"Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores."
Edmund Burke

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Sin razones para votar

Publicado por Carlos Segade el 22 de Noviembre de 2010 en Política y Sociedad.
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No es extraño que una mayoría inmensa de catalanes afirme en las encuestas que se abstendrá en las elecciones. Los partidos políticos, nuevos y viejos, han renunciado voluntariamente a dar (…)

No es extraño que una mayoría inmensa de catalanes afirme en las encuestas que se abstendrá en las elecciones. Los partidos políticos, nuevos y viejos, han renunciado voluntariamente a dar razón de sus planteamientos. Votar ahora es equivalente a darse un revolcón político.Los socialistas han recurrido al sexo, igual que Ciudadanos o Nebrera. Creo que es la primera vez que en unas elecciones donde quiera que sea, la sexualidad se esgrime para captación del voto, fuera de partidos marginales con clara vocación pasajera. Cierto es que el mensaje de Ciudadanos es distinto que los otros, pero la forma provocadora de su mensaje visual va muy en la línea del impacto morboso totalmente innecesario.

El recurso a la sexualidad fácil no es más que la expresión de que lo que importa en la política, en el fondo, es la irracionalidad. Esto tiene consecuencias más serias de lo que parece.

Cuando se da paso a la emoción, al sentimiento, y este se prima por encima de otras consideraciones, es que la razón se aparca para dar paso a las emociones poco refrenables. Los partidos políticos están perdiendo su razón de ser y se están convirtiendo en asociaciones que exigen de los ciudadanos no la reflexión de sus propuestas sino su adhesión emocional.

Los partidos no son más que instrumentos de las agrupaciones de ciudadanos que aspiran a administrar el bien común a través del entramado estatal. Su heterogeneidad viene dada, mejor dicho, debería venir dada, por la confrontación de ideas tanto interna como externa.

Los partidos totalitarios han apelado siempre al sentimiento de los pueblos, agitando fobias y filias para que no quepan argumentaciones racionales que les hagan peligrar. Hace años que ya venía sucediendo esto en España con los partidos nacionalistas, con su reivindicación de lo diferencial, un ente totalmente imaginario. Ahora nos encontramos que esa deriva irracional también ha llegado al resto de partidos.

La Administración del Estado es una cosa muy seria que, como muchas realidades humanas, se puede llevar a cabo desde presupuestos diferentes, algunos basados en aspectos técnicos y otros dejados más al albur de lo ideológico pero, en cualquier caso, discutibles. Esta discusión, ya desde los primeros tiempos de la democracia, era la esencia fundamental de la política.

Para el político contemporáneo convencer no es una prioridad. El marketing político, que originalmente fue un instrumento de comunicación, ha transformado la política misma y ha convertido lo accesorio, el impacto visual, en fundamental y lo fundamental, la propuesta de gobierno, en accesorio.

Las emociones no son rebatibles, por eso son patrimonio apreciado por los dictadores. Pero de lo que no se dan cuenta es de que al agitar las emociones, a veces la respuesta, también emocional, no es la esperada. La lengua popular traduce los complejísimosentramados emocionales en términos muy sencillos: “para gustos pintan colores” o el proverbio más filosófico “el corazón tiene razones que la razón no logra comprender”. Es decir, la motivación de los actos humanos tiene un componente emocional muy fuerte que es totalmente subjetivo, o me gusta o no me gusta. Eso se puede aplicar al chocolate, a la tónica, al yogur o a las espinacas, pero carece de sentido en el ejercicio de labores que implican una dosis alta de racionalidad. Lamentablemente para los ciudadanos, estas últimas son las que están en juego.

La abstención de los catalanes no muestra tanta indiferencia como inteligencia. La respuesta lógica a tanta agresión emocional es la reivindicación de la razón y de la lógica. Ya decía Tocqueville que una de las consecuencias no deseadas de la democracia es la inevitable ascensión de los políticos mediocres, que son los que a falta de propuestas inteligentes ofrecerían contentar al mayor número posible de ciudadanos para auparse al poder. Desgraciadamente, esta versión de la mediocridad corregida y aumentada la estamos viviendo ya en el espacio político español. Los catalanes puede que tengan un amplio panorama de emociones para votar, pero razones, por lo que se ve y se oye, ninguna.

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