"To be conservative is to prefer the familiar to the unknown, to prefer the tried to the untried, fact to the mistery, the actual to the possible, the limited to the unbounden, the near to the distant, the sufficient to the superabundant, the convenient to the perfect, present laughter to utopian bliss."
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Un buen cómic para recordar lo que fue el Muro de Berlín

Publicado por Jorge Soley Climent el 18 de Junio de 2010 en Cultura y Libros.
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No es muy frecuente que se asome a estas páginas un cómic (los tebeos de nuestros abuelos, desde hace tiempo rebautizados así), pero en este caso vamos a hacer una (…)

No es muy frecuente que se asome a estas páginas un cómic (los tebeos de nuestros abuelos, desde hace tiempo rebautizados así), pero en este caso vamos a hacer una excepción. No voy a hacer aquí una defensa de la mayoría de cómics que se publican en nuestro país, tarea digna de algún titán de poderosa fuerza y escaso seso y que, en consecuencia, se encuentra muy alejada de mis posibilidades. Pero entre tanto bodrio y subcultura, de vez en cuando aparece alguna perla que haríamos mal en ignorar. Entre los libros dignos de interés publicados recientemente se encuentra El Muro, obra del dibujante checo Peter Sís, que narra la vida en un país comunista durante la Guerra Fría, con especial atención a la construcción del Muro de Berlín y lo que significó para miles de personas que vivieron bajo la opresión comunista. Un tema que a quienes peinamos canas nos puede parecer obvio y sabido, pero que, y lo digo por experiencia, no está tan claro para muchos jóvenes que han sido sometidos a horas de “memoria histórica” pero parecen conservar una visión idílica y distorsionada de lo que fue el comunismo (del que aquí nos libramos por los pelos, dicho sea de paso).Como cada medio, el cómic tiene su lenguaje propio, adecuado para según qué fines, poco recomendable para otros. Es exactamente lo mismo que ocurre cuando vemos cómo una gran novela se convierte en una película banal, o al revés, cómo una gran película se convierte en un libro infumable; numerosas son también las traslaciones del lenguaje del cómic al lenguaje cinematográfico, en demasiadas ocasiones fallidas. El cómic ha demostrado con creces su adecuación para narrar aventuras, siendo especialmente adecuado para las rápidas escenas de acción. No obstante, en los últimos años, el formato de novela gráfica, una especie híbrido, un cómic crecidito y en el que el texto adquiere un mayor protagonismo, ha conseguido demostrar que también se puede hablar de cuestiones más complejas en este formato. No podemos dejar de recordar aquí el precedente de Mauss, de Art Spiegelman, magnífica obra que, sin truculencias de ningún tipo, al contrario, con una historia protagonizada por animales humanizados, es capaz de explicar con enorme fuerza la persecución y exterminio de los judíos bajo el régimen nazi. Más cercano en el tiempo están los retratos de lugares y momentos de Guy Delisle, relatos autobiográficos expresados a través de una técnica casi infantil pero que se demuestran análisis certeros de las realidades sociales sobre las que posa su mirada. Su libro Pyongyang es la obra más clara y rigurosa que conozco para comprender en qué consiste el régimen comunista de Corea del Norte, una obra imprescindible para quien quiera saber cómo es la vida real en el desconocido y autárquico país oriental que ahora se asoma al Mundial de Sudáfrica.

 En el caso de El Muro, Sís consigue transmitirnos lo que sentían quienes vivían al otro lado del telón de acero, sus esperanzas y decepciones, sus sufrimientos y también la súbita alegría que supuso la noticia de su derribo. El libro no está exento de defectos, entre los cuales no es el menor la imagen idílica y poco realista del mundo occidental: la visión cuasi redentora del rock occidental es algo en lo que sólo unos pocos viejos rockeros aún creen (si alguien confía en que Lady Gaga o el último grupo de raperos de nombre impronunciable y letra por fortuna ininteligible nos salve vamos apañados), aunque es cierto que ayuda a comprender también el desencanto que en los países del Este cundió tras la caída del comunismo. Relato autobiográfico, Sís nos invita a acompañarle en su crecimiento: desde el Movimiento de los Pioneros, las juventudes del Partido, hasta acabar huyendo del “paraíso socialista”. Dibujado con un estilo que combina lo naif y un trazo voluntariamente anticuado, una versión personal de la estética pop, junto con el recurso a noticias de la época, el libro consigue sumergirnos en la época, llevándonos por un camino que sigue en paralelo la vida del autor en su Checoslovaquia natal y los grandes sucesos históricos que se iban produciendo: Budapest 1956, la construcción del Muro, la primavera del 68, la guerra de Vietnam…

En definitiva, es posible que este cómic sea imperfecto y que incluso transmita una visión distorsionada de ciertos aspectos, pero resulta muy eficaz para explicar la realidad, asfixiante e inhumana, de la vida cotidiana bajo los regímenes comunistas.

El Muro. Peter Sís. Norma Editorial. 16 €.

  1. 1 comentario a “Un buen cómic para recordar lo que fue el Muro de Berlín”

  2. By Javier Orts on Jun 22, 2010 | Responder

    Es interesante la reflexión sobre este comic sobre la contrucción y caida del Muro, su tema, su formato -dirigido a adolescentes, jóvenes- y la memoria histórica. Basicamente, y como dice Soley, por lo que España pudo ser y, afortunadamente, no fue. Y no fue gracias a un levantamiento militar y a la inacción de las potencias liberales en relación al gobierno stalinista del Frente Popular con Negrín a la cabeza. Esto -y no la imagen de la II República que nunca existió- es memoria histórica. Y la RFA, la Rumanía de Ceaucescu, la Polonia de Jaruzelski (todas a la vuelta de la esquina) son buena prueba de ellas. No sé si nuestros adolescentes calibran esto. Para mí que no.

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