Una guía práctica para saber si el Anticristo está ya entre nosotros
John Henry Newman está de actualidad y con él renacen antiguas polémicas. Todo ello sirve para rescatar sus obras más señaladas. Como cuatro, muy breves, que producen cierto escalofrío.
Uno de los momentos clave del reciente viaje de Benedicto XVI al Reino Unido fue la beatificación del cardenal John Henry Newman (1801-1890). Su conversión al catolicismo en 1845, cuando su prestigio intelectual estaba en pleno auge, supuso un punto de inflexión en la historia de la Iglesia de Inglaterra. Su ejemplo y sus razones atrajeron a la Iglesia, en vida y a su muerte, a miles de anglicanos, y sirvieron de caldo de cultivo al incesante goteo de pensadores y fieles “de a pie” que fueron recalando en las aguas de Roma durante todo el siglo XX.
Los enemigos del Papa Joseph Ratzinger han visto en esa beatificación una bofetada al anglicanismo, que vive una profunda decadencia, entregado a disputas sobre la ordenación de mujeres y la homosexualidad de sus obispos mientras la sociedad británica se descristianiza día a día. Pero esa polémica no ha hecho sino acrecentar en todo el mundo el interés por la obra de Newman, y sirve para rescatar algunos textos llamativos y en cierto modo “incómodos”.
Valgan de ejemplo los Cuatro sermones sobre el Anticristo que acaba de publicar El Buey Mudo. Abordan un cuestión presente en el Nuevo Testamento, sobre la cual la Patrística habla sin restricciones y que los teólogos consideraban sin rubor hasta los años del postconcilio, de tan escaso aprecio por las postrimerías. A saber, la figura del Anticristo, el “hombre de pecado” del que habla la Biblia, pero con tanta ambigüedad que apenas nada puede afirmarse con certeza.
Eso permitió a Hollywood en los años setenta ocuparse del tema con tanta eficacia terrorífica como liviandad doctrinal: ahí están La semilla del diablo (1968) de Roman Polanski o La profecía (1976) de Richard Donner.
Dos escuelas
Como señala David Amado en el prólogo, los teólogos se han dividido clásicamente en dos escuelas.
Unos consideran al Anticristo “un sistema ético o político” opuesto a Cristo y a su Iglesia. Y si se llegó a pensar en el comunismo como su expresión más violenta, también lo fue el humanitarismo, señalado con el dedo por Robert Hugh Benson en su célebre novela apocalíptica El amo del mundo (1908).
Otros, sin embargo, más en consonancia con la tradición patrística, consideran que el Anticristo será una persona humana concreta. No un demonio (ni un hijo del demonio, como la fantasía de Polanski hacía concebir a Mia Farrow), pero sí alguien entregado en cuerpo y alma al mal, y tal vez adornado por poderes permitidos por Dios para cumplir su inquietante e incógnita misión.
Y ésta es también la opinión de Newman, expresada en cuatro sermones del Adviento de 1835, cuando aún era anglicano, y que reflejan su profundo conocimiento de las Escrituras y de los pasajes consagrados al tema por San Ireneo, San Hipólito, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo o San Agustín.
El nuevo beato católico analiza en ellos el tiempo del Anticristo, es decir, cuándo aparecerá; su religión, o con qué engaños se presentará ante los hombres; su ciudad, esto es, el ámbito comunitario que utilizará para su expansión; y la persecución que desatará contra los cristianos.
¿Qué hay en estas páginas de la hipótesis, siempre inquietante, de la presencia de un Damien (el Anticristo de La profecía) entre nosotros? Newman no juega a los adivinos, pero causa cierto escalofrío que algunas características de la época en que ese estremecedor individuo empiece a actuar se parezcan a la nuestra: “El hombre de pecado nace de una apostasía”, asegura. Y la define con una serie de preguntas, de las que entresacamos dos: “¿No existe un empeño febril y permanente por deshacerse de la necesidad de la religión en los asuntos públicos?”; o “¿No existe el intento de educar sin religión, o sea, poniendo a todas las formas de religión al mismo nivel?”.
Que el juicio sobre la época en que uno vive tiene una fuerte carga subjetiva y se hace sin perspectiva lo prueba que estas palabras, que formaban un aviso acuciante, se pronunciaron hace ya casi dos siglos.
Pero que nuestros días se asemejen a los que la tradición patrística señalaba como propicios al Anticristo no es un buen indicio. Así que mejor démosle la vuelta a la situación, sugiere Newman. Que si Damien sigue preso en el celuloide, viviremos un poco más tranquilos.Publicado en www.elsemanaldigital.com

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1 comentario a “Una guía práctica para saber si el Anticristo está ya entre nosotros”
By Angel Oteros on Oct 22, 2010 | Responder
En efecto, en las Sagradas Escrituras se hace referencia a un tiempo de tribulación, el cual se está viviendo ya en estos mismos instantes.
Además, jamás las Sagradas Escrituras se hace mención a un individuo en concreto. Pues se habla del Anticristo de manera plural, no singular.
Por lo tanto de la misma manera que Cristo reside en el corazón del hombre, la antítesis de este elemento puro de la Jerarquía Divina Superior es su contrario. En una palabra, cuando caemos en el error estamos siendo absorvidos por este Anticristo interior.
En estos momentos el cristianismo está pasando por un proceso de Anticristo. Que una iglesia como la anglicana en la cual en su seno se han casado monaguillos con curas es para tomar la espada Excalibur y empezar a repartir Justicia Divina al estilo de San Miguel.