Una aproximación económica a la obra clave de Kirk
Algunos me dirán que este no es exactamente un libro de Economía. Totalmente cierto. Pero la enojosa clasificación de las posiciones políticas en izquierda y derecha, hacía necesario un texto (…)
Algunos me dirán que este no es exactamente un libro de Economía. Totalmente cierto. Pero la enojosa clasificación de las posiciones políticas en izquierda y derecha, hacía necesario un texto clarificador como éste, porque la gran línea divisoria de la política moderna (…) no es la trazada entre totalitarios, por un lado, y liberales (o libertarios), por otro, sino la que separa a quienes creen en un orden moral trascendente, por un lado, de los que, por otro lado, cometen el error de pensar que nuestra efímera existencia individual es el fin último de todas las cosas (pág. 139) Y era necesario, sobre todo, para los que nos pasamos la vida discutiendo con gente que unas veces son de derechas, pero partidarios de la intervención pública en economía hasta extremos insospechados, y otras son defensores del modelo de competencia perfecta impuesto por decreto ley. El conservadurismo es otra cosa porque no es una ideología, como indica Kirk.
Las mejores afirmaciones sobre lo que es el conservadurismo están al comienzo del texto: El conservador sabe que el individuo es necio pero la especie es sabia; consecuentemente en contra del intelectual pretencioso, declina la tarea de reconstruir la sociedad y la naturaleza humana sobre el escaso capital de su razón privada. (pág. 26). Esto es suficiente para entender que los modelos de planificación central, como el que soportamos actualmente en banca, o de competencia perfecta por imperativo de alguna directiva de la Unión Europea no son compatibles con el adjetivo conservador.
Pero como he decido sólo hablar de economía a pesar de que el verdadero conservador sabe que el problema económico se mezcla con el político, y el problema político con el problema ético, y éste con el problema religioso (pág. 27), me centraré en el capítulo 10, dedicado a Wilhelm Röpke, el asesor económico de Adenauer y del milagro económico alemán occidental, porque ya saben ustedes que el oriental todavía lo están esperando y eso, que desde la unificación, las cosas han mejorado mucho por allí. Röpke era un imponente adversario de las economías socialistas (pág. 145) porque el incremento de la coerción impide el curso natural del desarrollo (pág. 147) además de que el socialismo, en palabras del propio economista, se preocupa menos por los intereses de las masas que por los de esos intelectuales (pág. 149). Pero eso no le hace olvidar el encaprichamiento con el racionalismo (…) que es el responsable de inspirar una confianza ciega en la economía de mercado competitiva (…) y ha sido capaz (…) de desprestigiar una idea fundamentalmente sana que ha acelerado el auge del aún más pernicioso colectivismo. (págs. 148 y 149), tan corriente en nuestra eurocracia. Y es que lo que persigue el conservadurismo en Economía es la restauración de la libertad humana mediante la promoción de la independencia económica (pág. 149) porque de todos los males que nos afligen (…) el peor de todos es la proletarización (…) que el socialismo se ha encargado de agrandar esa clase hasta incluir en ella prácticamente a toda la humanidad (pág. 148). Todo esto debiera servirnos para comprender que los conservadores no defienden el intervencionismo estatal, pero tal vez no nos valga para comprender por qué no son liberales, o libertarios ideológicos, como prefiere denominarlos hasta que en el capítulo 8 afirma que son doctrinarios radicales que desprecian el legado de manos de nuestros ancestros (…) son anarquistas “filosóficos” vestidos de burgueses. De las viejas instituciones de la sociedad, sólo la propiedad privada les parece digna de ser conservada (pág. 134) y es que los libertarios están metafísicamente locos (pág. 138). En el mismo sentido es muy interesante la nota del editor (págs. 11 y 12).
Sin embargo, si algo me gusta de Kirk son afirmaciones como esta de que el intelectual y el ideólogo merecen ser arrojados en las tinieblas exteriores por los dioses, los hombres y los libreros (pág.25), tan políticamente incorrecta como alguien que está al margen de las ideologías, y a quien los intelectuales, prosocialistas o promercados, pero todos subvencionados, le empalagan tanto como a mí. No lo duden, quince lecciones cortas y amenas, compuestas por quince textos de Russell Kirk de diversa procedencia, que aquí se amalgaman con maestría, les aclararán a ustedes muchas cosas.
Qué significa ser conservador
Autor: Russell Kirk
Editorial: Ciudadela. Madrid, 2009
Número de páginas: 222
Fecha publicación: 01/12/2010
Publicado en www.hispanidad.com

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