"The truth is, politics and morality are inseparable. And as morality's foundation is religion, religion and politics are necessarily related. We need religion as a guide."
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El caña party

Publicado por Rafael L. Bardají el 26 de Octubre de 2010 en American Review.
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Mis amigos del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) han dado con la mejor traducción para España del ‘Tea Party’ norteamericano, el caña party. Responde muy bien al espíritu del movimiento (…)

Mis amigos del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) han dado con la mejor traducción para España del ‘Tea Party’ norteamericano, el caña party. Responde muy bien al espíritu del movimiento conservador en Estados Unidos a la vez que recoge el sentimiento de muchos españoles sobre lo que se debe hacer frente al gobierno: dar caña.

Es curioso, pero fuera de América pocos sitios han mostrado tanta atención al Tea Party como España. Y es que el fantasma de una rebelión conservadora recorre a nuestro establishment político nacional. La izquierda lo teme, la derecha lo mira con estupor.

En cualquier caso, todos corren a asegurar que el fenómeno americano no puede tener traducción en nuestro país. Y, sin embargo, los ingredientes del Tea Party están presentes entre nosotros: la condena de un gobierno al que se juzga como desastroso para el país y la frustración con una oposición de la que se espera mayor dureza. Es más, también compartimos la existencia de grupos y figuras mediáticas que promueven esta especie de insurgencia contra la política establecida.

Lo que falta aquí es una figura relevante del PP que asuma abiertamente la bandera del caña party, no en lo meramente táctico, sino como planteamiento ante las elecciones generales. Y es precisamente en este terreno donde las diferencias son abismales entre Estados Unidos y España.

Alberto Recarte en su reciente informe El desmoronamiento de España ofrece tangencialmente una explicación a muchos de nuestros males: el sistema partitocrático fijado durante la transición. Y es que a diferencia de América, aquí los partidos controlan férreamente la elaboración de las listas electorales, favoreciendo a unos y castigando a otros candidatos según opacos criterios; igualmente, al ser aquí las listas cerradas, el contacto -y la responsabilidad- de los electos con sus votantes tiende a ser el mínimo.

Dicho en otras palabras, la combinación del funcionamiento escasamente democrático de los partidos políticos españoles y una ley electoral que limita la capacidad de influencia del votante, son los obstáculos objetivos para que un Tea Party a la española prospere. Y la verdad es que la experiencia reciente no es muy alentadora para los cambios del sistema.

En los 80, por ejemplo, el trostkismo español optó en buena parte por una estrategia de penetración del partido socialista, el “entrismo” lo llamaron. Pero a tenor de lo que es hoy el PSOE, imagino que aquellos dirigentes de la LC y LCR se habrán dado cuenta de su nula influencia. Otros casos externos a los partidos establecidos, como Ciutadans en Cataluña o UPyD, se han demostrado como experimentos fallidos. Simplemente porque jugar en el patio de los mayores en pantalones cortos no es posible.

Ahora bien, que el caña party no llegue a existir no tiene nada que ver con la madurez de la sociedad española, con la tradición libertaria americana o con cualquier otro factor socio-político. Se deberá al blindaje de un sistema electoral de partidos que se creó pensando en el siglo XIX y que por intereses creados de unos cuantos, pervive, obsoleto, en el Siglo XXI.

Publicado en Expansión

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