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Pensiones insostenibles

Publicado por Gabriel Calzada el 19 de Diciembre de 2010 en Política y Sociedad.
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Los principales partidos españoles han confirmado que España llevará a cabo una suspensión parcial de pagos. El incumplimiento del compromiso no consistirá, por ahora, en un default de la deuda (…)

Los principales partidos españoles han confirmado que España llevará a cabo una suspensión parcial de pagos. El incumplimiento del compromiso no consistirá, por ahora, en un default de la deuda pública, que afectaría decisivamente a la posibilidad de financiación y refinanciación del Estado.Eso vendrá más adelante, si el Gobierno no recorta decididamente el tamaño del Estado y pone ya en marcha las reformas estructurales que eliminen las actuales barreras a crear empleo y empresas competitivas en este país. España se hunde, se desmorona, según la acertada expresión acuñada por Alberto Recarte. Por ahora, la suspensión anunciada se limita a incumplir las promesas de los pagos a los más débiles: los jubilados.

Resulta patético ver a los representantes de nuestra partitocracia en el Pacto de Toledo, vendiendo como deseable y necesaria una suspensión parcial de unos pagos que llevan años prometiendo falsamente como garantizados a medio y largo plazo. El acuerdo al que han llegado consiste básicamente en rebajar la ya de por sí baja pensión entre un 5% y un 10%, dependiendo de en cuántos años se amplíe el cómputo de la pensión (a 20 ó a 25 años) y obligar a los asalariados a pagar más por ella, forzándoles a trabajar más años.

A juzgar por las primeras declaraciones, la consigna oficial parece ser que, a la hora de explicar la medida, los políticos han de envolverla en palabras altisonantes como solidaridad y consenso. Pero no puede ser más falso.

La decisión no es ni solidaria ni consensuada. Se puede argumentar que no había alternativa, que después de años mintiendo a los españoles sobre la naturaleza fraudulenta de las pensiones públicas de reparto (cuyo funcionamiento está estrictamente prohibido en la Ley de Ordenación del Comercio Minorista) había que reconocer la realidad, que el sistema público de pensiones es insostenible y que, en palabras del flamante premio Rey Juan Carlos de Economía 2010, Pedro Schwartz, se dirigen al abismo.

Pero argumentar que la reforma es solidaria es una nueva tomadura de pelo a personas que, con esta medida, los políticos reconocen haber empobrecido durante años. Ni es solidario el sistema monopolístico y coactivo por el que se enfrenta a unas generaciones con otras, ni tiene el más mínimo resquicio de solidaridad obligar a los mayores a pagar y trabajar más años para recibir menos pensión.

Tampoco es cierto que la medida haya sido consensuada. Un consenso surge del acuerdo de las partes, y es evidente que en el importante caso que nos ocupa sólo están de acuerdo en suspender parcialmente pagos los políticos, que nos obligan a participar en este sistema de pensiones que parece sacado de un manual de trilería. Los usuarios no aparentan estar muy de acuerdo, a juzgar por las encuestas.

El recorte de las pensiones llega en medio de la dramática situación financiera de España. La imagen que dan los políticos al llevar a cabo los recortes es que el sistema era tremendamente generoso. Nada más lejos de la realidad. Las pensiones no son altas.

Si el mismo dinero aportado por los trabajadores a lo largo de su vida laboral se hubiese dedicado a ser capitalizado sin restricciones políticas en el mercado, la pensión sería significativamente superior y sostenible. El problema no era la generosidad de las pensiones, sino la insuficiencia e insostenibilidad de un sistema que no tiene nada que envidiarle en su estructura al chiringuito financiero de Madoff.

Equilibrio presupuestario
La solución a corto plazo de nuestra crisis financiera tendrá que venir por la vuelta al equilibrio presupuestario. Ese retorno a la sana norma de no gastar más de lo que se ingresa (especialmente cuando gestionas dinero ajeno) debe venir por el lado del recorte de gasto público, dado que la fiscalidad ya es extremadamente elevada y una nueva vuelta de tuerca impositiva podría terminar de asfixiar a España.

Ese es el contexto en el que se produce esta suspensión parcial de pagos en las pensiones. Pero para desterrar el déficit público habrá que mejorar la competitividad de las empresas y los trabajadores, de manera que se pueda generar empleo. Esa es la vía de aumentar la recaudación que ayude a equilibrar las cuentas y no la subida de tipos impositivos, que, en general, ya están por encima de la media comunitaria.

Y siendo todo esto necesario, las reformas no pueden quedarse aquí. El sistema de pensiones de reparto ha contribuido decisivamente a la crisis económica que sufrimos. Es parte de una maquinaria política y una filosofía perversa que sugiere a la población que puede haber inversión, crecimiento, elevado consumo y garantía de mayores rentas futuras sin necesidad de ahorrar.

Se trata de una farsa, una ilusión que sólo se puede mantener en condiciones muy concretas y, en general, sólo durante algunas décadas. De ahí la suspensión de pagos anunciada. La solución definitiva pasa por cambiar el sistema de pensiones, transformándolo en uno de pensiones de capitalización en el que los trabajadores deban ahorrar para obtener su pensión, sean dueños de unos fondos que se inviertan a largo plazo, ayudando a mantener la inversión en su sociedad, alejándola de gigantescos apalancamientos y burbujas financieras, y les permita jubilarse a la edad que les de la gana, en vez de ser forzados a trabajar hasta que les permitan dejarlo. Y aún convendría añadir una medida más: jubilar anticipadamente a esta generación de políticos cuyas políticas conducen a la suspensión de pagos.

Publicado en www.expansion.com

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