razonamiento de que el dinero de los impuestos y de las empresas públicas-privadas (auténticamente sociales y de inversión en el futuro) llamadas familias no debe ser utilizado para pagar los gastos de los deseos, los vicios y “los derechos”.
Entre nosotros, sin embargo, estas cosas son muy difíciles incluso de articular en teoría. Entre nosotros está vigente el falso mito según el cual “laissez-faire” significa “comerse a los niños”, así como impera su rival especular, aquel para el que las políticas sociales para la familia no son más que otro nombre del socialismo. Los resultados, por otro lado, están a la vista.
Imaginemos, entonces, cómo sería ver por un lado a nuestros políticos y por otro a la sociedad civil dividida entre grupos de presión centrados en los «principios no negociables» y defensores de un mercado aún más libre como el que propone en estos momentos el GOPUSA, cuyo nombre significa Partido Republicano de los Estados Unidos de América, pero que en realidad es una organización privada e independiente que trabaja para empujar a los republicanos más y más a la derecha, con el resultado de haber entusiasmado a millones de votantes, pero también de haber hecho saber al partido que hay un mundo enorme ahí fuera dispuesto a dar el voto o a negarlo.
Nacido en diciembre de 1999 por el empresario de Texas, Robert “Bobby” R. Eberle, nacido en 1968, GOPUSA está ahora sondeando a su enorme base de datos a la que está invitando a responder a un cuestionario, la 2010 American Morality Survey, en la que se pregunta si la Corte Suprema debe comenzar a replantear la actual definición del matrimonio y si se han de gastar millones de dólares, he aquí la cuestión, de los contribuyentes para financiar el llamado “arte gay” o las investigaciones sobre la cultura homosexual, alias propaganda política. Quizás incluso todo el oro del mundo no pueda comprar el paraíso, pero el dólar está empezando a hacer milagros.
Publicado en www.loccidentale.it

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