Tea Party imparable
Desprecio porque la revuelta cívica liberal-conservadora se lleva a cabo en nombre de la libertad, de la nación y de los principios y valores morales que el progresismo combate. Temor (…)
Desprecio porque la revuelta cívica liberal-conservadora se lleva a cabo en nombre de la libertad, de la nación y de los principios y valores morales que el progresismo combate. Temor porque quién sabe si el ejemplo pudiese llegar a cundir algún día en el Viejo Continente, llevándose por delante el progresismo posmoderno que padecemos.
Delaware, Florida, Alaska, Kentucky, Nevada o Colorado. La lista se amplía por momentos. Lo que al principio parecía una excentricidad curiosa, que alcanzó fama con el escaño de Massachusetts, parece hoy un movimiento imparable. El aparato del Partido Republicano no ha generado aún ideas ni hombres capaces de dar alternativas al intervencionista Obama. En parte por crisis política, en parte porque en términos electorales aún queda mucho para las presidenciales de 2012. Algunos críticos en la derecha advierten que esto dividirá o debilitará electoralmente a los Republicanos. Lo cual es cierto, pero sólo si se adopta el punto de vista del GOP. Lo cual aporta poco, porque el Tea Party apela al del ciudadano, al del common man harto del stablishment político-burocrático washingtoniano
Frente a esta limitación propia de los partidos, los rebeldes han llenado el vacío con un discurso fuerte, basado en valores constitucionales y apelando a la América real, que no es la del New York Times o la CNN. Y ésta por ahora les responde. Lo hacen además con un discurso escrupulosamente cívico, a través del cauce institucional, respetando los cauces legales que pasan por las primarias.
Libertad, patriotismo, valores familiares, defensa de la religión, tradición se mezclan en los partiers, que son los que llevan hoy la iniciativa política en EE UU. Demasiado para el progresismo europeo, acostumbrado a llevarla él sin oposición alguna.
Publicado en www.gaceta.es

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