Newt Gingrich ha vuelto a decir que en América no hay política sin fe
¿Recuerdan a Newt Gingrich? En los años 80 era el “hombre nuevo” del Partido Republicano, joven y guapo, llevado en la palma de la mano por la “Nueva Derecha”, de (…)
¿Recuerdan a Newt Gingrich? En los años 80 era el “hombre nuevo” del Partido Republicano, joven y guapo, llevado en la palma de la mano por la “Nueva Derecha”, de Richard A. Viguerie, Morton C. Blackwell y Paul M. Weyrich (1942-2008). En 1994 dirigió la cruzada del “Contrato con América” (imitando un poco a los diversos gobiernos y partidos de oposición de centroderecha europeos), gracias a la que se obtuvo la contundente victoria electoral que llevó al Partido Republicano a ganar, después de 40 años de sequía, la mayoría en el Congreso. Allí ganó la presidencia y un montón de merecida fama, aunque luego llegó el declive.
La “revolución republicana” del 104º Congreso se detuvo, el ejército victorioso, como suele suceder, comenzó a dormirse en los laureles y sus filas acabaron disgregándose. Pudo ser el comienzo de una gran ofensiva neoreaganiana, fue en cambio un accidente que llegó a su punto más bajo con las elecciones de 1998, tras las cuales Gingrich dimitió, y que continuó tristemente - a pesar de los éxitos republicanos en la Casa Blanca , especialmente la victoria de George W. Bush jr. para un segundo mandato en 2004 - hasta el primer desastre de las elecciones de mitad de período de 2006, anuncio ya del segundo desastre, el éxito demócrata de 2008 en el vértice institucional del país.
Probablemente los movimientos de Gingrich, quien en su día fue el promotor de la gran ofensiva política que intentó derrocar al presidente Bill Clinton por vía judicial, no los entendieron completamente ni “su pueblo” de referencia, que a menudo ha entonado la cantinela (un poco “rancia”, pero a menudo también cierta) de quien desconfía de los políticos demasiado idealistas que huelen a hipocresía. Así que Gingrich se “retiró” y ha vivido a su aire durante años, lo cual no es poca cosa para un político de primera magnitud, alguien que ha vestido las ropas de Cincinnato y ha vuelto a su primer amor, el estudio.
Por otra parte, antes de entrar en política, había enseñado brillantemente Historia en la Universidad de West Georgia, en Carrollton, desde 1970 hasta 1978. Un aspecto notable, porque a pesar de que los políticos de éxito nunca pueden desprenderse por completo de la sombra de la instrumentalización, Gingrich ha demostrado, con hechos concretos, ser mucho más que un simple hombre de partido. Los años de “ocultamiento” han generado reflexiones y consideraciones que le hacen un gran honor, como se lee en un libro Winning the Future: A 21st Century Contract with America a (Regnery, Washington, 2005). Pero no ha terminado aquí.
Protestante baptista desde sus años de escuela secundaria, con una vida turbulenta marcada por tres matrimonios, el 29 de marzo de 2009 Gingrich se convirtió al catolicismo, la fe de su actual mujer, la tercera, Callista Bisek, con la que coproduce vídeos y películas de notable interés. A menudo considerado como cínico y sin escrúpulos, Gingrich ha aprendido a reconciliar, en modo cristalinamente americano, esto es, único, la fe y la política, y además acabando católico, algo duro ya por sí mismo. Lo muestra su hermoso libro Rediscovering God in America: Reflections on the Role of Faith in Our Nation’s History and Future (Integrity Publishers Inc., Wake Forest [Carolina del Norte], 2006), pero sobre todo su último lanzamiento (entre uno y otro, recuerdo, su conversión al catolicismo), To Save America: Stopping Obama’s Secular-Socialist Machine (Regnery).
Es el testimonio claro de lo que es excepcional en los Estados Unidos de América. Oponerse a alguien como Barack Hussein Obama -Gingrich piensa en esto en armonía con millones de norteamericanos - es una responsabilidad política hacia la patria vilipendiada y un servicio a Dios ofendido. Toda cuestión política - es evidente en el libro - es, en su raíz, una cuestión teológica. Entre ambas sólo hay diferencias de énfasis y articulaciones, no hay separación de esferas. Laico significa en último término cristiano, libre significa responsable, norteamericano significa creyente. ¿Y los demás? Actividades Antiamericanas …
Por nuestra parte son cosas que suenan a marcianas, allí es en cambio la realidad del fusionismo y atrae y permea a millones de votantes, contribuyentes, ciudadano, votantes. Hoy es el lenguaje de la gente del Tea Party. Es significativo que de forma humilde, pero no marginal, Gingrich está regresando a la prominencia justo en el interior del movimiento, no desde el estrado al estilo de una estrella, sino desde abajo como un verdadero líder.
¿Podría ser la enésima hipocresía? Podría. Pero mientras Gingrich se ha jugado la cara. Si actúa de mala fe, la pagará por siempre. Por esto el pueblo genuino de los Tea Party, acostumbrado a percibir el engaño a millas de distancia, optó por creerle. ¿Os acordáis de la “bella política”? Aquí tenemos por fin un ejemplo real.
Publicado en www.ildomenicale.it

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