"La libertad abstracta al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada."
Edmund Burke

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La América conservadora ha rechazado la ideología de la Vieja Europa

Publicado por Marco Respinti el 13 de Julio de 2010 en American Review.
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No todo en los EE.UU. es “Tea Party”, no todas las protestas impuesto es la derecha estadounidense. Las raíces de la identidad conservadora son obviamente más grandes, más antiguas, más (…)

No todo en los EE.UU. es “Tea Party”, no todas las protestas impuesto es la derecha estadounidense. Las raíces de la identidad conservadora son obviamente más grandes, más antiguas, más profundas. Se remontan, al menos en la formulación contemporánea de este fenómeno, a los dramas de la segunda postguerra, exactamente a la mitad del siglo XX, cuando los estadounidenses se despertaron de un largo letargo, roto en ocasiones por la voz de unos pocos pioneros solitarios cuando no aislados, preguntándose hasta qué punto era una época oscura.Denominarse “conservadores” estaba entonces totalmente fuera de lugar, y quienes decidieron asumirlo, despreciando los juicios de sus adversarios y el clima cultural del momento, lo hicieron con valentía realmente incomparable. El conservadurismo nace entonces como una operación de reapropiación del sentido de sí mismos por parte de una élite determinada y pronto se convertirá en un cuestionamiento incisivo sobre el significado de la experiencia histórica norteamericana. En resumen, el conservadurismo en Estados Unidos es y siempre ha sido, ante todo, una investigación sobre el “ser americano”, por lo que casi condujo automáticamente a un (re)conocimiento del alcance de Occidente, en el que pesaba mucho, y continúa pesando, la “cuestión europea”. ¿Cuán europeos son los Estados Unidos? ¿Y bajo qué condiciones y cómo y por qué?

Preguntas aún abiertas y que son muy difíciles de cerrar de una vez por todas con respuestas únicas y definitivas; pero el punto no es ése. El punto es qué preguntas se plantea constantemente el conservadurismo norteamericano: en algunos sectores más refinados culturalmente lo hace siendo consciente, en otros, de base, no, pero lo fundamental es que la pregunta sigue allí, empuja y empuja, y que la respuesta a ella nunca se pasa por alto, aunque a veces sufre de cierta dilación.

La pregunta, como por supuesto la respuesta, es de esas difíciles de cerrar. Preguntarse sobre el alcance y significado de la “europeidad” de los EE.UU. significa tratar de entender con precisión cuáles son los factores que han creado la historia de ese mundo, cuáles las genealogías culturales que determinan su conciencia, cuáles los mecanismos que deciden sobre la identidad, cuáles, en definitiva, sus verdaderas raíces. Porque  decir Europa es decir un continente “sui generis”, prácticamente imposible de determinar geográficamente (dejemos aparte insulsas veleidades de presuntas determinaciones y de presuntos determinismos “raciales”), o sea, un continente “de cultura” y “formato de exportación” que, como tal, sabemos dónde empieza pero no donde termina…

En los Estados Unidos del conservadurismo estas reflexiones, aunque a veces en forma extemporánea, existe siempre el sustrato objetivo de cualquier ulterior elaboración. Ahora bien, en los Estados Unidos, donde no toda la Derecha es solamente “Tea Party”, pero donde el “Tea Party” hace ahora tangible una cultura conservadora antigua y arraigada, prolifera una vida intelectual, a pesar de todo, prácticamente tabú en nuestras latitudes.

Existe allá por ejemplo una publicación trimestral Modern Age: A Quarterly Review, que aquí solo es concebible en sueños. Fundada en 1957 por Russell Kirk (1918-1994), el padre del renacimiento conservador americano en la segunda mitad del siglo XX, uno de esos valientes pioneros mencionados anteriormente, si no el primero, sin duda el más famoso e influyente, que la dirigió durante dos años antes de entregar la dirección a otras personas. Debía llamarse The Conservative Review, pero se optó por la ironía sutil del título actual. Hoy aparece bajo los auspicios de uno de los think tanks educativos más inteligentes de los Estados Unidos, el Intercollegiate Studies Institute, dirigido por Kenneth Cribb jr. en Wilmington, Delaware  (por cierto, no es necesario estar en la Gran Manzana para ser serio e incisivo). En medio siglo y pico de vida, Modern Age ha crecido en sabiduría y gusto, y hoy es considerado unánimemente como el mejor reflejo del conservadurismo americano. Por sus páginas han pasado prácticamente todos los nombres, grandes y pequeños, que cuentan, lo que significa también aquellos autores que tienen algo no banal que decir. En Modern Age han tenido lugar los simposios culturales más serios, las contribuciones más inteligentes.

Pues bien, en el último número de Modern Age su director Robert V. Young (profesor de Literatura del Renacimiento y Crítica Literaria en la Facultad de Inglés de la North Carolina State University en Raleigh) propone The Authentic Reactionary, la traducción al inglés de un ensayo provocativo y desafiante titulado El reaccionario auténtico (publicado en Medellín en la Revista de la Universidad de Antioquia, nº 240, abril-junio de 1995, como El reaccionario auténtico. Un ensayo inédito) de Nicolás Gómez Dávila (1913-1994).

Autor decisivo, en la actualidad bastante conocido, incluso en Italia, Gómez Dávila es crucial para pensar acerca de ese “canon común” del que he partido, es decir, cómo y en qué condiciones las Américas son y permanecen “europeas” dentro de la koiné occidental. Ese ensayo “daviliano” dice mucho acerca de las cimas alcanzadas por el conservadurismo estadounidense.

Hubo un tiempo, en América, pero también en otros lugares, en el que “reaccionario” era un término fuera de los límites aceptables. Los estadounidenses se esforzaban mucho para diferenciarse, los conservadores de los “otros”, los reaccionarios, entendidos como gente del pasado y nostálgicos. Pero ya no es así. Además de proporcionar un puente fuertísimo entre América y Europa, más allá de la mutua desconfianza atávica, y entre los norteamericanos y los sudamericanos, el americano del Sur Gómez Dávila envía un término embarazoso y los americanos del Norte lo aceptan, haciéndolo suyo después de que haya revivido en Europa. Así, junto a la fórmula republicano no es suficiente, somos conservadores, que se utiliza a modo de slogan, hoy, para una nueva clase política, ha aparecido ese otro término, siempre combatido pero profundísimo, que es la contra-revolución, vivo en Ultramar gracias a las nuevas generaciones del “Tea Party”.

Lo que nos lleva de vuelta a casa. No todo en los EE.UU. es “Tea Party”, no toda la Derecha estadounidense es protestas fiscal. Cierto es que la terminología menos propensa a los mitos de lo políticamente correcto y valiente hasta el punto de rechazar totalmente la jerga política al uso hoy en día pasa a través del Tea Party y su revuelta, no sólo fiscal. Pero sobre todo, los “Tea Party”, sin saberlo, están propiciando el descubrimiento de un nuevo vocabulario que vehicula una enorme cultura: el rechazo neto de la ideología de la Ilustración jacobina que desde hace mucho tiempo ha sido hegemónica en Occidente, con resultados no muy espectaculares. Quizás estemos ante un nuevo nacimiento. Antiguo, antiquísimo.

Publicado en www.loccidentale.it

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