La realidad aplasta a Zapatero
Lo que ha hecho Zapatero no es recortar derechos sociales, sino ilusiones sociales. No nos está atracando ahora, cuando sólo se resigna a no repartir aquello que no tiene, sino cuando se endeuda para obligarnos a gastar aquello que no nos podemos permitir.
Es normal que un presidente que ha mentido a todo aquel que le haya querido escuchar durante más de seis años, que había pronosticado primero que la depresión no afectaría a nuestro país, que superaríamos en renta per capita a Francia y Alemania después, y que lo peor de la crisis ya había pasado más tarde, genere decepción cuando se limita a dar parte de nuestra realidad.
Porque sí, es cierto que, como ha resaltado Rajoy, quedan muchas partidas de gasto por suprimir en los presupuestos -desde ministerios enteros a subvenciones a las oligarquías sindicales y empresariales españoles-, pero me temo que no se trata de optar entre el plan de Zapatero o el de Rajoy, sino que para empezar habrá que aplicar ambos.
La tragedia de este país es que todavía vive instalado en la mentalidad de la burbuja inmobiliaria. El engaño colectivo, azuzado por los políticos de turno, ha sido tal que nos hemos creído que podíamos vivir permanentemente por encima de nuestras posibilidades limitándonos a construir centenares de miles de viviendas a precios que nadie quería pagar. La expansión crediticia orquestada por los bancos centrales permitía endeudarse para vivir a cuerpo de rey con la esperanza de amortizar esas deudas mediante el aumento del valor de unos inmuebles que sólo parecía tener como límite el infinito.
Este chiringuito, por el cual los españoles gastaban hoy con la obligación de hacer frente mañana a más y más compromisos de pago sin poseer una capacidad real para satisfacerlos (¿les suena de algo el adjetivo subprime?), se desmoronó en 2008. Sin embargo, desde entonces, la economía española apenas se ha ajustado: sí, los bancos y cajas están quebrados por la enorme cantidad de malos activos que tienen en sus balances, pero el Estado los ha rescatado evitando así cualquier liquidación; sí, hay empresas que, como promotores y constructores, vieron desaparecer totalmente su demanda cuando se secó el crédito, pero el Estado aprobó diversos “planes de estímulo” que permitieron tenerlas ocupadas en algo; sí, el paro se ha disparado a los cinco millones de desempleados, pero el Estado les ha seguido garantizando un cierto sueldo con el continuar gastando pese a no estar produciendo nada; sí, el Estado vio cómo se desplomaban sus ingresos en casi un 50% con el pinchazo de la burbuja, pero siguió despilfarrando al mismo ritmo desenfrenado de antes y, por si fuera poco, empezó a financiar el gasto de agentes que, como bancos, empresas o parados, deberían haberse adaptado sus demandas a las nuevas circunstancias.
La situación es insostenible, ya lo era hace dos años y desde entonces no hemos hecho más que huir hacia adelante. No podemos seguir endeudándonos para no reconocer que este país es mucho más pobre de lo que nos hicieron creer; no podemos seguir endeudándonos para retrasar sine die una reforma total del mercado de trabajo que implique una reducción sustancial del coste de contratación; no podemos seguir endeudándonos para que el Estado continúe gastando a unos ritmos que sólo eran sostenibles con unos ingresos fiscales derivados de la época de la burbuja; no podemos seguir endeudándonos para que las comunidades autónomas participen en esa ficticia recaudación tributaria que se ha volatilizado; no podemos seguir endeudándonos para que las pensiones públicas aumenten aun cuando el número de cotizantes es cada vez más reducido con respecto al de pensionistas. No podemos, en definitiva, gastar permanentemente aquello que no tenemos.
Lo que ha hecho Zapatero -o Merkel a través de Zapatero- no es recortar derechos sociales, sino ilusiones sociales. No nos está atracando ahora, cuando simplemente se resigna a no repartir aquello que no tiene: nos ha atracado y nos atraca cuando se endeuda para obligarnos a gastar aquello que no nos podemos permitir; ¿o es que acaso los españoles no están inundados ya por suficientes deudas como para añadir aún más pasivos a sus espaldas?
Siento las malas noticias, pero mucho me temo que esto es sólo el principio y que debería haberse hecho hace tiempo. Si hubiéramos ajustado el gasto hace tres años, no sólo nos habríamos ahorrado más de 150.000 millones de euros, sino que ya estaríamos en una mejor situación para volver a generar riqueza. El empecinamiento socialista de Zapatero sólo ha conseguido retrasar y agravar la magnitud de lo inevitable: los funcionarios y los pensionistas van a cobrar menos (habrá más rebajas y congelaciones de sus rentas) y las prestaciones estatales van a reducirse. No porque lo diga yo o porque me agrade, sino porque es absurdo pelearse con la aritmética fiscal. Pero por eso mismo es hora de terminar con los privilegios de políticos, patronal, sindicatos o cineastas: no porque las subvenciones que reciban sean muy cuantiosas dentro del presupuesto público, sino porque es inaceptable que sigan chupando del bote de una prosperidad artificial que ellos contribuyeron a inflar y que luego se negaron a pinchar (¿recuerdan?) para mantenerse en el poder y conservar sus prebendas.
La alternativa izquierdista, a la que también se encomienda ZP; para seguir gastando por encima de nuestras posibilidades -subir los impuestos- no sólo es inviable (habría que duplicar la presión fiscal para lograrlo, lo que debido a la pendiente negativa de la curva Laffer probablemente sea imposible de lograr) sino que nos abocaría a la bancarrota griega: la sociedad española en su conjunto (incluyendo a los ricos) no genera tanta riqueza como la que se pretende consumir. Repito: asumámoslo y dejémonos de excusas de mal pagador.
No es, pues, que Zapatero haya empezado a hacer lo correcto, es que la realidad se está imponiendo. Lo cual, claro, equivale a decir que quien ha construido su presidencia sobre el engaño y la manipulación ha cavado su propia tumba. Pero ahora que la izquierda ultramontana está apelando a la calle, no deberíamos volvernos más zapateristas que Zapatero y pedirle que gaste aquello que no tiene; más bien es hora de recordarle que esto no es ni mucho menos suficiente: quedan más de 90.000 millones de déficit por recortar y una liberalización de los mercados que aprobar. Cuanto antes despertemos de la ilusión colectiva, mejor para todos.
Publicado en www.libertaddigital.com

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3 comentarios a “La realidad aplasta a Zapatero”
By Pablo LC on May 13, 2010 | Responder
Cuando un presidente defrauda a los votantes (los que le votaron porque creyeron sus mentiras desde el principio, no yo) como lo ha hecho este, los ciudadanos deberían exigirle primero la dimisión y después retirarle el derecho de cualquier privilegio social o económico, digamos sueldo vitalicio y pensión máxima asegurada. Al igual para todos los ministros a su cargo. Máximo en las circunstancias de engaño masivo en las que consiguió Zapatero llegar al poder culpando al PP del 11M y acosándoles en su sede en la misma jornada de reflexión. Solo tal acto debería haber anulado la convocatoria de elecciones.
No hay derecho que en este país siempre paguen justos por pecadores. Con Felipe González ya pasó y no pasó nada.
Lo mismo digo de las cajas de ahorros, repletas de políticos que las esquilman y hacen jugosos negocios con el dinero de los pequeños ahorradores. en concreto me refiero a la Caja Castilla-La Mancha, arruinada por Hernández Moltó, salvada por el Banco de España, o sea por todos los españoles, de lo cual no ha tenido que dar cuentas. Debería de estar en la cárcel.
Esta España democrática que hemos construido no funciona bien. Y esto puede llegar a acabar mal, no es por ser agorero.
By luisamar on May 14, 2010 | Responder
Lo que debería hacer Zapatero es, primero, aplicar por procedimiento de urgencia el art. 155 de la Constitución española, eliminando de un plumazo las autonomías, que son un cáncer para el economía española, pues el derroche de las mismas es inconmensurable. En Cataluña, por ejemplo, no es solo que se estén abriendo embajadas en los lugares más lujosos de las capitales del mundo y colocando a los amigos con sueldos desorbitados, sino que se ha creado ese Departamento de política lingüística que gasta millones de euros al año a subvencionar teatro en catalán, de ínfima calidad; que se están editando libros como quien hace churros, y cuyo único mérito es que están escritos en catalán. Una vez que los estantes de dicho Departamento están llenos a rebosar, porque por su mala calidad no se han podido vender, se destruyen y se editan más, con lo que nuestro dinero solo ha servido para satisfacer el “ego” del supuesto escrito, para que pueda regalarle un ejemplar de su bodrio a cada uno de sus amigos; Se están gastando millones en doblar películas al catalán, que solo ven cuatro, y que nos cuestan un dineral.
Por otro lado, tenemos el problema de la inmigración. Tienen todos los derechos, y ningún deber: Sin haber cotizado un céntimo a la Seguridad Social tienen derecho a médico, pruebas médicas, y a medicamentos gratuitos, cuando nosotros, cotizando cada mes, debemos pagar una parte de esos medicamentos; y es más, muchos de eso medicamentos n o los necesitan ellos, sino sus familiares, y los envían a sus países.-
Quienes tienen en este apartado los mayores favores son el colectivo islámico quienes, además, en las escuelas, tienen gratis libros, material escolar y comedor.
También sale de nuestros bolsillos el dinero para Cooperación I nternacional. ¿Por qué de nuestro dinero tienen que construirse carreteras en Venezuela y tiene que llevarse las acometidas de agua a pueblos perdidos de las montañas, cuando es un país rico por su petróles? Que lo pague su gobierno.
¿Por qué tenemos que dar subvenciones al cine, cuando tras los estrenos multiplican por cien lo invertido? Que devuelvan las ayudas, que es dinero de todos, igual que quieres que se devuelvan las becas de estudio.
Y repito, llo más importante para salair de este pozo sin fondo económico es la supresión de las Autonomías, pues si contamos lo que pagamos en sueldos de Presidentes de autonomías, vicepresidentes, parlamentarios, coches oficiales, viajes “institucionales”, como si de países independientes se tratase, y el pago de sueldos a toda la pirámide jerárquica de Consejerías, en un par de años volveríamos a ser un país solvente.
Y por último, ¿por qué se dejó a Zapatero vender las reservas de oro del Banco de España? ¿Es que tan analfabeto es que no sabe que el oro respalda el dinero en metálico que corre por nuestro país, y que sin esa reserva de oro ese dinero pierde valor? ¿Nadie le ha enseñado en concepto de “inflación? Si es profesor de Universidad, como mínimo, ese concepto lo debería conocer, ¿o es quees título se lo han regalado y es un analfabeto total?
Me gustaría saber, cuando deje el poder, si vuelve a sus clases de la Universidad, cuántos alumnos se atreverán a matricularse en sus clase, porque demuestra no tener ninguna cordura en sus decisiones y eso, en un aula, no se puede tolerar.
¡Ah!, y que conste, que no tendrá la dignidad de dimitir de su carga hasta que hayan pasado los siete años reglamentarios que debe estar en el poder para que le quede una paga vitalicia, ottro de los errores de nuestra Democracia, pues, al igual que cualquier otro asalariado, los servicios prestados deberían cotizar a la Seguridad Social como los de cualquier otro trabajador, y cobrar la pensión al final de su vida laboral, y no una jugosa pensión vitalicia y seguir desarrollando otros trabajos con sustanciosos sueldos, cosa que a cualquier ciudadano de apie no se nos permite jamás.
By Iskander on May 14, 2010 | Responder
Acabará mal, seguro. Lo que no sabemos es si acabará peor.