El Estado Servil
Creo que esta semana don Eulogio y yo vamos a congraciarnos. El autor es de los que cuenta con su aprobación, y con la mía. Un representante -Hilaire Belloc, el (…)
Creo que esta semana don Eulogio y yo vamos a congraciarnos. El autor es de los que cuenta con su aprobación, y con la mía. Un representante -Hilaire Belloc, el ‘alter ego’ de Chesterton- de ese pensamiento económico profundamente católico y tradicionalista que se llama distributismo. Por otro lado, está claro que la editorial El buey mudo ha decidido poner a nuestro alcance textos sobre ciencias sociales que todos considerábamos imprescindibles, pero que comenzaban a ser difíciles de encontrar. Esto es muy de agradecer.La obra de Belloc que presentamos hoy no es un texto de Economía en sentido estricto, pero tiene un fuerte interés para los economistas. Así suele citarse la fuerte influencia que le reconoce a la misma el Nobel de Economía Hayek en su obra más conocida, que tampoco es, estrictamente hablando, un texto de economía: Camino de servidumbre. La tesis del libro es muy conocida: el Estado moderno camina hacia el establecimiento de la obligación de aceptar un trabajo asalariado para una mayoría de la población carente de medios para subsistir, mientras que otra minoría acumula dichos medios. Finalmente, sólo el segundo de estos dos grupos gozará propiamente de libertad política mientras que al primero se le asegurarán sus necesidades económicas.
Lo importante del texto de Belloc es que anuncia en fecha tan temprana como 1912 ese objetivo: dos grupos sociales con derechos político-económicos diferenciados, y que no es otro que el socialismo, no pasa como pensaban algunos por la dictadura del proletariado o el establecimiento de las repúblicas socialistas que padecimos en Europa Oriental hasta hace veinte años. Dicho objetivo se alcanzará por una alianza entre las élites económicas y políticas. En el fondo lo que nos anunciaba hace ya casi un siglo el Viejo Trueno es que lo que se está imponiendo no es el denominado socialismo real, que finalmente resultó vencido, sino la socialdemocracia, cuyos efectos pueden ser más letales porque al imponerse poco a poco reduce la capacidad de reacción del cuerpo social.
Tenemos multitud de ejemplos del buen predicamento de que gozan sociedades muy igualitarias en Europa en donde, sin embargo, las grandes fortunas han sobrevivido en alianza con el poder político: el caso paradigmático es Suecia, como lo fue la Alemania nazi en el periodo de entreguerras. Para muestra un botón en la página 152: Si a los millones de familias que hoy viven de un salario se les propone un contrato vitalicio de trabajo que les garantice la perpetuidad del empleo, con el salario íntegro que cada uno considere que gana normalmente, ¿cuántos lo rechazarían? (…) un contrato así que en lo sucesivo destruiría el contrato y restablecería un estatus de índoles servil, sería mirado actualmente como una bendición por la gran mayoría del proletariado.
Pero más preocupante aún es la pregunta que nos hace el autor en la página siguiente: Algunas generaciones atrás, apremiado un hombre a decir por qué abjuraba de su hombría en cualquier asunto, hubiera contestado que porque temía el castigo impuesto por la ley; hoy diría que porque teme quedarse sin trabajo.
Lo peor del libro de Belloc es que el futuro que anticipa ya está aquí y forma parte, por ejemplo, de nuestra Constitución, que en su artículo 38 fija nuestro sistema económico dentro de los que denominamos de economía mixta o social de mercado, una solución que aparenta intermedia entre marxistas y liberales. Pero sólo lo aparenta.
Publicado en www.hispanidad.com

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1 comentario a “El Estado Servil”
By Jose Luis on May 20, 2012 | Responder
La unica diferencia entre el Estado de Bienestar y el Estado Servil que aqui se propone es un mero contrato, lo demas es mas de lo mismo La mano invisible del Mercado deberia ir por encima de la mano sigilosa y rapaz del Estado.