La doctrina Obama
¿Existe realmente una doctrina Obama? Según los obamitas habituales y previsibles en nuestro país así parece ser. Por ejemplo, Darío Valcárcel (”El plan estratégico de Barack Obama”, ABC, 31 de (…)
¿Existe realmente una doctrina Obama? Según los obamitas habituales y previsibles en nuestro país así parece ser. Por ejemplo, Darío Valcárcel (”El plan estratégico de Barack Obama”, ABC, 31 de Mayo de 2010), Javier Solana (”Una buena noticia para la Unión Europea”, El País, 8 de Junio de 2010), Antonio Garrigues Walker (siempre que tiene la oportunidad de recordarnos en los medios que él es “kennediano” y fan de Obama, distorsionando el significado tradicional de liberalismo), no digamos ya Zapatero, Moratinos, Pajín, etc., todo ellos nos ofrecen explicaciones banales, tediosas -y a veces bastante cursis- sobre la genialidad estratégica del actual presidente norteamericano y su nuevo estilo en las relaciones internacionales, comparado (¡por supuesto!) con el anterior.
La NSS Obama, como la llama Valcárcel, “se enfrenta a la política unilateral de su antecesor. Rechaza la guerra preventiva…” y concluye con arrobo místico y levitatorio zapateril-pajiniano: “Digámoslo como es: Obama no vive apegado a la tierra. Está conectado al universo. Algunos lectores nos entienden. En este siglo, del que faltan noventa años, no será fácil superar su sabiduría, prudencia e intuición. Obama es un prodigio.”
Por su parte, el “doceavo” y permanente “tapado” ex secretario general de la NATO y ex Mr. Europa afirma que “Obama se ha posicionado con una doctrina integral (…) Su línea de acción supera el paradigma hegemónico y unilateral de su predecesor y apuesta por la defensa del derecho internacional”, concluyendo ilusionado: “Este modo de ver el mundo está en sintonía con el multilateralismo efectivo que defiende la Unión Europea (…) No sólo brinda una oportunidad para estrechar los lazos transatlánticos, sino que constituye un paso firme hacia la solución a los retos y desafíos del siglo XXI y nos prepara mejor para el mundo de mañana.” Es difícil imaginar análisis más edulcorados. Solo les falta invocar la absurda Alianza de Civilizaciones.
Una lectura del último documento sobre National Security Strategy (Mayo de 2010) que tanto encandila a Valcárcel, Solana y compañía, la verdad es que provoca más bien bostezos, similares a los que se han visto en los recientes discursos excesivamente retóricos del propio presidente ante jóvenes de escuela secundaria o cadetes de West Point.
Convendría distinguir entre doctrinas utópicas y doctrinas realistas. Las primeras, por su carácter apriorístico e idealista, pueden derivar fácilmente en construcciones puramente ideológicas, como sería el caso, en el paradigma de la ciencia política y las relaciones internacionales, de los enfoques filosóficos de la escolástica tomista tradicional frente al nuevo pensamiento realista moderno: Dante versus Maquiavelo (según nos ilustra James Burnham en su obra clásica, The Machiavellians, 1943); y en el ámbito específico, y entre españoles, del jus gentium: Vitoria versus Suárez (según nos describe Paul Sigmund en Natural Right in Political Thought, 1965).El modelo Suárez representa según el autor el enfoque moderno, realista, del derecho internacional, basado en el consentimiento y las obligaciones contraídas por las naciones soberanas, mediante tratados bilaterales o multilaterales, siguiendo sus intereses nacionales.
Desde principios del siglo XX, los dos enfoques (el realista y el idealista) están representados en la política exterior de los EEUU, respectivamente, por la idea del equilibrio de poder y la comunidad de intereses, subyacente asimismo la idea práctica de la fuerza y de un derecho positivo, de Theodore Roosevelt (Corolario a la Doctrina Monroe y el atlantismo inspirado por H. Adams, J. Hay y el Metropolitan Club, que sería asumido y propuesto por el propio Roosevelt en su discurso en Cristianía, al recibir el Premio Nobel de la Paz, en 1910), y por la idea de la comunidad de paz y cooperación mundiales, subyacente la idea teórica y en gran medida hipotética de un derecho supranacional, de Woodrow Wilson (Los Catorce Puntos, el Covenant del Tratado de Versalles y la Liga de Naciones).
Teddy Roosevelt tuvo la conciencia de un rol imperial (un New Empire, según su compañero intelectual Brook Adams) y del arbitraje internacional (apoyo al Tribunal de La Haya, mediación en la guerra ruso-japonesa y en la rivalidades europeas, especialmente la germano-británica, cuestión de Marruecos y Conferencia de Algeciras, etc.) basados en el liderazgo más que en la dominación. Wilson -según el estudio psicoanalítico que le hizo nada menos que Sigmund Freud- en su demencia llegó a pensar que era la nueva encarnación de Jesucristo con la misión de traer la paz al mundo. Este tipo de mesianismo es el que hemos detectado recientemente, según algunas interpretaciones (del reverendo Jeremiah Wright de la teología negra de liberación, de Louis Farrakhan, líder de la Nación del Islam, de innumerables cultistas políticos y de ciertos obamitas progres europeos, etc.) con el advenimiento del fenómeno Obama.
El NSS-2010 es un texto retórico, farragoso e impreciso. No define claramente al enemigo estratégico que es el islamismo radical, totalitario, terrorista y yihadista, limitándose a una referencia puntual al grupo terrorista Al-Qaida. El lenguaje empleado delata los prejuicios ideológicos estereotipados de un izquierdismo multiculturalistas y ecologistas: la voluntad de un plan estratégico “sostenible”, término que aparece tres veces en el índice y se repite una veintena de veces a lo largo del documento (¿se acuerda el lector del famoso plan de la Economía Sostenible de Zapatero? El famoso ObamaCare por cierto también se denomina oficialmente Ley de Sanidad Sostenible).
Desde la Segunda Guerra Mundial solo tres doctrinas estratégicas merecen considerarse realistas y eficaces: la Doctrina Truman del Containment, diseñada por George Kennan en 1947, complementada con un enérgico atlantismo y múltiples alianzas militares anti-comunistas; la Doctrina Reagan del New Containment, complementada con el RollingBack, la defensa estratégica (DSI o “Star Wars”) y la hipótesis de la Confrontación y colapso del sistema soviético, anticipadas por James Burnham ya en 1947-49 (frente a la Contención de G. Kennan y la Coexistencia de W. Lippmann); y finalmente la Doctrina Bush (hijo), de guerra global contra el terrorismo, uso de la guerra preventiva, enérgico unilateralismo e impulso a la democratización de Oriente Medio. En los tres casos, hubo graves deficiencias en la coordinación de la Inteligencia y Contra-Inteligencia, que el presidente Bush trató de remediar creando el puesto de Director Nacional de Inteligencia que supervisaría y coordinaría el trabajo de las 16 agencias federales existentes, con sus rivalidades y guerras civiles burocráticas. Obama no solo no ha resuelto el problema sino que lo ha incrementado con una descarada politización (como reiteradamente han denunciado John Bolton y Pete Hoekstra) que ha tenido como consecuencia la reciente dimisión del DNI almirante Dennis Blair.
Pero lo más grave es el problema básico de incapacidad de definir con claridad quién es el enemigo estratégico. El multiculturalismo y ecologismo progres, además, le está llevando a Obama a perder o debilitar los lazos con los dos aliados más importantes del pasado inmediato: el Reino Unido (el más importante en una Alianza Atlántica hoy seriamente debilitada y desorientada, donde una mayoría de sus miembros han elegido pertenecer al club de los “chocolateros”) e Israel, al inclinarse el presidente americano hacia una ideología buenista del tipo de la Alianza de Civilizaciones, olvidándose que el terrorismo árabe/islámico en todas sus manifestaciones es el problema principal y persistente en el propio territorio de los Estados Unidos, desde el asesinato hoy casi olvidado de Robert Kennedy por un terrorista palestino en 1968, hasta el infame 11-S con sus 3.255 víctimas y las formas nuevas y recientes del terrorismo yihadista doméstico (Fort Hood, aeropuerto de Detroit, Times Square, etc.).
Publicado en www.semanarioatlantico.com

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