"The great enemy of the truth is very often not the lie —deliberate, contrived and dishonest— but the myth —persistent, persuasive and unrealistic—"
John F. Kennedy

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Obama quiebra la seguridad nacional y de Occidente

Publicado por Manuel Pastor el 25 de Mayo de 2010 en American Review.
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Distraídos por la severidad de la crisis económica y los disparates de Zapatero en España, no percibimos adecuadamente los graves errores de ese Zapatero americano que es Obama. En concreto, (…)

Distraídos por la severidad de la crisis económica y los disparates de Zapatero en España, no percibimos adecuadamente los graves errores de ese Zapatero americano que es Obama. En concreto, no nos damos cuenta hasta qué punto algunas de sus decisiones afectan a la seguridad de todos los ciudadanos del mundo libre. Por ejemplo, el reciente anuncio de la dimisión (voluntaria o forzada) del almirante Dennis Blair, Director Nacional de Inteligencia, supone un paso más en la quiebra de la seguridad nacional de los Estados Unidos y de Occidente.Como es habitual, la prensa española (El País, ABC, El Mundo) se han limitado a reproducir las explicaciones banales de la Casa Blanca y sus terminales mediáticas afines (The New York Times, etc.), haciendo responsable al veterano marino de los recientes desastres o fallos de la seguridad antiterrorista (Fort Hood en Texas, aeropuerto de Detroit en Michigan, Times Square en New York). Incluso le aplican la denominación de “zar” de la inteligencia, en un sentido equívoco y hoy día inexacto, ya que desde la llegada de Obama a la presidencia, los zares (por cierto en un número elevado) son los nuevos altos cargos de perfil muy ideológico obamita-radical que dependen directamente del presidente, sin que su nombramiento haya sido revisado y aprobado por el Congreso, a diferencia de lo que ocurre con los secretarios o ministros y altos cargos tradicionales (como es el caso del hasta el 28 de mayo en que se haga efectiva su dimisión DNI Blair). Algunos de esos zares que se han visto obligados a dimitir durante el pasado año por la presión de la opinión pública, como el filocomunista Van Jones para la política medioambiental, o el castrófilo (abogado de Fidel Castro en el célebre affair del niño balsero Elián González) Greg Crieg, para la política latinoamericana y relaciones con la Internacional ALBA, y en consecuencia principal reponsable del embrollo diplomático de la crisis en Honduras, no merecieron el interés de la prensa internacional y española.

Los tres incidentes antes mencionados han sido actos o intentos de terrorismo islamista esencialmente domésticos, es decir, de jurisdicción del FBI (y de la inteligencia militar en el de Fort Hood), que depende del Departamento de Justicia. Ahora bien, en el organigrama presidencial, aunque en teoría el DNI Blair (políticamente independiente, como debe ser) tiene la máxima responsabilidad en la coordinación de los servicios de inteligencia, en la práctica su rol ha sido anulado o neutralizado por las influencias ante Obama del ministro de justicia (Attorney General) Eric Holder, que controla el FBI con una metodología tradicional policial y tendente a “mirandizar” a los presuntos terroristas, del zar para la lucha contra el terrorismo en el Consejo Nacional de Seguridad, John Brennan, y del director de la CIA Leon Panetta. Holder, Brennan y Panetta son tres políticos del partido Demócrata. Holder y Brennan por cierto muy sectarios obamitas y de conocida incompetencia, Panetta menos sectario pero igualmente incompetente en materias de inteligencia. Resultado: frente a la profesionalidad e independencia que representaba el almirante Blair, Obama se ha puesto del lado de sus camaradas políticos, sacrificando al DNI y consintiendo la descarada politización de la inteligencia y contra-inteligencia.

En la historia reciente de los Estados Unidos, las tres grandes crisis que la jalonan han sido Pearl Harbor (Diciembre de 1941), Cuba (Octubre de 1962), y el ataque a las Torres Gemelas-Pentágono (Septiembre de 2001). En los tres escenarios, la calidad de la inteligencia (definición del enemigo y coordinación de la información adecuada sin contaminaciones políticas) fue determinante: En 1941, el binomio enemigo racional/inteligencia incorrecta no pudo evitar el desastre. En 1962, el binomio enemigo racional/inteligencia correcta pudo conjurar y evitar el abismo de la guerra nuclear. En 2001, el peor de los escenarios, enemigo no racional/inteligncia incorrecta, produjo un nuevo desastre.

Cada una de las fechas marcan un giro histórico en la estrategia norteamericana de su política exterior y militar: Pearl Harbor significó el fin del aislacionismo y la definitiva adhesión al internacionalismo multilateral, corregido durante la Guerra Fría en el sentido marcadamente bipolar y atlantista de la “Containment”. La crisis de los misiles en Cuba y sus ramificaciones (asesinato de Kennedy y escalada en Vietnam; golpe palaciego en a URSS y desplazamiento de Kruchov por el sector duro del Kremlin y KGB, iniciando una carrera armamentista acompañada de un creciente intervencionismo y expansionismo soviético en Checoslovaquia, el Sudeste Asiático, Africa, América Central y Afganistán) tuvo como consecuencia la estrategia del “New Containment” anti-comunista y la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI o “Stars War”) de Reagan.

Tras el fatídico 11 de Septiembre de 2001, vino la Doctrina Bush: mayor énfasis en un unilateralismo radical y atlantista frente a la indecisión de la ONU, guerra global contra el terrorismo, reconocimiento de la posibilidad de los ataques preventivos, una mayor coordinación de la inteligencia (creando en 2004 la Dirección Nacional de Inteligencia) y, en fin, una gran estrategia para la democratización de Oriente Medio.

Las ilusiones/tentaciones multilateralistas y multiculturalistas de los presidentes Carter y Clinton se han intensificado desde el establecimiento del régimen de Obama, y el mejor ejemplo ha sido su trayectoria desde el discurso en El Cairo hasta la reciente adhesión al esquema zapateril de la Alianza de Civilizaciones. El pasado sábado en West Point ha anunciado retóricamente su voluntad de liderar (¡otra vez el mismo tópico desde Wilson a Bush Sr.!) un “New World Order”, prometiendo para la próxima semana las línas estratégicas de la Seguridad Nacional.

Sin embargo, la dimisión del almirante Blair nos hace profundamente escépticos. En sus palabras de despedida el DNI hizo un tributo a todos los trabajadores anónimos de la comunidad de inteligencia que integran las 16 agencias nacionales, pero no mencionó al presidente Obama ni a sus zares en la materia. Junto a problemas tradicionales y recurrentes de falta de coordinacón, ahora, como denuncia el máximo representante republicano del Comité de Inteligencia en la Cámara de Representantes, Pete Hoekstra, posiblemente el mejor experto en estas materias del Congreso (al que conocí personalmente en Grand Rapids, Michigan, en 1996, cuando era un discreto representante del distrito donde yo disfrutaba de un año sabático): “La dimisión de Blair es el resultado de la politización de la seguridad nacional por parte de la admnistración Obama, despreciando la supervisión del poder legislativo.” Es decir, un problema que como en otras cuestiones de la política económica, inmigratoria, exterior y estratégica del primer presidente socialista de los Estados Unidos, afectan no solo a la seguridad nacional sino a la de todos los países de Occidente.

Publicado en www.semanarioatlantico.com

  1. 1 comentario a “Obama quiebra la seguridad nacional y de Occidente”

  2. By Jose on Oct 21, 2010 | Responder

    Hola Manuel, soy Jose Valenzuela y tengo un programa hablado en La Preciosa Radio en Salinas/Monterrey California, me gusta tu modo de pensar y poner las cosas como son, podria entrevistarte en diferentes temas como este sobre Obama? contestame si se puede, e spero que si, yo te llamaria, gracias y adelante,

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