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El fracaso del modelo económico griego

Publicado por Takis Michas el 1 de Mayo de 2010 en Política y Sociedad.
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Durante 150 años, Grecia se ha basado en el clientelismo y en los favores políticos a la hora de manejar su economía.
La debacle del Estado griego no debe ser vista (…)

Durante 150 años, Grecia se ha basado en el clientelismo y en los favores políticos a la hora de manejar su economía.

La debacle del Estado griego no debe ser vista simplemente como el resultado de las estadísticas presupuestarias fraudulentas o de unos años de despilfarro. Por el contrario, significa el colapso de un modelo de desarrollo económico que desde sus inicios en el siglo XIX siempre ha puesto la política por encima de los mercados.

El principio organizador central de la sociedad griega ha sido siempre el clientelismo político, un sistema en que se presta apoyo político a cambio de beneficios materiales. En esta situación el papel del Estado como el principal proveedor de beneficios para diversos grupos e individuos se convierte en primordial. Como el historiador griego de izquierdas Kostas Vergopoulos dice:

“La estructura fundamental de Grecia nunca ha sido la sociedad civil, sino el Estado. Desde mediados del siglo XIX no se podía hacer nada en Grecia sin que necesariamente pasara por la maquinaria del Estado”.

En el mundo anglosajón el estado es visto principalmente como protector de ciertos derechos lockeanos, especialmente el derecho a la propiedad privada. Este concepto fue de la mano con la existencia de una clase dirigente con intereses creados en las grandes propiedades.

En Grecia, sin embargo, el grupo social que se hizo cargo después de la liberación de los otomanos fueron los notables locales, cuyo poder radicaba no en su propiedad de la tierra sino en el hecho de que actuaban como recaudadores de impuestos para sus gobernantes otomanos. Así, en Grecia la clase dominante que surgió después de la independencia veía al estado no como un instrumento para la protección de las propiedades ya existentes, sino como su principal fuente de ingresos.

Al mismo tiempo, el control del aparato del estado se convirtió en el principal mecanismo para la distribución de recompensas materiales y beneficios. El más importante de estos beneficios fue la provisión de puestos de trabajo en la administración pública. A fines de 1880, Grecia ya tenía una de las burocracias estatales más grandes de Europa: por cada 10.000 habitantes había 200 funcionarios en Bélgica, 176 en Francia, 126 en Alemania y 73 en Gran Bretaña. En Grecia, el número era de 214. Como observó el noble francés y escritor Arthur Gobineau en su día:

“En Grecia, es la sociedad en su conjunto la que parece actuar bajo el lema que ya que sólo el Estado tiene dinero, uno debe actuar en consecuencia y trabajar como funcionario.”

Mucho ha llovido desde entonces. Grecia ha vivido guerras, ocupaciones, dictaduras, revoluciones, terremotos, etc. Sin embargo, una cosa ha permanecido constante: el clientelismo político como doctrina principal de gobierno.

Hoy en día existen tres tipos de beneficios que el Estado proporciona a grupos de clientes diferentes y particulares. El primero y el beneficio más codiciado es una sinecura en la administración pública. Aproximadamente un millón de personas, o uno de cada cuatro griegos con trabajo, es empleado por el estado. Más del 80% del gasto público se destina a los salarios, sueldos y pensiones de los trabajadores del sector público.

La segunda forma del sistema de prestaciones se opera mediante la concesión de privilegios a los diversos grupos profesionales, como abogados, notarios, propietarios de camiones, cargadores en los mercados centrales, farmacéuticos y ópticos, creando en efecto “mercados cerradas” que limitan la competencia en beneficio de quienes ya están dentro de ellos.

La tercera categoría de beneficios son gravámenes impuestos a las transacciones en beneficio de los grupos que no forman parte de la transacción. Por ejemplo, si usted comienza un negocio en Grecia tiene que pagar el 1% del capital inicial para financiar las pensiones de los abogados. Cada vez que usted compra un billete de barco, el 10% del precio se destina al fondo de pensiones de los trabajadores del puerto. Si vende suministros al ejército, usted tendrá que pagar un 4% del dinero que reciben para financiar las pensiones de los militares. Curiosamente, a veces se imponen gravámenes en beneficio de grupos que ya no existen. Tal es el caso de los faroleros en la isla de Santorini. Estos operadores hace mucho tiempo que se extinguieron. Sin embargo, una parte del precio de los billetes de los pasajeros en los buques que atracan en el puerto de Santorini es todavía para la asociación de faroleros (inexistente). Nadie sabe dónde va el dinero.

Como consecuencia de estos proyectos, más del 70% de la población griega recibe sus ingresos total o parcialmente de los impuestos o gravámenes. Esto, a su vez, implica una muy intensa y feroz lucha por la distribución de beneficios, lo que los economistas llaman “búsqueda de rentas”. Así, una cantidad considerable de recursos que podrían utilizarse para generar riqueza e ingresos se gastan en la lucha por las porciones de un pastel económico en contracción.

Desafortunadamente, no hay estudios económicos que hayan analizado cuánto dinero se está perdiendo en la captación de rentas. Pero podemos hacernos una idea viendo lo que las restricciones cuestan a la economía en pérdida de producción. Por ejemplo, algunos estudios académicos sugieren que si Grecia abriera sus profesiones cerradas incrementaría su PIB en un 1%, y si se eliminaran las restricciones en los diferentes mercados aumentaría la producción económica en un 2%. Si se alinearan los costes burocráticos de hacer negocios en Grecia con los del resto de la Unión Europea, se conseguiría un incremento del 3,5% del PIB.

Con particular intensidad en los últimos años, la izquierda ha argumentado que el principal inconveniente del capitalismo es que supuestamente pone “los mercados por encima de la gente”. Es por eso que consideran que es necesaria una intervención política para controlar los mercados y devolver al pueblo a su lugar legítimo como “amos” y no como “esclavos” del mercado.

El modelo griego proporciona la perfecta realización de esta visión. Grecia siempre ha puesto a “la gente”, es decir, a los “clientes” por encima de los mercados, con los trágicos resultados que vemos hoy.

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