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Sitio a la Iglesia

Publicado por Guillermo Elizalde Monroset el 26 de Abril de 2010 en Política y Sociedad.
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En los últimos meses se ha sabido que numerosos eclesiásticos católicos abusaron sexualmente de menores durante la segunda mitad del s.XX, y que algunos obispos encubrieron los hechos. A pesar (…)

En los últimos meses se ha sabido que numerosos eclesiásticos católicos abusaron sexualmente de menores durante la segunda mitad del s.XX, y que algunos obispos encubrieron los hechos. A pesar de esta sinrazón, las reacciones del laicismo han puesto de manifiesto que la Iglesia católica es el último mantenedor de la razón en la sociedad moderna.En mayo de 2009 el Informe Ryan desvelaba que unos 200 religiosos habían cometido abusos sexuales en internados irlandeses. Dos meses más tarde el Informe Murphy concluía que entre 1975 y 2004 la archidiócesis de Dublín encubrió 320 denuncias referidas a 46 clérigos, menos del 1% de los eclesiásticos de la zona. Desde el pasado enero se han conocido casos similares en otros países: en Alemania el 0,04% de las denuncias de abuso sexual implicó a sacerdotes, y algunos obispos disimularon; en Austria el 3% de los abusos afectaron a instituciones vinculadas a la Iglesia; y en EEUU el 2% de estos delitos entre 1960 y 1990 involucraron a eclesiásticos. Las cifras del Tribunal de la Santa Sede señalan que unos 3.000 sacerdotes (menos del 0,5% del total) fueron examinados en la última década por abusos de menores cometidos desde 1950; en el 60% de los casos se trató de abusos homosexuales, y muchos de los delincuentes ya estaban muertos.

¿Por qué se corrompieron tantos clérigos que juraron pobreza, obediencia y castidad para servir al prójimo sin ataduras mundanas? Porque prefirieron servirse del prójimo y atarse al mundo. Un mundo donde al menos el 50% de los abusos sexuales se comete en la propia familia. Un mundo que sólo en EEUU cuenta 39 millones de víctimas de abusos, y 290.000 casos en escuelas públicas cada década. Un mundo que en 1993 nombró “consultor” de la ONU a la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA), entre cuyos miembros figuraban grupos pederastas como la Asociación Norteamericana por el Amor Hombre-Chico (NAMBLA). Un mundo cuyos tribunales legalizan a un partido holandés, el PNVD, que pide aprobar las relaciones entre adultos y niños. Un mundo que en Suiza distribuye preservativos de talla preadolescente por iniciativa gubernamental. Un mundo que en España abusa del 23% de las niñas y el 10% de los niños. Un mundo que acaba de aprobar en Gran Bretaña una ley para “educar en sexo y relaciones” a niños de 5 años. Entregados a este mundo es lógico -diría Chesterton- que muchos sacerdotes hayan fracasado al intentar vivir de acuerdo con el cristianismo, pero muchos más hombres fracasen al intentar vivir sin él.

¿Por qué algunos obispos ordenaron a futuros abusadores, y después los encubrieron y despreciaron a las víctimas? Porque dejaron de ser apóstoles y se convirtieron en funcionarios de una franquicia religiosa. Muchos descuidaron la selección y la formación de seminaristas. No pocos ordenaron a sacerdotes sexualmente desequilibrados, incapaces de vivir su identidad cristiana con plenitud, y acabaron aplicándoles psicoterapia en vez del Código Canónico. Muchos hicieron del plan pastoral un plan de marketing, y del prójimo un consumidor al que pescar aguando el Evangelio. Algunos abdicaron del magisterio, permitiendo la disidencia de curas mundanizados y tolerando la enseñanza del sexo como pasatiempo en instituciones católicas. Incluso un puñado de obispos, como el belga Vangheluwe o el noruego Müller, abusaron de menores. Demasiados obispos, en definitiva, perdieron el vigor de la fe y se lo hicieron perder a su rebaño durante la segunda mitad del siglo pasado.

¿Cómo ha respondido la Iglesia a esta crisis? Benedicto XVI no ha ocultado el problema y ha mostrado sus causas. Su memorable carta a los católicos de Irlanda recuerda que se trata de una crisis de fe, muy relacionada con secularización interna de la Iglesia. Además, el Papa ha acogido y reconfortado personalmente a las víctimas en numerosas ocasiones, la última en Malta. Y está decidido a acabar con los abusos: no olvidemos que fue el entonces cardenal Ratzinger quien en 2001 impulsó el procedimiento especial para sacerdotes que solicitaran sexo en el confesionario, y quien contribuyó a atajar a crisis similar que estalló en EEUU durante la Cuaresma de 2002. Las medidas demostraron su eficacia: sólo 6 de los 62.000 abusadores estadounidenses denunciados en 2009 fueron sacerdotes.

Por consiguiente, sabemos que los casos de abusos sexuales a menores por parte de religiosos existen y son graves; que afectan a una mínima minoría de sacerdotes; que son insignificantes en comparación con la estadística global; que se producen en un entorno que extiende la erotización de la sociedad a los menores; que tienen su causa en la descristianización de sacerdotes y obispos; y que los remedios de Benedicto XVI son eficaces. Una sociedad capaz de raciocinar en fila debería plantearse lo siguiente: ¿Por qué cada año hay más abusos sexuales? ¿Por qué el 99,9% de los abusadores son seglares? ¿Por qué aumenta la insistencia en la sexualización de los niños? Éstas son las preguntas capitales. Pero contra toda lógica los dedos del laicismo siguen señalando a la Iglesia.

Las contradicciones de tales fiscales desconciertan al sentido común. La ideología feminista critica los abusos sexuales del clero; pero tiene por biblia El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, proveedora de menores para uso de Sartre. El homosexualismo acusa a la Iglesia de pederastia; no obstante venera al sexólogo Alfred Kinsey, para quien la pederastia era una manifestación normal de la sexualidad. El gobierno francés amonesta al Vaticano; sin embargo mantiene como Ministro de Cultura a Frédéric Mitterand, que en 2005 publicó sus encuentros pedófilos en Tailandia. El PSOE se escandaliza del sexo con menores, mientras enseña a masturbarse a niños de 6 años. Joan Herrera, diputado de ICV-Els Verds, condena la “degradación moral” de la Iglesia; pero olvida que Los Verdes alemanes pidieron la despenalización de la pedofilia hace ya veinticinco años. Pedro Zerolo pide a los obispos “asumir responsabilidades”, al tiempo que elogia a Fernando Lugo, obispo abusador de menores y hoy presidente de Paraguay. El New York Times acusa al Papa de encubrir a repugnantes pedófilos; pero en 1997 pedía no hablar de pedofilia, sino de “alguien que te quiere, aunque no de modo correcto”. ¿Dónde está la coherencia discursiva? ¿Acaso la modernidad ha perdido el juicio?

Sí, el laicismo está cegando el juicio de Occidente. La indignación contra los abusos sexuales en la Iglesia no pretende acabar con los abusos, sino con la Iglesia. Por eso se ha transformado irracionalmente en un ataque al papado, el celibato y las enseñanzas católicas que estorban a la modernidad. Una vez más, el secularismo presenta a la Iglesia como un peligro social: si el discurso de Ratisbona amenazaba la paz mundial, y las dudas sobre la eficacia de los preservativos para detener el sida atentaban contra la salud pública, ahora se muestra a la Iglesia como un peligro para los menores. Y tal vez mañana se le acuse de discriminación e incitación al odio por su magisterio sobre el sacerdocio masculino y la homosexualidad.

La crisis de los abusos sexuales en la Iglesia es una crisis de fe, provocada por querer introducir al mundo dentro de la Iglesia. La respuesta del laicismo es una crisis de razón, orientada a expulsar a la Iglesia del mundo. De nuevo el secularismo pone sitio a la Iglesia para quitarle el sitio. De nuevo muchos de los que razonan la fe y creen en la razón desearían no pertenecer a la Iglesia, y así poder experimentar el gozo de unirse ahora a ella en el combate por la cordura y la claridad moral.

  1. 6 comentarios a “Sitio a la Iglesia”

  2. By kneza on Abr 27, 2010 | Responder

    Lo siento, pero cualquier justificación, laica o religiosa, es penosa. Cada cual, que asuma lo que hace, sin bandera que lo esconda. Y con niñ@s no hay perdón. Es de cobardes.

  3. By Jordi on May 3, 2010 | Responder

    He recibido este artículo a través de un amigo. La verdad es que lo encuentro muy interesante y muy bien enfocado.

    Yo vivía en EEUU cuando salieron los primeros escándalos en el obispado de Boston. Una vez asumida la responsabilidad civil consecuente, creo que no se abordaron bien las medidas preventivas y de carácter social, al menos de imagen social.

    Entiendo que estar en un cargo político (religioso o no) requiere ciertas dosis de prudencia, pero cara al interior de La Iglesia hay que ser coherentes y sobretodo consecuentes. Los pederastas, en este caso, se trata de personas con carencias, algunas de tipo físico o psicológico, y otras de formación de la fe. Ambas hay que tratarlas en su medida y exigir que sean coherentes en la función que desempeñan, es evidente que hay que hacer una acción preventiva y actuar a tiempo y con rigor, si se quiere que Dios actúe en la vida de los que nos rodean (sal, luz y fermento). De lo contrario, olvidando que Dios actúa, consiguen ponerse al nivel de otras asociaciones laicas y laicistas, y claro, creando un escándalo. Como ejemplo, el que nos ocupa: si se sabe que hay un hermano pederasta no se le puede dejar en un colegio y sin ir al psiquiatra y sin hacer retiros espirituales; luego hablar con el médico para averiguar la idoneidad de su destino. Creo que las triquiñuelas de que “si lo he dicho en confesión ya estoy perdonado” pero sigue en el mismo puesto que le encanta, tendrían que ser resultas y moduladas por los señores obispos y así evitar tener un equipo tocado por no querer “perder personal”.

    La fe en La Iglesia parte de que es el Señor quien la ha hecho y la mantiene hasta el final de los tiempos. No hay que tener miedo, la gente necesita tener un referente fuerte, coherente y con buenos fundamentos. Cuando ven a La Iglesia actuar de forma dubitativa, tibia, fofa, sin un mensaje claro, o demasiado mística, la gente no lo entiende, no les gusta, les escandaliza. La Iglesia está para dar un mensaje a todos los hombres de toda condición, que se puede vivir de otra manera y ser feliz y experimentar la Paz a pesar del sufrimiento, que todo tiene un sentido. Si no se actúa de esta manera, el mensaje que se da es radicalmente distinto.

    Mi apoyo al Papa y mis rezos para que nunca le falte la fuerza y la iluminación del Espíritu Santo para regenerar La Iglesia y así que sea auténtica a pesar de la imperfección de los que la formamos.

    Ánimo y un abrazo para ti Guillermo.

  4. By Droblo on May 5, 2010 | Responder

    Un segundo párrafo perfecto, el resto estoy en completo desacuerdo.

    Por de pronto las cifras que muestras están en contradicción con las declaraciones de un jerarca de la iglesia: “Silvano Tomasi, observador permanente del Vaticano ante la ONU, aseguró hace unos días que dentro del clero católico, sólo entre el 1,5% y el 5% de los religiosos ha cometido actos de pedofilia”

    Como nunca me he fiado de los datos oficiales, sean eclesiásticos o gubernamentales, me quedo con el 5% (que en los EUA se habla del 10% incluso desde organizaciones católicas): ¿1 de cada 20 sacerdotes es un pederasta y eso es admisible? Si en un colegio 1 de cada 20 profesores lo fuera, ¿llevarías a tu hijo a esa institución?

    L iglesia como institución, y como tal debe criticarse, ha estado décadas ocultando estos hechos, trasladando sacerdotes acusados de pedofilia y pederastia de unas diócesis a otras e incluso dando cobijo en el Vaticano a imputados. ¿Que ahora quieren cambiar? Perfecto, nunca es tarde si la dicha es buena, pero eso demuestra que han estado décadas haciendo las cosas de un modo incorrecto. Y lo peor es que el católico de a pie lo acepta todo sin exigir responsabilidades. Lo acepta todo mientras proceda de la iglesia, y una cosa es la fe y otra el fanatismo. La iglesia se ha comportado como institución no sólo de forma moralmente reprobable, incluso ilegal, amparando a delincuentes peligrosos socialmente.

    En el fondo da igual que los pederastas sean 1 o 1 millón, el problema es que una institución que se dice inspirada por Dios y dice estar al servicio del ser humano para no ensuciar su imagen ha amparado el delito y la corrupción. Y por desgracia, no son los católicos los que exigen responsabilidades, eso es lo más triste.

  5. By Aristófanes on May 6, 2010 | Responder

    Para kneza: ¿Podría decirme en que parte, frase, palabra, breve insinuación, etc. del artículo de Guillermo Elizalde da a entender, aunque sólo sea superficialmente, que justifica o minimiza los casos de pederastia de la Iglesia? Gracias.

  6. By Jose María on May 8, 2010 | Responder

    Buen artículo, Guillermo. Cada vez tengo más claro que hoy día es mucho más revolucionario y contestatario afirmar en público la fe cristiana que ir de progre antirreligioso.
    En mi opinión el estado debe ser laico y tolerante con las diferentes religiones y creencias. Pero de ahí a perseguir con saña al cristianismo hay un abismo.

  7. By irichc on Jun 3, 2010 | Responder

    Muy buen artículo. Podrían alegarse muchos más ejemplos de incoherencia, destacando la incoherencia vertebral de promover la homosexualidad y combatir la pedofilia.

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