"La superstición es la religión de los espíritus débiles."
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Todas las lecciones que el PP puede aprender del ‘Tea Party’

Publicado por Esteban Hernández el 27 de Septiembre de 2010 en American Review.
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 Es el sueño de muchos, una sociedad civil activa, decidida y organizada, que trata de presionar a partidos y a instituciones para conseguir sus objetivos. Para otros, que ven en (…)

 Es el sueño de muchos, una sociedad civil activa, decidida y organizada, que trata de presionar a partidos y a instituciones para conseguir sus objetivos. Para otros, que ven en el Tea Party los restos de una derecha ultraconservadora que se niega a adoptarse a los tiempos, no es más que una pesadilla. Y para el establishment político es un elemento electoralmente preocupante, toda vez que su irrupción puede provocar notables cambios en el devenir de los próximos comicios. Sin embargo, su importancia trasciende lo que es un espacio concreto, como sería el territorio estadounidense, en tanto la existencia del Tea Party nos habla no sólo de otra forma de hacer política, sino de notables cambios en el tejido y en la mentalidad sociales. En este sentido, incluye una serie de elementos que pueden ser útiles para analizar el nuevo terreno político y para prever las consecuencias que pueden para los partidos, especialmente los de la derecha, que son quienes más afectados pueden resultar, positiva o negativamente, por esta clase de movimientos. Entre ellos:

1. La izquierda es un referente.

Que el Tea Party se activase después de que el gobierno de Obama tomara la decisión de dar dinero a los grandes bancos para evitar su caída, y que tenga como punto cohesionador entre sus muy diversas posturas la defensa del individuo contra el Estado y la indignación contra el gasto gubernamental y contra los impuestos, es coherente con una tradición norteamericana de movilización social antifederal. Como señala el historiador Pablo Sánchez León, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, “la gente participa políticamente a lo bestia en Estados Unidos, donde la cultura grassroots está muy establecida”. Lo que ocurre es que gran parte de esos movimientos que en las décadas precedentes exhibían creencias anarcolocales, han terminado por dar una vuelta ideológica de 180 grados. “Antes había mucha gente rebotada por la izquierda y ahora se rebotan por la derecha. Sin duda, el resentimiento, que ha producido frecuentes derivas ideológicas (pensemos en los años 30, cuando muchos comunistas se convirtieron en fascistas), está jugando ahora un papel importante”.

Pero además de que haya integrantes del TP que antes fueran militantes de izquierda, la influencia de los viejos rojos alcanza otros extremos. Así, el TP está reproduciendo muchas de las tácticas de movilización que las organizaciones de los sesenta llevaron a cabo. “La izquierda inventó una serie de repertorios de movilización a los que se está acogiendo el Tea Party. Y aunque no están haciendo nada innovador, sí les están dando buenos resultados, quizá porque tienen gran conexión con algunas élites políticas”.

2. La derecha reina en la sociedad.

Esta situación, según Juan Carlos Jiménez. Profesor de sociología en la Universidad CEU-San Pablo, forma parte de un cambio sustancial en las ideas dominantes en nuestra época. “La derecha genéricamente considerada, no sólo la estadounidense o la española, está actuando en un sentido más agresivo que antes, cuando la bandera de la denuncia y de la descalificación del contrario la tenía la izquierda. Hoy se muestra con mayor orgullo, y no se avergüenza de decir que es religiosa o que va a bajar los impuestos, cuando hace 20 años tenía muchos más reparos en hacer esas afirmaciones públicamente”. Y ello, asegura Jiménez, porque la primacía intelectual corresponde hoy a posturas conservadoras-liberales. “Los representantes intelectuales de la derecha son hoy más interesantes que los de la izquierda, que ya no producen ninguna figura destacada. La derecha sí, y no sólo en los ámbitos académicos: ahora no están en la universidad, sino en la calle, en internet, en los movimientos sociales”.

3. Las pasiones y los lazos sociales son esenciales.

Frente al cálculo y el pragmatismo con que los partidos tratan las ideas, asegura Rafael Bardají, fundador del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), el Tea Party se muestra como un movimiento fresco “que intenta atraer a sus seguidores a través de mecanismos un tanto excéntricos, pero siempre efectivos. Que el TP tenga grandes líderes mediáticos, como Glenn Beck, presentador de la Fox, o políticos como Sarah Palin, nos demuestra que sus llamamientos son más a los sentimientos que a la razón”. Pero, junto con esta dimensión mediática, el movimiento cuenta con una característica fundamental, que es la importancia que atribuye a las relaciones personales y al contacto directo. “Frente a esa política que se desarrolla como un teatro televisivo frente a una gran audiencia, el Tea Party ha apostado por el cara a cara y por los lazos comunales“.

4. La revuelta contra los partidos está aumentando.

Este movimiento sin un líder claro, “revela un hartazgo contra las formas y las actitudes de los líderes profesionales”, asegura Bardají. Y esto está teniendo consecuencias en el establishment, ya que “el Tea Party también es una rebelión conservadora contra el partido republicano, instigada por una masa de personas que no se encuentran reflejadas en las propuestas del partido que les debería representar”.

5. Hay base social.

La gran pregunta es si este tipo de cambios en la expresión política tendrán su reflejo aquí, si hay algo de esta experiencia que mezcla lazos personales, repertorios de movilización izquierdistas e ideas conservadoras que pueda ser aplicable a nuestro país. Para José María Marco, profesor de Historia de las Ideas Políticas y de Literatura Española en la Universidad Pontificia Comillas, “algo similar al Tea Party vimos durante la primera legislatura de Zapatero. Aun cuando la movilización se llevase a cabo como respuesta a determinadas decisiones gubernamentales sobre educación, familia o terrorismo, y no sobre cuestiones económicas, como hace el Tea Party, aquellas experiencias demostraron que también aquí había una base social que podía activarse con cierta facilidad”.

Coincide Jiménez en señalar la existencia de ese sustrato de descontento, pero cree que será difícil que logre articularse colectivamente, ya que “los partidos no dejan que florezca nada aquí. En España es complicado que pueda existir un Tea Party porque la sociedad civil no es real, sino subvencionada. Los partidos tienen una gran capacidad de penetrar cualquier movimiento”. Según Sánchez León, en España concurre un problema añadido, ya que los grupos que aparecieron en la primera legislatura de Zapatero, y que podrían dar lugar a una versión española del TP, “no necesitan acudir a movimientos extrainstitucionales, ya que tienen un representante dentro del PP, como es Esperanza Aguirre, y tienen también un enemigo claro, como es Rajoy, a quien perciben como un monigote que nada tiene que ver con ellos”.

6. Los caballos pueden desbocarse.

Muchos analistas señalan que, desde el punto de vista de la derecha, el problema del Tea Party es que se convierta en un caballo desbocado que perjudique sus intereses. Así está siendo interpretado en Estados Unidos desde el punto de vista electoral, toda vez que, como una sociedad de clases medias no suele ver los extremismos con buenos ojos, es muy posible que los norteamericanos puedan conceder su voto a los demócratas si perciben las posturas de los republicanos como excesivas. Bardají asegura que esa visión, que es también la común en España, no es tan efectiva como se piensa, como demostró “la campaña de Bush de 2004, que buscó movilizar a los suyos mucho más que buscar a los votantes moderados. No creo que haya que ir al centro para ganar a Obama”. Otra cosa es en España, donde “la lógica es la contraria a la americana, y donde el votante de centro suele ser decisivo”. Eso explica, asegura Sánchez León, “que la movilización que se vivió en la primera legislatura de Zapatero haya sido frenada, ya que podría perjudicar las expectativas electorales del PP. Rajoy sabe que si va por ese camino estaría allanando la llegada de una nueva mayoría de la izquierda parlamentaria“.

7. Hay potencial que no se aprovecha.

Para Marco, ha sido un error que el PP no haya aprovechado el caudal de movlización que tenía en la mano “porque creyó equivocadamente que les había perjudicado en las últimas elecciones. Los partidos políticos no deberían perder la oportunidad que les brindan estas movilizaciones sociales. Y las de 2004-2008 se podían haber reconducido para crear una oposición social a las políticas de Zapatero y más centrada en el discurso político en lugar de dejarlas olvidadas”.

Publicado en www.elconfidencial.com

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