Martes, 8 d ejunio. Un buen día para Sarah Palin
Tres de cuatro. Tres buenos commonsense conservatives elegidos (o prácticamente elegidos) como los candidatos republicanos que este próximo mes de noviembre van a enfrentarse a sus respectivos rivales demócratas con (…)
Tres de cuatro. Tres buenos commonsense conservatives elegidos (o prácticamente elegidos) como los candidatos republicanos que este próximo mes de noviembre van a enfrentarse a sus respectivos rivales demócratas con el objetivo de “devolver el gobierno al lado del pueblo”. Tres candidatos que suponen un claro toque de atención, y hasta de alarma, no sólo para la Casa Blanca, sino también para el establishment republicano que dirige con pasos vacilantes el GOP, ese antaño glorioso partido que se ha visto reducido en la actualidad, como decían los chinos, a la condición de mero tigre de papel, más temeroso de que la creciente rebelión de sus votantes conservadores logre hacerse con las riendas del partido y los expulse del poder que de hacer frente resueltamente a la perversa intentona demócrata de cambiar Estados Unidos de una manera irreversible.Varias eran las primarias a celebrar este martes pasado en lo que para muchos era un mini super Tuesday: California, Iowa, Maine, Montana, Nevada, New Jersey, North Dakota, South Carolina, South Dakota y Virginia. En todos estos estados as se elegía a los candidatos a representante. En todos, menos en Montana, New Jersey, North Dakota y Virginia, se elegía también a los candidatos a gobernador. Y en todos, menos en Maine, Montana, New Jersey y Virginia, se elegía además a los candidatos a senador. Pues bien, de entre todas estas primarias, cuatro eran especialmente interesantes para los partidarios de Sarah Palin: las de California, donde Palin apoyaba a Carly Fiorina como candidata al Senado; Iowa, donde apoyaba a Terry Branstad como candidato a gobernador; South Carolina, donde apoyaba a Nikki Haley como candidata a gobernadora; y Arkansas, donde se celebraba una segunda vuelta y apoyaba a Cecile Bledsoe como candidata a representante.
Ojalá hubieran sido cuatro de cuatro, pero finalmente se han quedado en tres de cuatro: Fiorina, Branstad y Haley, no pudiendo Bledsoe completar el cuarteto. Una lástima, pero de ninguna manera motivo de disgusto porque, tal y como declaró la propia Palin poco después de conocerse los resultados:
“Felicitaciones a los candidatos commonsense conservative que han demostrado otra vez esta noche pasada que la voz del pueblo estadounidense no puede ser ignorada por más tiempo en Washington. Estos candidatos tienen el valor de alzarse por sus convicciones, luchar por lo que saben que es justo para sus estados y nuestra nación y deshacerse de la “polítics as usual” para poner al gobierno de nuevo del lado del pueblo. Será excitante tener a estos excelentes candidatos, especialmente a esas intrépidas “mama grizzlies” del GOP, llevando su mensaje por todo el camino hasta noviembre y aún después de tomar posesión”.
De momento, Palin lleva un historial de ocho de sus candidatos respaldados elegidos por cuatro que no lo han sido: como éxitos debemos anotar los de Bob McDonnell como gobernador de Virginia, Chris Christie como gobernador de New Jersey, Rick Perry como candidato a gobernador de Texas, Rand Paul como candidato a senador por Kentucky, Susana Martinez como candidata a gobernadora de New Mexico y los tres de este martes, que ya hemos mencionado. Como fracasos, Doug Hoffman como representante por New York, Vaughn Ward como candidato a representante por Idaho, Tim Burns como representante por Pennsylvania y este último de este martes también.
Ciertamente nadie debería esperar que cualquier candidato respaldado por Palin resulte invariablemente elegido porque eso es prácticamente imposible. Lo que sí que esperamos, al menos, y hasta el momento no nos ha defraudado, es que esos candidatos sean exactamente lo que Palin prometió en su momento que sería un candidato apoyado por ella: un commonsense conservative cuyo historial, tanto político (si es que lo tiene) como personal, haga honor a esos principios conservadores y que se haya lanzado a la aventura de una campaña política por las razones correctas y no por un simple afán de medrar. Recientemente, Palin declaró a Time cuál era su método a la hora de escoger a esos candidatos:
“Muchas veces busco al candidato que comparte las circunstancias en las que yo me he visto: sin fondos económicos, enfrentado a la maquinaría política, sin apoyos relevantes, llevando una campaña claramente popular con la ayuda de amigos voluntarios y familiares. Cuando veo eso y puedo sentir el impulso que puede provocar su pasión a pesar de experimentar mayores desafíos que sus adversarios en una situación más holgada, entonces me identifico con ellos, conecto y quiero ayudar”.
Haley es tal vez quien mejor ejemplifica eso de lo que habla Palin: la dificultad de tener que tirar adelante con una campaña casi casera, tal y como la que ella misma condujo cuando se presentó como candidata a gobernadora de Alaska en 2006. Es cierto que Haley no es todavía la vencedora de las primarias, ya que al haber obtenido solamente el 49% de los votos está pendiente de una segunda vuelta el próximo día 22 de junio, pero es que su rival, Gresham Barrett, sólo obtuvo el 22%. En un mundo perfecto, Barrett reconocería su derrota y evitaría a Haley el tener que seguir gastando dinero para nada, pudiendo ahorrárselo para la campaña contra su rival demócrata, pero al igual que en California Chuck DeVore se negó a retirarse elegantemente, reconociendo que no era su año y ha tenido que ser apartado del camino a empujones por la vencedora, Fiorina, mucho me temo que aquí pasará lo mismo por culpa de otro candidato que no sabe perder.
De Fiorina ya hablé en su momento, sobre todo en relación con el tremebundo berrinche que algunos sectores del movimiento Tea Party habían tenido al ver a Palin apoyarla a ella y no a su favorito, DeVore. Al menos aquello sirvió para demostrarnos a todos eso que no dejo de repetir de que Palin es Palin y que nadie puede pretender apropiarse de ella porque cuando menos se lo espere ese alguien, Palin le pondrá las cosas muy claras y no le gustarán. En California, lo esencial era primero evitar que pudiera ser nominado el candidato republicano Tom Campbell, lo que finalmente se ha logrado, y segundo, nominar a alguien que tuviera verdaderas posibilidades de victoria frente a una de las candidatas demócratas más fuertes del país, Barbara Boxer, algo que no era el caso de DeVore. En consecuencia, la única elección posible era la de Fiorina, pero es que no se trataba del mal menor sino que, tal y como recordó Palin en su momento, Fiorina es una conservadora con todas las de la ley y no había ningún motivo para etiquetarla de RINO como así se hizo injustamente. ¿El resultado? Fiorina ha ganado con el 56% de los votos mientras que su principal rival, Campbell, se ha quedado en un misérrimo 22%. Y como no podía ser menos en alguien bien nacido, Fiorina, a través de su portavoz, ha reconocido públicamente que la clave de su victoria ha estado precisamente en el apoyo dado por Palin:
El respaldo de la gobernadora Palin fue esencial para el triunfo de nuestra campaña. Ella distribuye el “sello de aprobación de la buena ama de casa” para los candidatos conservadores que no son favoritos. Tras merecer ese respaldo vimos inmediatamente un repunte en el apoyo a Carly por parte de los conservadores, que representan la gran mayoría de los votantes republicanos en las primarias”.
Y sobre Branstad, pues tal vez sea la repetición de lo que ha sucedido en California, pero a una escala menor, porque el favorito del movimiento Tea Party en Iowa no era él sino su rival, Bob Vander Plaats. En este caso, Branstad, que no es un recién llegado al mundo de la política pues ya ha sido gobernador de Iowa durante cuatro mandatos, superó a su rival por un 50% de los votos contra un 41%.
Como podemos ver, Palin tiene buen ojo cuando se trata de un candidato a los cargos de gobernador o de senador, pero en lo que se refiere a los candidatos a representante, ésa es su asignatura pendiente, no habiendo logrado todavía que ni uno de sus patrocinados logre la nominación y eso que ya van cuatro. La confianza es que en el próximo mini super Tuesday, el del 14 de septiembre, tanto Michele Bachmann como Sean Duffy logren romper ese gafe en sus respectivas primarias en Minnesota y Wisconsin, eso si antes no lo rompe algún otro candidato al que pueda respaldar Palin hasta entonces. Y es que el apoyo de Palin vale su peso en oro por más que en muchas ocasiones se limite a una modesta contribución económica, una nota elogiosa en su página de Facebook y algún que otro mensaje de Twitter (es raro que Palin aparezca en público con un candidato ahora porque sin duda eso se lo reserva para cuando el rival sea un demócrata y no otro republicano, o sea, durante la campaña electoral propiamente dicha). De todas formas, puede parecer poco tal vez, pero sus resultados son muy efectivos y a las pruebas me remito. ¿O acaso no sentimos todos un enorme placer cada vez que un candidato auténticamente conservador, de esos que son siempre dados de antemano por derrotados por los expertos, da la campanada y vence a su empingorotado rival que tan creído se lo tenía? ¡Pues claro que sí! Y si encima Palin anda de por medio el placer es doble.
Publicado en www.semanarioatlantico.com

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