"Existe un amor a la patria que tiene su fuente principal en ese sentimiento irreflexivo, desinteresado e indefinible que ata el corazón del hombre al lugar de su nacimiento."
Alexis de Tocqueville

Suscríbase al boletín:

El verdadero rostro de uno de los grandes “malditos” del siglo pasado.

Publicado por Carmelo López-Arias Montenegro el 9 de Octubre de 2010 en Cultura y Libros.
Enviar el artículo por email
Imprimir este articulo

Tras la Segunda Guerra Mundial, la proscripción en Francia, por “fascistas”, de Louis Ferdinand Céline (huido y condenado en rebeldía) o de Pierre Drieu La Rochelle (quien se suicidó en (…)

Tras la Segunda Guerra Mundial, la proscripción en Francia, por “fascistas”, de Louis Ferdinand Céline (huido y condenado en rebeldía) o de Pierre Drieu La Rochelle (quien se suicidó en 1945) no pudo apagar el eco público de su obra literaria, y resucitaron pronto. En última instancia, sus posicionamientos políticos no obedecían a un pensamiento estructurado y perdurable.

Otros escritores señeros no corrieron tanta suerte, justo por el motivo inverso. Robert Brasillach fue fusilado y a Charles Maurras se le metió en la cárcel con 77 años y se le dejó morir en ella -con internamiento hospitalario las últimas semanas- a los 84, a pesar de que definió la invasión nazi como una “horda bestial”, detestaba a Pierre Laval y en 1941 pidió para los judíos “la seguridad, el respeto, la benevolencia, la justicia, con el máximo de amistad posible”, y a pesar de que su apoyo al mariscal Philippe Pétain obedecía a razones doctrinarias y posibilistas, y no a suerte alguna de colaboracionismo con el invasor alemán.

Así nos lo explica Stéphane Giocanti en la biografía publicada por Acantilado: Charles Maurras. El caos y el orden, una obra que, si resulta apasionante para maurrasianos (que los hay, y en España también) o para simples estudiosos del personaje, de las iniciativas que puso en marcha o del periodo, es todavía más un auténtico modelo para biógrafos. El engarce de vida, obra, pensamiento y circunstancia roza la perfección y demuestra un conocimiento erudito y coherente de la Francia que discurre entre 1868, año en que nace Maurras en la provenzal Martigues, hasta 1952, cuando muere en Tours.

Giocanti no es un panegirista de su personaje ni de sus ideas, pero sí busca presentar la verdad de Maurras en todas sus numerosas aristas, y sobre todo dar cuenta, para quien lo ignore, del papel extraordinariamente relevante que jugó en la vida cultural y política gala durante prácticamente toda su vida.

Y también en el Vaticano. La condena contra Acción Francesa, el movimiento político y revista que él contribuyó a fundar en 1899-1900, por parte de Pío XI en 1926 (San Pío X no había querido hacerlo doce años antes), marcó no sólo la vida eclesial del influyente catolicismo francés, sino que fue signo del intenso debate interno que vivía la Iglesia ante el triunfo universal del liberalismo, contra el que llevaba más de un siglo luchando.

La paradoja fue tan brutal que el movimiento que más y mejor había librado durante un cuarto de siglo las batallas por la religión católica en la descristianizada Francia, veía a sus miembros excomulgados y sin derecho a los sacramentos. Esto no afectó tanto a Maurras, que se confesaba agnóstico, como a miles de católicos a quienes Pío XII alivió la vida espiritual en 1939, levantando la sanción nada más llegar al Pontificado y por consejo del cardenal Alfredo Ottaviani, futuro prefecto de la que hoy es Congregación para la Doctrina de la Fe.

Aunque no abunda en el tema, Giocanti suministra las claves principales de este affaire, como del otro gran momento dramático de Maurras, su condena por “colaboracionista”. Explica muy bien que el escritor francés no creía en un antisemitismo racista, sino “de Estado”. Es decir, como hijo y actor del gran asunto político de la Francia del cabo de siglo, la condena de Alfred Dreyfus, Maurras consideraba que el poder social y político de los judíos debía limitarse, como el de los comunistas o los masones. No justifica el autor esa idea, pero sí explica por qué es compatible con el horror que sintió Maurras, incrédulo al principio, al conocer la existencia de los campos de concentración.

Donde brilla sobre todo esta obra magna de Giocanti es al explicar la influencia cultural y literaria de Maurras. Hoy es políticamente correcto en Francia prescindir de esa realidad, como en España es políticamente correcto pasar como sobre carbones encendidos por la de Ernesto Giménez Caballero (1899-1988) y la Generación del 27. Pero lo cierto es que en torno al autor de Encuestra sobre la monarquía circularon de una forma u otra nada menos que Jacques Bainville, Léon Daudet, Maurice Barrés, Georges Bernanos, Jacques Maritain o Paul Bourget. Y Marcel Proust y él manifestaban y se manifestaban una mutua admiración.

Un editor de raza como Jaume Vallcorba ha sabido entender esta importancia al publicar y presentar personalmente una biografía puede decirse que casi pionera en España, donde en el último medio siglo Maurras era conocido sólo para una minoría. Ahora podrá calibrarse la verdadera dimensión de su figura, y disfrutar de una lectura que supone un verdadero placer intelectual por sus aportaciones históricas y su prosa elegante y precisa.Publicado en www.elsemanaldigital.com

Envíe un comentario