Para comprender la crisis
Ya ven ustedes que ahora don Eulogio ha decidido que esta colaboración salga los martes, sólo por dejarme a mí sin el merecido puente de la Inmaculada, que tanto me (…)
Ya ven ustedes que ahora don Eulogio ha decidido que esta colaboración salga los martes, sólo por dejarme a mí sin el merecido puente de la Inmaculada, que tanto me merecía. Pero bueno, vamos al tajo, no sea que decreten el estado de alarma en Hispanidad y me militarice el director de este diario. Como vienen quejándose ustedes del volumen de los volúmenes cuya lectura les recomiendo, y aunque la semana pasada ya aflojé un poco el nudo de la corbata lectora, esta semana les vengo a recomendar un texto corto, agradable y muy didáctico sobre el tema que más nos gusta hoy en Economía: la crisis actual. El libro se publicó hace un año y, la verdad, es que ahora la relectura es mejor, porque los acontecimientos del último año hacen que tanto los acontecimientos, como algunas de las medidas que están tomando las autoridades occidentales, puedan verse con más perspectiva.El texto en sus tres primeros capítulos les mostrará las posiciones de algunos de los grandes economistas de la Historia ante el fenómeno de las crisis económicas, así como la historia de las crisis económicas del siglo XX. Los tres siguientes les relatan la crisis económica actual en Estados Unidos, España y una batería de propuestas, para terminar con un capítulo de conclusiones. Me interesa destacar la frase última con la que acaba el capítulo quinto (pág.144): La situación que se crea, por tanto, tras el derrumbamiento inmobiliario es su apuntalamiento por el sistema financiero y el apuntalamiento de éste por el Estado español, porque esta es la base sobre la que se han generado los problemas acerca de los posibles rescates de países como Irlanda o España. El capítulo sexto, el de las soluciones, coincide a grandes rasgos, porque éste es un texto mucho más corto y profundo, con el análisis del problema institucional de España que hacía el señor Recarte en el texto que comentamos en esta misma sección hace tres semanas. Sin embargo, me ha parecido de gran interés el análisis del problema de la educación superior en España, muy certero, tal vez porque está hecho por dos rigurosos profesores de Historia económica, y en el que destaco afirmaciones como que El educativo es uno de los terrenos más intervenidos políticamente y, posiblemente debido a ello, de los más decepcionantes a la hora de cumplir lo que se espera de él (pág. 167) o aquella otra que afirma que respecto de los titulados universitarios tenemos un problema de fondo: o bien no estamos tan bien formados como determinadas estimaciones de capital humano reflejan -hay una burbuja educativa, la conocida por “titulitis”-, o bien la economía española, por razones extrañas e inexplicables, desaprovecha ese caudal de capital humano y genera empleo de bajo nivel. Mi opinión, por la observación de las aulas y de las empresas, es que son las dos cosas, porque en España llevamos años insistiendo en la contención de los salarios como modo de competencia internacional, y esto que puede ser cierto para determinados sectores, no lo para todos. En España hablamos de la mano de obra como una commoditie que decimos los anglopedantes, es decir, como un bien fungible, cuando lo que hay son muchas manos de obra. Por otro lado, la inversión pública en investigadores se ha convertido, a pesar de su cicatería, en un derroche cuando no les podemos ofrecer un puesto de trabajo acorde con sus capacidades en España, y esto ocurre con mucha más frecuencia de lo que sería deseable. No les voy a aburrir con las críticas al modelo educativo ni a la selección de profesorado, interesantísimas, pero sí quiero destacarles esta muy valiente afirmación: El sistema educativo no necesita más regulación ni fondos públicos (ni privados) para cumplir su cometido. Lo que necesita con urgencia es una eliminación radical de las trabas y regulaciones actuales que impiden su correcto funcionamiento (pág. 177). Esta misma idea, me hubiera gustado que la aplicaran los autores al problema del sector financiero que, sin embargo, les parece víctima de la desregulación, siendo como es, probablemente, el sector más regulado del mundo occidental porque como afirman los autores en las conclusiones: la crisis actual sí se pudo haber previsto y haber impedido que alcanzara tan grandes proporciones porque por razones políticas (…) no se permitió que los tipos de interés y de cambio se ajustarán a las abundancias y escaseces del comercio internacional (pág.190). Es decir, la supuesta independencia de los bancos centrales no debió funcionar, ni luego la de los supervisores. Por último, como advierten los autores, esta crisis es estructural y no coyuntural. Bajo mi punto de vista, tras la caída de las economías de planificación central en 1989, esta puede ser la del Estado del Bienestar o de confabulación de la plutocracia y la política. Por último, y para combatir la autosatisfacción española, que me parece tan peligrosa como nuestra falta de autoestima por nuestra Historia (o tal vez sean las dos caras de la misma moneda) es interesante destacar que ha habido un crecimiento en términos reales y convergencia en términos relativos, más con Europa que con los Estados Unidos. Sin embargo, a largo plazo, la situación de España en 2008 es similar a la que tenía en 1870 cuando la renta era un 60 por 100 de la norteamericana, un 80 por 100 de la alemana y muy similar, incluso algo superior, a la italiana. El patrón de crecimiento (…) ha sido de atraso hasta la segunda mitad del siglo XX y de recuperación a partir de los años sesenta del siglo XX (…) que se inició con la liberalización económica que supuso el Plan de Estabilización de 1959 (págs. 196 y 197).
Bueno, les dejo con el libro, breve y bueno, claro como corresponde a la cortesía de sus autores. No desaprovechen la oportunidad: bastan tres horas para leerlo.
Autor: Gabriel Tortella y Clara Eugenia Núñez Editorial: Gadir, 2009 Número de páginas: 210 Fecha publicación: 07/12/2010
Publicado en www.hispanidad.com

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