"To be conservative is to prefer the familiar to the unknown, to prefer the tried to the untried, fact to the mistery, the actual to the possible, the limited to the unbounden, the near to the distant, the sufficient to the superabundant, the convenient to the perfect, present laughter to utopian bliss."
Michael Oakeshott

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Por qué la izquierda ha perdido la cabeza

Publicado por José Javier Esparza el 22 de Abril de 2010 en Política y Sociedad.
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Los últimos acontecimientos protagonizados por gentes de la izquierda están sacando a flote formas de proceder que recuerdan a lamentables tiempos pretéritos. ¿Qué esta pasando en las filas de la izquierda?

Que un ex fiscal anticorrupción acuse al Tribunal Supremo de albergar torturadores es una barbaridad. Si además se refiere a torturas supuestamente perpetradas hace la friolera de treinta y cinco años, como poco, entonces estamos ante un delirio. Y si aun se da la circunstancia de que el propio denunciante fue fiscal con Franco, entonces entramos ya en el esperpento. Esto es lo que está pasando con la movida pro-Garzón. Movida que, al mismo tiempo, ha servido de espoleta para que la ultraizquierda española estalle en defensa de la República, con el apoyo expreso del Gobierno de la nación, esto es, del Gobierno de la Corona. ¿Qué le está pasando a la izquierda española? ¿Por qué parece que ha perdido la cabeza?
 
La izquierda española ha conseguido algo formidable: hacer que sus bases retrocedan ochenta años en el tiempo. De Largo Caballero a Corto Zapatero, camino de ida y vuelta. La ley de memoria histórica ha sido la máquina del tiempo capaz de obrar el prodigio. El caso Garzón es el penúltimo episodio de esta historia, que parece no acabar nunca.Aún sigue habiendo quien piensa -sobre todo en la oposición de derechas, perdón, de centro- que todo es una cortina de humo para tapar la crisis económica. Lo mismo se dijo del impropio “matrimonio” homosexual o de la Ley del Aborto. Pero el asunto es que, a base de cortinas de humo, ya tenemos en la casa más cortinas que ventanas, y vivimos enredados en el humo. ¿Maniobras de manipulación de la opinión pública? Sí, seguramente. Pero una vez conseguido su objetivo, la maniobra deja de ser un instrumento para convertirse en una finalidad en sí misma. Y esta es la clave de la actual situación española: todas esas cosas que el PP denuncia como “cortinas de humo” no son pretextos, instrumentos, herramientas, sino que son la finalidad expresa del partido en el poder, su programa máximo: su ambición de transformar la sociedad española (sin pedirle permiso).

Hay que entender que la izquierda europea, en materia económica, ya ha perdido cualquier capacidad transformadora. Todos sus modelos económicos han fracasado. Por eso el Gobierno Zapatero no encuentra soluciones para la crisis: sencillamente, no las tiene. Pero la izquierda ha operado una traslación del objetivo: no puede cambiar el sistema económico -ni falta que hace, desde el momento en que los ricos se han vuelto de izquierdas-, pero sí puede cambiar todo lo demás. Y en eso estamos.

Por eso empieza a extenderse en España la sensación de que todo socialismo pasado fue mejor. El socialismo de Felipe González trastornó muchas cosas y afectó a los valores de los españoles, pero nadie sintió (al menos, después de 1984) el temor de que fuera preciso salir a la puerta, hacha en mano, para defender lo más sagrado. Por el contrario, el socialismo de Zapatero, aun pusilánime en tantos conceptos, está demostrando una agresividad extraordinaria en las cosas más importantes de la vida: la familia, el orden social, la religión, el derecho a la propia vida… El socialismo de Felipe era socialista; el de Zapatero es simplemente nihilista. Esto es aterrador. Pero todo lo que es aterrador es interesante. Y el interés del nihilismo zapateril reside en que muestra la verdadera faz de lo que podríamos llamar “la tercera izquierda”.

La primera izquierda fue revolucionaria y roja: Rusia en 1917, Alemania en 1919, España en 1934 y 1936… Su paraíso era la Rusia soviética. Esa izquierda acabó ahogada en el baño de sangre del Gulag y la Cheka. Hoy sólo sobrevive Castro, fósil que no obstante inspira algunas simpatías -nada extraño en estos tiempos de fascinación por los dinosaurios.

La segunda izquierda fue reformista y blanca: el laborismo británico, las socialdemocracias alemana y sueca, también los socialismos francés (Miterrand) y español (González)… Su paraíso era Suecia. Pero la segunda izquierda acabó colapsada, doctrinalmente hablando, por algo tan prosaico como la incapacidad para mantener el gasto público del Estado-Providencia. Hoy sólo sobrevive Schröder, y por poco tiempo.

La tercera izquierda era una incógnita. Nieta de revoluciones desacreditadas por sanguinarias e hija de experimentos inviables por insolventes, su gran reto era construir un nuevo paradigma teórico. Aún no ha habido tal. Pero en los márgenes de la izquierda empezaban a asomar la cabeza corrientes nihilistas bajo las banderas turbulentas de la anti-globalización. Y en las capillas de la nostalgia se iba construyendo un santoral nuevo que ya no bebía en los viejos paraísos soviético o sueco, sino en las revelaciones de cartón-piedra de Mayo del 68, de la “revolución sexual”, de la “insurgencia latinoamericana”, de los eternos derrotados rojos, de las ensoñaciones libertarias, del tercermundismo militante… Con esos materiales se ha cuajado una doctrina que está más cerca del nihilismo que del socialismo. Doctrina caótica, sí, pero eficaz, porque sigue prometiendo la felicidad en la Tierra. Tras beber la poción mágica del resentimiento y fumarse el porro de la utopía, la alucinación teórica de la tercera izquierda se concreta en las consignas de los nuevos demagogos: abolir la familia, casar a los homosexuales, legalizar a todos los inmigrantes, expropiar las catedrales, romper con los Estados Unidos…

Esta tercera izquierda carecía hasta la fecha de visibilidad institucional. La acaba de cobrar en la España de Zapatero. La recuperación de una “memoria histórica” más virtual que real ha sido la bandera de esta maniobra sin precedentes. ¿A costa de crispar la sociedad? Por supuesto, pero eso forma parte del programa: no hay transformación sin lucha, y la crispación, después de todo, “nos viene bien”, como dijo el propio Zapatero.

Ahora, abierta la caja de los truenos, todo es posible. Por ejemplo, que un fiscal acuse al Supremo de torturas o que un secretario de Estado participe en un acto público de presión a los tribunales, mientras las “masas” salen a la calle mostrando el camino del futuro: una bandera republicana y la efigie inmarcesible de Santiago Carrillo.

Publicado en www.cope.es

  1. 2 comentarios a “Por qué la izquierda ha perdido la cabeza”

  2. By Gonzalo Fernández de la Mora on Abr 23, 2010 | Responder

    Javier Esparza ha puesto de nuevo el dedo en la llaga: la izquierda ha abandonado su ideología tradicional tras el fracaso de sus dos paradigmas anteriores, y busca una nueva. ¿Pero cuál? La respuesta depende de las naciones: En el Reino Unido, Blair propuso lo que denominó “Tercera Vía”, es decir, una combinación de solcialdemocracia y liberalismo, y ese es el camino que, a grandes rasgos, están recorriendo las antiguas socialdemocracias europeas. Como bien señala Esparza, el camino marcado por ZP es opuesto: nada de vías intermedias, fijémonos en su lugar un objetivo radical, cuanto más a la izquierda mejor (excepto en el terreno económico), acerquémonos al Tercer Mundo de Chávez y Evo Morales. ¿Cuál será la vía que seguirá el PSOE tras la etapa ZP? Es difícil hacer predicciones políticas, pero tiendo a ser optimista: España está demasiado imbricada en Europa como para que nuestro partido socialista pueda permitirse el lujo de seguir una senda antioccidental: antes que después, deberá volver al redil.

  3. By Andrés-VLC on Abr 26, 2010 | Responder

    La argumentación de Esparza es muy válida, la comparto totalmente, pero no soy tan optimista como el señor Fernández de la Mora, cuando el zapaterismo dejé de gobernar España habrá dejado un conjunto de Leyes contrarias al orden natural que difícilmente serán abolidas, pues desgraciadamente el clima de relativismo moral está cundiendo cada vez más en las filas de la derecha, centro-derecha, centro reformista o como la moda del momento les dicte llamarse

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