Los republicanos de Florida andan a la greña
¡Lo que son las cosas! En Florida hace menos de un año, la victoria en las elecciones al Senado parecía asegurada para Charlie Crist, el actual gobernador, y ahora mismo, (…)
¡Lo que son las cosas! En Florida hace menos de un año, la victoria en las elecciones al Senado parecía asegurada para Charlie Crist, el actual gobernador, y ahora mismo, la situación ha dado tal vuelco que ya no es que no las vaya a ganar, sino que ni siquiera se ha sentido capaz de obtener la nominación republicana.
La causa de todo ello la tiene, por un lado, el propio Crist con sus errores, algunos de ellos imperdonables en unos momentos en los que el electorado republicano está más sensibilizado que nunca, y, por otra, su rival por la nominación republicana, Marco Rubio, quien no sólo ha logrado el apoyo del movimiento Tea Party, sino también el de su propio partido, temeroso de que se repitiera lo que pasó no hace mucho en Nueva York, cuando en las elecciones especiales a la Cámara de Representantes celebradas en la 23ª circunscripción electoral, la candidata del Partido Republicano, Dierdre Scozzafava, se vio desbancada por Doug Hoffman, un outsider apoyado también por el movimiento Tea Party, hasta el punto de que tuvo que retirarse de la campaña electoral cuando los sondeos empezaban a rozar las cifras de un dígito para ella, no sin antes cometer la felonía de brindar su apoyo al candidato demócrata.
En Florida, la situación no es tan bochornosa, pero también tiene sus detalles jocosos. Para empezar, Crist parece ser un adicto a los procesos electorales, poco dispuesto a perseverar en la tarea que sea que le hayan encomendado los votantes, ya que éstas son sus quintas elecciones en quince años, tras haber sido senador estatal, haber intentado ya una vez ser senador nacional y haber sido elegido sucesivamente comisionado de Educación, fiscal general y, en 2007, gobernador. Luego, el nombramiento por parte de Crist de George LeMieux, su antiguo jefe de gabinete, para sustituir en el cargo al senador Mel Martinez cuando éste anunció su dimisión y su inmediato abandono del escaño, irritó a todo el mundo por lo que tenía de granujada, ya que había buenos motivos para pensar que LeMieux iba simplemente a guardarle el escaño a Crist. Y por fin, cuando Crist decidió ser uno de los pocos gobernadores republicanos que aceptaron de buena gana el plan de estímulo económico y no sólo eso sino que además tuvo la desfachatez de abrazarse públicamente con el presidente Obama en un acto de éste en Florida en febrero del año pasado, su suerte estuvo echada.
Con esos antecedentes, el ambiente era propicio para que alguien le disputara con éxito la nominación a un Crist cada vez más repudiado por sus propios votantes. Y así fue. Marco Rubio, representante estatal y antiguo speaker de la Cámara, lanzó su candidatura en mayo del año pasado, encontrándose ahora mismo por delante de Crist en todas las encuestas y siempre por más de 20 puntos porcentuales de diferencia, una situación que hizo saltar todas las alarmas en el Partido Republicano ya que empezaron a correr rumores de que Crist igual decidía presentarse a las elecciones de noviembre como independiente para así tener alguna posibilidad. Ante esa situación, los mensajes que se le enviaron a Crist desde dentro del partido en el sentido de que o se presentaba a las primarias o se retiraba, fueron constantes sin que acabaran sirviendo de nada porque Crist finalmente ha decidido tirar por la calle del medio y desligarse del Partido Republicano.
De cualquier manera, ya sea como republicano o como independiente, Crist parece haber perdido su oportunidad y lo suyo más se asemeja a una pataleta que a un cálculo razonable, ya que enfrentarse a la dirección del partido nunca ha dado buenos resultados a menos que uno se llame Sarah Palin y esté dispuesto a pagar el precio y Crist no es uno de esos precisamente.
Sin embargo, no todo es color de rosa para Rubio. Apoyado por el movimiento Tea Party, que aspira a que él sea su primer senador verdaderamente propio después de que Scott Brown haya salido demasiado bostoniano, Rubio se encuentra ahora mismo bajo sospecha de haber incurrido en irregularidades a la hora de emplear una tarjeta de crédito puesta a su disposición por el Partido Republicano durante su etapa como speaker, usándola para gastos particulares. Según parece, existe una investigación preliminar puesta en marcha tanto por el FBI como por el IRS (Internal Revenue Service, la Hacienda estadounidense) para determinar si existen evidencias suficientes como para abrir una investigación en regla.
De momento, este hecho no parece haber causado ningún quebranto en las expectativas electorales de Rubio a pesar de que su rival, Crist, no deja de reprochárselo a todas horas, habiéndolo hecho incluso mediante anuncios de televisión que finalmente ha tenido que retirar. Sin embargo, el que no sea sólo Rubio quien se halle sometido a esa investigación preliminar, sino que ésta afecte también a dos de los más firmes aliados de Crist como lo son el antiguo chairman del partido en Florida, Jim Greer, y su antiguo director ejecutivo, Delmar Johnson, obliga a Crist a moverse con tiento ya que si Rubio está siendo cuestionado, él también podría serlo muy fácilmente dada su conocida vinculación a Greer y Johnson, quienes más de una vez le acompañaron y pagaron sus gastos con la dichosa tarjeta de crédito.
El escándalo surgió al parecer a raíz de una filtración procedente de antiguos o actuales dirigentes del Partido Republicano, filtración que se produce en medio de una de las campañas electorales más disputadas en todo el país. Lo más probable es que dicha filtración pretendiera dañar a Rubio, confiando en que Crist pudiera quedar al margen de todo ello. Lo malo es que muy posiblemente Crist no va a poder quedarse al margen y hasta puede que la filtración acabe volviéndose en su contra. De cualquier manera, el que Rubio pueda ser culpado de haber utilizado con demasiada ligereza unos fondos puestos a su disposición por su partido y que él reconoce haber reembolsado es una acusación que no se sabe todavía cómo puede acabar afectando a su campaña, sobre todo teniendo en cuenta que él es el candidato que ha hecho de la responsabilidad fiscal su bandera.
Con todo esto, no estoy descartando a Rubio. De hecho, sigo pensando que es el mejor candidato republicano posible en Florida y aquél a quien me gustaría ver en Washington el año que viene. Sin embargo, Rubio ya era un político antes de los tiempos del Tea Party y eso es algo que nadie debería olvidar, más que nada para evitarnos disgustos posteriores. En la actualidad, los candidatos electorales que están compitiendo por todo el país por obtener la nominación republicana pueden dividirse en dos grupos: los que ya tienen un historial político detrás de ellos, como John McCain, Michele Bachmann o Marco Rubio, y los que no lo tienen y éste es su primer contacto con este mundo, al que se han sentido llamados a raíz de los sucesos acaecidos durante estos últimos dos años, como Sean Duffy, Allen West o Tim Burn. De entre los primeros, de aquellos que se han alineado voluntariamente con los principios del movimiento Tea Party, podemos esperar mucho, pero siempre teniendo en cuenta que su historial debería confirmar antes esas expectativas; de los segundos, la verdad es que lo esperamos todo y como quiera que no tenemos más referencias que sus propias historias personales, nuestro apoyo se basa meramente en la fe que tengamos en ellos. ¿Que alguno puede acabar decepcionándonos? Eso es seguro, pero quien no se arriesga, no cruza la mar. Y, de momento, Rubio no ha sido encontrado culpable de nada, así que mi apoyo hacia él sigue siendo firme. Go, Marco, go!
Publicado en www.semanarioatlantico.com

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