Buscando candidato republicano
Cuando hace poco menos de año y medio se publicó mi libro “¿Quién es John McCain?” (Ciudadela, 2008) señalaba la debilidad de la candidatura de Obama no tanto en la (…)
Cuando hace poco menos de año y medio se publicó mi libro “¿Quién es John McCain?” (Ciudadela, 2008) señalaba la debilidad de la candidatura de Obama no tanto en la campaña presidencial, aupada por los poderosos medios de comunicación en una especie de consenso general de apabullante corrección política, sino por su posible gestión presidencial. Si Obama tenía grandes carencias más allá de su imagen y esto había quedado de manifiesto en su agónica lucha de las primarias con Hillary Clinton, éstas no podían desaparecer como por arte de magia en unos meses. Todo se limitaba al marketing y a la publicidad.Así ha sido, y en poco más de un año Obama ha visto reducir su popularidad de forma drástica, hasta el punto que muchos analistas comienzan a pensar que pudiera no resultar segura su victoria en un segundo mandato.
El otrora alicaído Partido Republicano ha renacido y ahora presenta un vigor inusitado, aunque los problemas para lograr esa victoria aún son muy grandes. La encrucijada conservadora tiene una serie de vértices complicados:
Para ganar -en primer término- hay desde luego que poseer una idea y unos principios sólidos; sin ellos, el conservador navega a la deriva. Pero los principios no pueden degenerar en una ideología que constriñe la solución de los problemas, tan sólo poseyendo un rumbo sólido se puede aplicar el pragmatismo y la habilidad necesaria para el triunfo.
Además, el ciudadano medio está hastiado de muchos políticos, de la corrección política exasperante y pide soluciones: la economía, la seguridad, el papel de Estados Unidos en el mundo, las fronteras… y al fondo la libertad de elegir con las menores intromisiones de los poderes públicos. Por si fuera poco, la complejidad social norteamericana ha de enseñar a los estrategas que es difícil una victoria importante sin contar con el voto de las minorías. Se trata de reencontrar esos principios fuertes, ese programa ilusionante y esa figura carismática que sea capaz de ofrecer una alternativa conservadora renovada, fiel a las esencias, pero también capaz de reconstruir esa gran coalición que Ronald Reagan supo encauzar en la década de los ochenta del pasado siglo.
La tarea no es fácil para los muchos aspirantes republicanos. La elección del futuro candidato será vital porque sus posibilidades de victoria ante un decaído Obama van a ser grandes, algo impensable hace tan sólo unos meses.
Una encuesta de la prestigiosa revista conservadora “Newsmax”, elaborada por la empresa Zogby, acaba de revelar que Scott Brown el flamante senador republicano por Massachusetts podría derrotar a Obama en un eventual enfrentamiento por la presidencia en 2012. Los datos del sondeo revelan un empate técnico entre los dos (46-44.5 por ciento).
Claro que primero debería hacerse con una complicada nominación republicana. He aquí los muy interesantes datos de la encuesta en el campo republicano del GOP: Sarah Palin, 22,2 por ciento; Mitt Romney, 19,4 por ciento; Newt Gingrich, 12,4 por ciento; Mike Huckabee, 10,9 por ciento; David Petraeus, 5,6 por ciento; Scott Brown, 5,2 por ciento; Tim Pawlenty, 4,9 por ciento; Jeb Bush, 3,9 por ciento. No aparecieron en la encuesta otros posibles candidatos como Ron Paul y Bobby Jindal.
Un análisis de los aspirantes nos revelara claves interesantes.
Sarah Palin es una figura emergente, si supera la formidable campaña de desprestigio y acoso a la que ha tenido que enfrentarse es una alternativa a tener en cuenta. La virtud de Sara es también su problema: arrasa entre sus muchos admiradores, pero esas pasiones aún generan altos índices de rechazo. Pero tiene remedio y posibilidades.
Mitt Romney es un brillante gestor, su prestigio y seriedad están fuera de toda duda… puede ser uno de los candidatos idóneos aunque su pertenencia a los mormones le siga persiguiendo (de forma injusta y absurda). Es uno de los favoritos y juega a su favor el amplio conocimiento que los electores tienen ya de su figura.
Newt Gingrich, el artífice del “Contrato con América” de los años noventa es el que posee mayor calado intelectual y poderío estratégico. Aún no está claro que tenga ambiciones presidenciales pero en su contra juega que su nombre y su prestigio se ligan al pasado. Aunque firme, no representa por sí mismo la renovación del nuevo siglo. Aún así es un hombre a tener en cuenta si decidiera dar el salto.
Mike Huckabee fue una de las revelaciones de la campaña presidencial de 2008 a partir de su célebre video en YouTube: “Chuck Norris Approved”, que recibió millones de visitas. Huckabee es un hombre íntegro, con una imagen cierta de político alejado de los entresijos del sistema político habitual y con una saludable cercanía a la gente. Su fe evangélica le garantiza apoyos fuertes e indudables, aunque su falta de experiencia en política internacional aún es un hándicap a superar. Tal vez no sea el candidato elegido, pero sus apoyos se revelan imprescindibles para prestárselos al que lo llegue a ser.
El general David Petraeus, responsable de los grandes avances en la guerra de Irak medita el salto a la política. Es una incógnita, como lo son el resto de personas - todas ellas brillantes y relevantes - que aparecen en la encuesta, o que poseen sus partidarios y grupos de acción; Bobby Jindal y Tim Pawlenty por un lado y la nueva estrella Scott Brown, aupado en Massachusetts por los Tea Parties y que ha despertado un gran entusiasmo. Los tres tienen posibilidades pero aún deben jugar sus cartas.
Jeb Bush tendría en su contra su apellido y la dificultad de presentar de nuevo su dinastía a la presidencia.
Por su parte, Ron Paul es siempre una figura a tener en cuenta, rocoso, firme, leal a sus convicciones. Su prestigio crece aunque su perfil es aún demasiado duro para una victoria mayoritaria. Hay otros nombres que irán saliendo conforme vaya avanzando la campaña, como Mitch Daniels, actual gobernador de Indiana, por citar uno.
Si los conservadores americanos son capaces de canalizar el formidable impulso de los Tea Parties (la prueba evidente de que los futuros candidatos emergentes no pueden pertenecer a la vieja política) y rehacer con principios, pragmatismo y eficacia la gran coalición reaganiana, su triunfo a corto plazo está asegurado. Y con él el cambio de rumbo en Estados Unidos para enfrentarse a los retos del siglo XXI: el progreso de la libertad, las relaciones con China, el derecho a la vida, la superación de la crisis económica y la lucha global contra el terrorismo.
Publicado en www.semanarioatlantico.com

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