"The great enemy of the truth is very often not the lie —deliberate, contrived and dishonest— but the myth —persistent, persuasive and unrealistic—"
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El recado navideño de Ed Feulner

Publicado por Jorge Soley Climent el 24 de Enero de 2011 en American Review.
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Ed Feulner, presidente de la Heritage Foundation, tiene una sana costumbre que se repite, año tras año, desde 1986: cuando se acerca la Navidad nos obsequia con un librito, apenas (…)

Ed Feulner, presidente de la Heritage Foundation, tiene una sana costumbre que se repite, año tras año, desde 1986: cuando se acerca la Navidad nos obsequia con un librito, apenas 36 páginas, titulado President’s Essay, en el que tras una extensa introducción de su propia pluma, nos regala un capítulo de algún libro que, en opinión de Feulner, encierra un mensaje sobre el que los conservadores deberíamos volver la atención. Se trata, pues, de un obsequio intelectual por parte de una de las personas clave del resurgir conservador estadounidense, que además manifiesta cuáles son sus preocupaciones actuales y, en consecuencia, nos ofrece una ayuda inestimable para comprender qué se cuece en el seno del conservadurismo norteamericano.Y si en 2008 y 2009, años de oposición al proyecto obamiano de expandir el área de acción y decisión del Estado, los ensayos elegidos fueron The Case for Economic Freedom, de Benjamin A. Rogge y un fragmento del clásico Economics in One Lesson, de Henry Hazzlitt, este año 2010, el año de la victoria del Tea Party y del freno a las pretensiones estatalizantes de Obama, Feulner ha elegido The Moral Sense, de James Q. Wilson.

El ensayo de Wilson empieza mostrando la contradicción que existe entre el rechazo actual hacia todo lo que suene a virtud o moralidad y la constatación de que seguimos, incluso los mayores relativistas, realizando juicios morales continuamente. Actuamos distinto de lo que decimos, y eso está bien… no que digamos algo y hagamos otra cosa, sino que afortunadamente no somos tan relativistas como decimos y no hemos arrancado del todo de nosotros nuestro sentido moral. Especialmente brillante se muestra Wilson cuando critica lo que ha sido llamado “clarificación de valores”, esto es, la pretensión de que no es posible enseñar a los niños a discernir entre el bien y el mal, sino que deben discutir los méritos de las diferentes morales alternativas y sacar sus propias conclusiones. A quienes llaman a esto tolerancia, Wilson replica “yo lo llamaría más bien barbarismo”.

A este respecto, el ensayo de Wilson es certero cuando señala la insuficiencia del discurso basado en “valores”, una palabra empleada para evitar otras más sólidas y contundentes, pero que se muestra demasiado maleable para ser realmente útil y que recuerda demasiado al dicho aquel de que “sobre gustos no hay disputa”. En consecuencia Wilson alerta del peligro de renunciar a la posibilidad del juicio moral, advirtiendo en clarividente sentencia que “debemos tener cuidado con lo que pensamos que somos, pues podemos convertirnos en eso”.

Prosigue el ensayo repasando la erosión de la noción de deber frente a la avalancha de derechos, fundados o de nueva creación, que domina nuestra sociedad y que va borrando los perfiles de una comunidad que es la base para una vida social y política rica y plena. Aquí Wilson se detiene en la valoración del matrimonio, institución sobre la que descansa la entera vida social pero que es más fácil de deshacer que una hipoteca. Los otros dos campos en los que Wilson fija su atención son la escuela y los medios de comunicación, formando un triángulo donde, en su opinión, nos jugamos el futuro. Y la clave para que vivamos mejor es precisamente la recuperación del sentido moral, un sentido que nos recuerda que existe una naturaleza humana y que ésta no es infinitamente maleable, como pretende todo totalitarismo que en el mundo ha sido.

Hasta aquí Wilson. Volvamos al inicio de estas líneas: cuando Ed Feulner, después de insistir durante todo el mandato Obama en la libertad económica, nos anima a volver la atención a la concepción moral que anima una sociedad, parece querer recordarnos que lo que está en juego es mucho más profundo que el detener una medida de la actual Administración. Y no es que la lucha para detenerla no sea importante (le ha dedicado dos años), es que sin recuperación de ese sentido moral toda victoria tiene los pies de barro. Podemos haber ganado una batalla, y de hecho así ha sido (y además de las más cruciales), pero cuidado, no podemos contentarnos con esa victoria como si todo estuviera ya resuelto. La batalla de fondo es más profunda y no debemos perderla de vista, incluso en los momentos de regocijo por la victoria del Tea Party. El recado creo que está clarísimo.

  1. 1 comentario a “El recado navideño de Ed Feulner”

  2. By Javier Orts on Ene 24, 2011 | Responder

    ¿”Clarificación de valores”? ¿Que no se puede enseñar a los niños a discernir sobre lo que está bien o mal sino que ellos deben sacar sus propias conclusiones a través del análisis de las distintas alternativas? Esto me suena a un tipo de enseñanza llevada a cabo principalmente en UK en los años 70 -con colegios específicos al efecto- cuyos resultados han sido catastróficos y del que la comunidad educativa internacional abomina abiertamente.

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