"El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión"
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Rand Paul, el apoyo más curioso dado por Sarah Palin

Publicado por Bob Moosecon el 7 de Junio de 2010 en American Review.
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Una de las primarias republicanas más esperadas por todos fue la que se celebró el pasado 18 de mayo en Kentucky. No es éste uno de los estados que eligen (…)

Una de las primarias republicanas más esperadas por todos fue la que se celebró el pasado 18 de mayo en Kentucky. No es éste uno de los estados que eligen a su nuevo gobernador, así que, dejando aparte los seis representantes que le corresponden en la Cámara de Representantes, toda la atención estaba puesta en la nominación al Senado, donde dos candidatos, Trey Grayson, el actual secretario de Estado de Kentucky, y Rand Paul, un oftalmólogo e hijo de Ron Paul para más señas, luchaban por llevarse el gato al agua, lo que consiguió finalmente Paul y por amplia mayoría.Y tan amplia. Como que Paul obtuvo el 58,8% de los votos frente al 35,4% de su rival. Es cierto que Paul es el candidato favorito del movimiento Tea Party, que le ha respaldado entusiastamente, además de contar con los respaldos del senador saliente, Jim Bunning (que desistió finalmente de presentarse a la reelección tras una serie de controversias que le perjudicaron mucho), del “perfecto conservador” que es el senador por South Carolina Jim DeMint, de Erick Erickson, editor del sitio web conservador RedState, así como lógicamente el de su padre, el representante por la 14ª circunscripción electoral de Texas, Ron Paul, pero es que también ha contado, y ahí está lo más sorprendente de todo, con el respaldo de alguien que uno podría pensar que se encuentra muy alejada de sus posturas políticas, la antigua gobernadora de Alaska Sarah Palin.

Todos conocemos de sobras a Ron Paul, el padre de Rand, veterano congresista y dos veces antiguo candidato a la nominación presidencial por el Partido Republicano, una en 1988 y otra en 2008. Que sea además la voz más firme en defensa de lo que los estadounidenses llaman “libertarismo”, una teoría política que aboga por la maximización de la libertad individual así como la minimización, o incluso la abolición, del estado, ha hecho de él alguien que no deja indiferente a nadie. Sin embargo, uno piensa que los pecados de los padres no deben recaer sobre los hijos, si es que ser un adalid de la libertad del individuo puede ser considerado como un pecado (para la izquierda, sin ninguna duda, pero para nosotros, no). Es cierto que Paul padre ha levantado ampollas a lo largo de los años con sus opiniones políticas; por ejemplo, oponiéndose a cualquier intervención de las fuerzas armadas estadounidenses en el exterior, oponiéndose a la Patriot Act y mostrándose partidario de legalizar las drogas, aunque lo cierto es que todos y cada una de sus tomas de postura han sido sólidamente argumentadas y uno, que se confiesa conservador que no libertario, las comprende y hasta en algunos casos se siente tentado a dejarse convencer.

De tal palo, tal astilla. Siendo el padre un orgulloso libertario, el hijo no debería serlo menos. Para empezar, Paul hijo se describe a sí mismo como “un conservador constitucionalista”, lo cual es como decir que no es un perro sino un can porque una de las raíces más profundas del libertarismo estadounidense es aquella que llevó a los Padres Fundadores, sobre todo a Thomas Jefferson, a abogar por un gobierno lo más reducido posible, tal y como dejaron establecido en la Constitución, tristemente conscientes de la debilidad humana y en un intento de evitar que un gobierno poderoso pudiera quedar en manos de gente malvada que se aprovechara de él para sus propios intereses.

Algunos han utilizado esta similitud entre las ideas del padre y las del hijo para clamar contra este último y tildarlo como un candidato inadmisible. La verdad es que uno no entiende muy bien porqué. Ya he dicho que tengo poco de libertario, pero no dejo de reconocer en el libertarismo un camino que me gustaría explorar con más atención. Las posturas de Paul hijo sobre muchos temas que a mí me parecen capitales, tales como el aborto (está en contra), la eutanasia (está en contra), la clonación y el uso de embriones humanos para la investigación (está en contra) y su postura en el caso aquel de Terri Schiavo (apoyaba su derecho a ser mantenida con vida), son idénticas a las mías. Que se oponga también a las leyes de rescate del sector bancario y automovilístico y que piense que las empresas en quiebra deben quebrar y no ser rescatadas por el gobierno federal, es exactamente lo mismo que pienso yo. Que quiera eliminar el sistema de Reserva Federal, me parece muy bien. Que quiera eliminar también el departamento de Educación y devolver el control sobre la educación de los niños a sus padres, es algo que yo firmaría ahora mismo y con las dos manos. Que se oponga a la reforma de la Sanidad aprobada por la administración Obama, que no esté de acuerdo en conceder la amnistía a los inmigrantes ilegales y que apoye la Segunda Enmienda, me parece de perlas.

Ciertamente eso no es todo. Es muy difícil el estar completamente de acuerdo en todo con otra persona. Sobre la Patriot Act, que él rechaza, yo me siento más tentado a aceptarla. Sobre su concepción de la defensa nacional, chocaríamos de inmediato porque pienso que su postura es un poco inocente. Sobre el matrimonio homosexual, él se opone personalmente, pero dejaría que fueran los estados quienes decidieran; yo no les dejaría y al de California menos. Sobre la legalización de las drogas, el libertarismo ha hecho bandera de este tema siempre en consonancia con su premisa de que es solamente el individuo quien puede tomar esa decisión, la de intoxicarse hasta la muerte o no; yo no cejaría en mi empeño por acabar con el narcotráfico. Pero claro está que no soy yo quien se presenta a las elecciones y él sí. Y todas estas cuestiones no me impedirían que si tuviera el honor de ser ciudadano del gran estado de Kentucky, viera en Paul a un político valioso que bien podría hacerse merecedor de mi confianza, a pesar de que en algunos asuntos nuestras discusiones podrían ser tormentosas.

Algo parecido debió de pensar Palin cuando finalmente le dio su apoyo a Paul, el más sorprendente de todos los que haya dado hasta ahora. Uno entiende, y hasta espera, que apoye a gente como Sean Duffy, Allen West o Nikki Haley, que son auténticos conservadores, tanto en lo económico como en lo social. Sin embargo, Paul, pues qué quieren que les diga. Y ella debió de ser la primera en comprender la sorpresa que nos íbamos a llevar muchos con el anuncio de su respaldo (que, curiosamente, es el único que no fue publicado en su página de Facebook sino anunciado directamente por el propio Paul el pasado 1 de febrero) porque no pudo dejar de hacer notar sus reservas cuando dijo (las negritas son mías):

“Estoy orgullosa de apoyar a grandes candidatos populares como el Dr. Paul. Aunque hay asuntos en los que estamos en desacuerdo, él y yo estamos ambos de acuerdo de que es el momento de sacudir el status quo en Washington y dar un paso al frente por las ideas sensatas”.

Afortunadamente, los ciudadanos de Kentucky no se han preocupado nunca por los bizantinismos y sí por la catadura moral de sus candidatos y la de Paul ha pasado la prueba con nota. Ya no es sólo que no haya tenido apenas problemas en batir a su rival por la nominación republicana, sino que tampoco los está teniendo a la hora de recaudar fondos para su campaña, llevando más de tres millones de dólares recaudados hasta ahora, un millón de los cuales los logró a través de cuatro money bombs de veinticuatro horas cada una, batiendo todos los records establecidos en el estado por cualquier otro político, vivo o muerto.

En cuanto a sus perspectivas electorales frente a su próximo rival, el demócrata Jack Conway, éstas son más que halagüeñas ya que, a día de hoy, Paul ya ha superado el 50% de intención de voto, oscilando éste entre el 51% y el 59%, según cuál sea la encuesta, mientras que Conway llega hasta el 45%, pero también baja hasta el 34%. En definitiva, que aunque todavía faltan mucho tiempo hasta el próximo 2 de noviembre, la apuesta de Palin por Paul parece ser una apuesta ganadora por más arriesgada e incomprensible que pareciera en su momento, algo esto último, lo de incomprensible, que no debería ser tal. Y es que ya lo dijo ella en su momento, cuando anunció su dimisión como gobernadora de Alaska (de nuevo, las negritas son mías):

Trabajaré y haré campaña por aquellos orgullosos de ser americanos y aquellos que se sienten inspirados por nuestros ideales y no se mofan de ellos. Apoyaré a otros que procuran servir, en un cargo o fuera de él, por los motivos correctos y no me importa en qué partido estén o que no estén en ningún partido en absoluto. Dentro de Alaska -o fuera de Alaska.

Más claro, agua. Palin sigue siendo Palin, ésa a la que nadie puede decirle que se siente y se calle. Y precisamente por eso la queremos y confiamos tanto en ella: porque sabemos que nunca nos defraudará… aunque a veces no la entendamos. Pero eso es porque hemos prestado poca atención a lo que nos dice. Y les vuelvo a decir lo mismo: si yo fuera de Kentucky, votaría por Paul. Y a quien le pique, que se rasque.

Publicado en www.semanarioatlantico.com

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