"La superstición es la religión de los espíritus débiles."
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La extraña lógica política de don Manuel Fraga

Publicado por Jorge Soley Climent el 8 de Septiembre de 2010 en Política y Sociedad.
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Manuel Fraga Iribarne nos regaló unas declaraciones a finales del pasado mes de julio de esas que acaparan titulares. Durante su intervención en el Fórum Europa Tribuna Galicia, el fundador (…)

Manuel Fraga Iribarne nos regaló unas declaraciones a finales del pasado mes de julio de esas que acaparan titulares. Durante su intervención en el Fórum Europa Tribuna Galicia, el fundador del Partido Popular afirmó con rotundidad: «El aborto de la señora Aído no es posible conjugarlo con nada que sea el respeto a la vida. Es una grosería jurídica, política y moral insoportable». Hasta aquí todo claro. Pero siguió, asegurando no ser partidario de derogar la Ley del Aborto ni la que regula el matrimonio homosexual; eso sí, pidió que si los populares acceden al Gobierno, «se haga un estudio para que no se pueda abusar de ellas».Hasta aquí las declaraciones de Fraga, que en la prensa fueron recogidas haciendo hincapié en la primera parte de las mismas, la referida al disparate que es la nueva ley del aborto, algo que cualquiera que conserve a estas alturas un mínimo de sentido común no puede menos que compartir. Para lo que a nosotros nos interesa aquí, quizás resulte más esclarecedora la segunda parte de sus declaraciones, o mejor aún, la combinación de ambos enunciados: la ley es una grosería insoportable, pero hay que mantenerla. Todo un reto a la lógica más elemental.

Porque en efecto, uno puede sostener que no hay para tanto, que la ley no es tan mala, y en consecuencia, aunque sin gran entusiasmo, abogar por un mantenimiento de la ley y una aplicación estricta que evite los excesos y modere los efectos negativos. Yo no comparto este planteamiento, pero no se le puede acusar de falta de lógica. En cambio, lo que plantea Manuel Fraga es un desafío a la lógica más elemental. Es como si, y perdonen el ejemplo, alguien dijera, durante la Alemania nazi, que la Solución final era un crimen abyecto y aborrecible, un atentado contra cualquier noción de humanidad, para acto seguido declarar que, en caso de arrebatar el poder a Hitler y sus secuaces , iba a continuar gaseando judíos, eso sí, asegurándose de que la ley se aplicara estrictamente, sin errores, verificando en cada caso que los gaseados eran judíos de pura cepa y que además ya habían sido suficientemente explotados como mano de obra esclava en los campos de trabajo.

Y sin embargo, uno se resiste a creer que don Manuel Fraga haya perdido toda lógica. Una cabeza como la suya, en la que se decía que cabía el Estado entero, puede no estar a pleno rendimiento a sus 88 años, pero no hasta estos extremos. Si concedemos pues, que Fraga no desvaría, estamos ante un misterio a resolver; a saber, ¿qué puede ocurrir en la cabeza de alguien de cuya preparación, cultura e inteligencia no podemos dudar, para caer en tamaña contradicción? Una explicación sería que, en realidad, no creyera en la “grosería” de la ley, sino que se tratara de unas declaraciones para consumo de la porción contraria al aborto, ciertamente numerosa, de su electorado. De este modo, con unas declaraciones contundentes, estos votantes quedarían satisfechos por la postura del viejo líder. Una vez satisfechos con esa postura testimonial, es fácil para el político encontrar mil excusas aparentemente fundadas en la prudencia y el realismo para no tocar nada una vez llega al poder y al mismo tiempo no ser castigado por sus electores. No niego que esta hipocresía sea una realidad en muchos casos, pero en un político de la edad de Fraga, definitivamente alejado de cualquier posibilidad de retornar al poder, parece poco probable. Así pues, después de conceder que reconoce la lógica de las argumentaciones, concederemos ahora su sinceridad.

Todavía se me ocurren más alternativas: pudiera ser que su comentario acerca de no tocar la ley en el caso de llegar al gobierno fuera una concesión para no asustar al votante fluctuante, aquellos que votaron socialista en el pasado pero que ahora, hartos del despropósito de Zapatero, se plantean cambiar el sentido de su voto. En estos casos, se dice una cosa para no alarmar, y una vez se ha sido elegido se hace lo contrario, a ser posible en el primer tramo de la legislatura para dar tiempo a que, de cara a las siguientes elecciones, la gente se olvide. Por desgracia, la historia reciente no avala esta suposición, pues mientras el partido socialista no ha dudado en incumplir sus promesas en reiteradas ocasiones, el partido popular siempre las cumple cuando de no tocar lo que los socialistas han estropeado se trata.

Estamos llegando así a un callejón sin salida. Si Fraga no está gagá, no es un mentiroso ni un hipócrita, tres condiciones que creo más que probables, estamos ante una enfermedad del discurrir que, y aquí reside el interés del caso Fraga, afecta a numerosas personas que se identifican con lo que ellos llaman derecha moderada y que podemos llamar, de forma más sencilla, moderantismo. Se trata de ese derrotismo cultural y político que siempre está dispuesto a firmar un tratado de rendición, normalmente antes de presentar batalla, y que ha sido profunda e íntimamente asumido por la derecha española desde hace décadas si no siglos (ya Vicente Pou, a mediados del XIX, escribía acerca de los entonces llamados del “justo medio”, “ciegamente obstinados en contener los efectos dejando en pie las causas”). Es la actitud que provoca la asimetría de que la izquierda lo primero que hace cuando llega al poder, además de empezar a pulirse los caudales públicos acumulados por la derecha, sea desmantelar todo lo construido por los gobiernos de derechas, poco o mucho, mientras que estos nunca osan tocar la más mínima coma del entramado levantado por la izquierda cuando accede a un poder que, en el fondo, asume que no le pertenece y que debe devolver saneado económicamente pero sin trastocar las leyes impulsadas por la izquierda para transformar en un sentido revolucionario la sociedad española. Así, la derecha se convierte en una fase del proceso revolucionario izquierdista, la fase que sirve para detenerse por un momento, tomar aliento y consolidar lo alcanzado hasta que llegue el momento de devolver el poder a su legítimo dueño, la izquierda, preparada para una fase expansiva de su proyecto desintegrador. Llevamos así muchos años y los resultados están a la vista de todos. Es algo peor que la hipocresía o la carencia de un proyecto definido, es una enfermedad del pensamiento que, a base de rehuir todo conflicto, sacrifica todo lo sacrificable y nos aboca a una miseria moral como pocos pueblos han conocido. Hay que agradecer a Manuel Fraga que, con sus declaraciones, haya puesto en negro sobre blanco la debilidad congénita de una derecha aquejada de moderantismo que ha interiorizado tanto su papel de mero freno en una dirección que ya no discute que ha llegado a un punto en que ya ni siquiera reconoce la falta de lógica de su discurso.

  1. 5 comentarios a “La extraña lógica política de don Manuel Fraga”

  2. By Andrés-VLC on Sep 8, 2010 | Responder

    Coincido con su análisis don Jorge, cuando leí estas declaraciones me llevé las manos a la cabeza, tras la sorpresa y el estupor llegué a unas conclusiones similares a las suyas, y es que desgraciadamente es así, y se agradece la sinceridad de don Manuel para que nadie se lleve a engaños con el PP, ni reformarán la ley del aborto ni la del matrimonio homosexual, ni atacarán las políticas de ingeniería social del zapaterismo, espero que cada vez seamos más los españoles que lleguemos a esta conclusión y sepamos encontrar otras alternativas para que nos representen

  3. By Javier Orts on Sep 9, 2010 | Responder

    Confieso que no había leido estas declaraciones de Manuel Fraga. Desde hace ya unos años cuando Don Manuel habla uno no sabe si, porque está de vuelta de todo, no piensa todo lo que dice o no dice todo lo que piensa o si, por el contrario y por su edad, dice en cada momento exactamente lo que piensa. Y algunas veces, quizás, lo que debería es callarse. El caso es que el sonrojo, o el escalofrío por la rabadilla o el lapsus de tristeza -llámese como quiera- que produce en un votante de derechas -como yo- la lectura de este analisis de mi amigo Soley es innegable. Bien es cierto que es un artículo especialmente lúcido, implacablemente descriptivo y que vacía hasta el final las vendidas/dormidas/resignadas conciencias de muchos votantes de derechas y todos sus recovecos. De la mía, por ejemplo, lo confieso. Y eso es sólo mérito de Jorge. Pero, la verdad es que el PP no modificará ni un ápice esta legislación. Interpuso en su momento los recursos de inconstitucionalidad pertinentes y punto. Sus votantes lo sabemos y nos resignaremos porque parece que es el precio que tenemos que pagar para que en un pais sociologicamente de izquierdas (si es que lo es o por lo menos a la mínima lo es) gobierne la derecha … cuando le toca. Cuando nos manifestamos -y en estas dos legislaturas nos hemos manifestado mucho- las entidades convocantes incluso nos advierten para disipar nusetro candor o falsas esperanzas que no servirá para nada. Y para nada no sólo es que el Gobierno del PSOE no atenderá nuestras razones sino que el PP tampoco hará nada en su momento. Son plumas que perdemos por el camino. Y en estas dos legislaturas hemos perdido muchas. Lo que más pesar me da -y confieso que me ha dado el día- es la atinada descripción de Soley en la participación sociológica de la derecha en esta sociedad “progresista” o “de progreso”. Y no porque no lo sepa sino porque, y como bien dice él, verlo en negro sobre blanco te retrata, te da qué pensar y terminas con ese malestar que produce el intuir que luchamos muy poco para cambiar las cosas. Derrotismo, ni más ni menos.

  4. By Fundación Burke on Sep 15, 2010 | Responder

    Siento causarte desazón, Javier; no era ésa mi intención, aunque reconozco que a veces es difícil no caer en el desánimo cuando se ven ciertas actitudes. Lo que quería era hacer notar un problema que me parece grave para ayudar a que quienes pertenecemos a una generación diferente de la de Manuel Fraga no caigamos en los mismos errores que los que nos precedieron. Y sí, no estoy muy convencido de que esto resulte eficaz, pero que al menos quede constancia de que algunos ya lo dijimos. Es posible que sólo se trate del derecho al pataleo de cara a la posteridad, pero tampoco podemos permanecer callados. Un fuerte abrazo y no te desanimes; realismo sí, derrotismo nunca… aunque a veces la línea que los separa sea fina en exceso.

    Un abrazo

    Jorge Soley

  5. By Grillero on Sep 17, 2010 | Responder

    El partido socialista de corte marxista-leninista, (por mucho que lo hayan excluido de sus estatutos) abusa de la demagogia proclamando los derechos y olvidandose muy a menudo de los deberes. Es una forma de atraer a una masa aprovechando su candidez.Usa esta táctica mientras no tiene el total control sobre el poder (ya avisaron de que utilizarian la democracia mientras les conviniese) . Una vez conseguido y consolidado el estado socialista los derechos se vuelven entelequias y los deberes para con el socialismo terminan constriñendo a todos los ciudadanos sin el menor rubor.

    Además ha tenido la habilidad, ayudado por los demas grupos de izquierdas, de trasladar sus propios defectos a la derecha. Es curioso que siempre traten de identificar a la derecha con el nazismo o el fascismo que precisamente son monstruos creados por partidos socialistas.

    La derecha, el PP en este caso, tiene miedo a luchar contra esta demagogia socialista. Tiene miedo a llamar a las cosas por su nombre y cae en la tentación de usar la misma semantica que utilizan los socialistas para difuminar y relativizar las situaciones. El resultado es que no se atreve a mantener con firmeza un marco ideológico definido. Para hacerlo haria falta un lider, un autentico lider que fuese capaz de explicar el pueblo un programa concreto en el marco de unas ideas fundamentales llegado al poder y empezase por desmantelar todo el entramado clientelar organizado por el PSOE a base de enchufes, libres designaciones, subvenciones, prebendas, etc. y procediese a reformar la ley electoral y cuanto hiciese falta para mejorar evitar que este remedo de democracia caiga en manos de una mafia politica.
    Actualmente no parece que lo haya.

  6. By Francisco Balart on Oct 21, 2010 | Responder

    El análisis de Jorge Soley trasciende los dichos de Fraga que los motivan. Es cierto, también en Chile, mi país, que la ideología que anima y encauza al poder es de izquierda, en su versión revolucionaria. Aquí, desde el Frente Popular (1938) en adelante, la zurda corre las banderas hacia su lado, sacude a la sociedad, quiebra las finanzas públicas y crea el caos; la derecha -los militares, en caso de terrorismo extremo- limpian, pulen y dan esplendor a la República… para entregar civilizadamente el poder a sus adversarios, las cuentas en orden,la bolsa gordita, el estado de derecho reconstituído, la partitocracia nuevamente en forma… abono indispensable para mantener a flote la utopía.

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