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A Obama no le conviene un nuevo juez liberal en el Tribunal Supremo

Publicado por Marco Respinti el 8 de Mayo de 2010 en American Review.
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Hoy por hoy, la Casa Blanca de Barack Hussein Obama no vive, en lo que a política interna se refiere, momentos de gloria y los demócratas no esperan que las (…)

Hoy por hoy, la Casa Blanca de Barack Hussein Obama no vive, en lo que a política interna se refiere, momentos de gloria y los demócratas no esperan que las elecciones de mitad de período, que se celebrarán en noviembre, sean un camino de rosas. Por otra parte, el mundo liberal que domina la cúpula de las instituciones políticas estadounidenses debe moverse con cautela en lo que se refiere al Tribunal Supremo.

Los nueve jueces, incluidos su presidente, que conforman el máximo tribunal de EE.UU. son designados de por vida por el Senado federal después de un examen específico y a proposición de la Casa Blanca, pero puede ocurrir que por razones de ancianidad, por razones de salud graves o por impeachment alguno de ellos pida el cambio. En ese momento, la Casa Blanca se convierte en crucial, la institución más visible y popular en los Estados Unidos, que tiene la tarea de proponer un candidato al Committee on the Judiciary del Senado, el cual tiene que aprobar la elección presidencial, en teoría analizando cuidadosamente el currículo y las competencias técnicas del candidato, aunque en la práctica no todo sea tan limpio.

¿Un ejemplo? Si el citado Comité Senatorial hace décadas que es rehén de la cultura liberal (gracias también a algunos republicanos “de izquierdas”, como el famoso senador de Pennsylvania Arlen Specter, no por casualidad pasado con armas y bagajes a los demócratas), los ocho años de presidencia de George W. Bush jr. No han sido precisamente momentos plácidos. Sin embargo, el eje político-cultural que hoy conecta al Comité con la Casa Blanca es muy distinto.

Ahora el juez John Paul Stevens, líder de los liberales en el Tribunal Supremo, ha solicitado la jubilación. Sucederá en verano. ¿Obama lo sustituirá por otro ultra radical? No, si es inteligente, o si escucha un poco a los viejos zorros de la izquierda norteamericana, que en estas horas están enviando mensajes por todos los medios y en todas las salsas. ¿Por qué? Porque entre los conservadores del Tribunal Supremo el granítico e imperecedero Antonin G. Scalia está llegando a los ochenta años, y también podría pedir su sustitución, pero ciertamente no antes de 2012, año de las elecciones, para no permitir a Obama cubrir su puesto con un juez de izquierdas.

Scalia, sin embargo, podría optar por dejar la escena inmediatamente después de 2012, en caso de que la Casa Blanca vuelva a manos de los republicanos, mejor incluso si además son un poco conservadores. Pues bien, visto que la presidencia de Obama no pasa por sus mejores momentos, y visto que después de las elecciones de mid term de noviembre el desgaste podría ser incluso mayor, el establishment demócrata tendrá que hacer todo lo posible para recuperar el centro del espectro político nacional, convenciendo a un electorado más escorado a la derecha de que Obama no es un extremista.

¿La prueba? La elección de un moderado para reemplazar al radical Stevens. Si la estrategia funciona, Obama se convertiría en presidente federal por segunda vez y se sentaría a esperar el paso pacífico del cadáver de su archienemigo Scalia, cuyo obstinado obstruccionismo puede soportarlo casi todo, excepto el curso de la naturaleza. Bastaría luego reemplazar a Scalia por un joven liberal hasta la médula para así, con Obama o sin Obama (en 2016 también Obama tendrá que abandonar el escenario), para que, sobre las cuestiones fundamentales y estructurales, la “Right Nation” se mantenga marginada durante un largo periodo y se revierta el aspecto más positivo logrado por Bush jr. desde la Casa Blanca.

Publicado en www.loccidentale.it

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