Saber español: un buen negocio
El profesor José Luis García Delgado ha publicado un reciente informe sobre el español como lengua global y su relación con la economía.Una de sus conclusiones, como han recogido los (…)
El profesor José Luis García Delgado ha publicado un reciente informe sobre el español como lengua global y su relación con la economía.Una de sus conclusiones, como han recogido los medios de comunicación, es que la lengua españolacontribuye a la riqueza nacional con aproximadamente un 16% de su PIB.Es bien sabido que el español es la segunda lengua de comunicación del mundo por número de hablantes; representa la cuarta lengua más utilizada en internet por detrás del inglés, japonés y alemán, en este orden, y por delante del chino mandarín. Su demanda es creciente en aquellos países con los que España tiene una relación muy directa desde el punto de vista económico, como por ejemplo Brasil, por citar una economía emergente, y los Estados Unidos, el bastión del avance industrial y tecnológico. En los países anglófonos europeos, Inglaterra e Irlanda, el español tiene una demanda imparable en los centros escolares compitiendo abiertamente con el francés, que ha sido la lengua tradicionalmente impartidaen la enseñanza media.
Según el Instituto Cervantes, sintomáticamente, la demanda de titulación de español como lengua extranjera (certificación DELE) ha crecido un 16% con respecto al año anterior, tras haber alcanzado una cifra totalen torno a las 60.000 matrículas entre todos los 650 centros que el Instituto tiene por todo el mundo. Es una cifra notable, pero manifiestamente mejorable.
Solo en los Estados Unidos, por ejemplo, habla español un 10.7% de la población según el WorldFactbookde 2010, casi tres veces más que la suma del resto de lenguas indoeuropeas juntas. Esto quiere decir que más de treinta millones de personas hablan español habitualmente, a lo que hay que sumar los que la conocen pero no la utilizan de forma habitual. Solo en California lo hablan casi seis millones de personas, en Texas superan los tres millones y medio y en Nueva York unos dos millones, más o menos como en La Florida, aunque habría que seguir citando cifras millonarias en otros Estados de la Unión hasta llegar a una docena donde el español es vehículo frecuente de comunicación.En definitiva, el español es la segunda lengua más hablada y entendida de los Estados Unidos, la primera potencia mundial en el orden económico.
Lejos de ser consciente de esta realidad, el ciudadano español vive ajeno e incluso de espaldas a ella. Los españoles tienen un gran complejosobre el uso de su lengua común, alimentado por cuestiones políticas internas incomprensibles para el resto del mundo. Desde España se tiene la impresión de que hay una lengua dominadora, el inglés, que lo puede todo, y una lengua incipiente que asciende puestos sin parar, el chino, que representa el futuro. Todos los demás hacen lo que pueden como lenguas minoritarias. Los nacionalistas españoles han convencido a los castellano-parlantes de que su lengua es tan minoritaria con respecto a las demás como lo son sus lenguas vernáculas con respecto al español. Ambos presupuestos son falsos. La realidad es que el resto de hablantes no peninsulares compiten de tú a tú con los hablantes de las lenguas mayoritarias mientras que los peninsulares no abren la boca por miedo a hablar “solo” español.
Aunque el factor más importante para aprender una lengua debe ser la cultura y no la economía, es cierto que la expansión del español por el mundo podría proporcionar a España un incremento notable de renta mediante la exportación de profesorado, material y recursos lingüísticos de los que existe ya actualmente una fuerte demanda real que no puede ser atendida debidamente.Esto tendría como efecto que, a su vez, se potenciaría la importación de estudiantes de español que verían en nuestro patrimonio cultural (el segundo en importancia en el mundo después de Italia) una oportunidad para formarse en la cultura que conocen a través de la lengua.
El estudio del profesor García Delgado también destaca, con acierto, el ahorro de costes empresariales que supone utilizar una lengua mayoritaria. Sin embargo, imbuidos de los efectos de la creencia popular, muchos empresarios españoles se empeñan, con iniciativas que rozan el ridículo, en “anglosajonizar” sus empresas con la equivocada idea de que renunciando al español conquistarán medio mundo.
Todo esto pone de manifiesto que España está dejando pasar una oportunidad histórica para su crecimiento económico y cultural como tal vez no se vuelva a presentar en varias generaciones.
Es necesario que a los españoles se les diga la verdad sobre su propia lengua y que no se dejen engañar por las élites acomplejadas. España, como puede hacerlo, debe convertirse en un gran proyecto cultural internacional porque objetivamente está en una situación privilegiada para ello. Hay que alabar la dedicación del Instituto Cervantes y de todos los profesionales que lo componen, pero aún hay mercado para no solo duplicar, sino quintuplicar sus centros y el número de matrículas.
Cualquier esfuerzo que se haga, especialmente si viene de la iniciativa privada, a favor del proyecto cultural español supone automáticamente una desviación de renta a favor del resto de los españoles. Si además se contara con la colaboración de un Estado comprometido con el proyecto cultural español, se conseguiría un efecto multiplicador con unas consecuencias favorables para los españoles difícilmente imaginables.

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