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Por una cultura económica centrada en la persona

Publicado por Rubén Manso Olivar el 11 de Febrero de 2011 en Cultura y Libros.
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Suelo desconfiar de las terceras vías en Economía, porque la experiencia y el estudio me ha demostrado que (casi) todas conducen al totalitarismo propio del socialismo y que estas vías (…)

Suelo desconfiar de las terceras vías en Economía, porque la experiencia y el estudio me ha demostrado que (casi) todas conducen al totalitarismo propio del socialismo y que estas vías aparecen, sólo cuando el error científico que el socialismo es en sí mismo termina por hacerlo descarrilar, como modo de rehabilitarlo. Sin embargo, tanto esta propuesta, como otras como el distributismo, provenientes del pensamiento católico, empiezan a parecerme que tienen mucho de verdad y sufren mucho de abandono (u ocultamiento) en los ambientes académicos y profesionales.Este es un texto de textos. Una recopilación de diversos autores ligados al movimiento de los focolares sobre una propuesta de organización económico-empresarial denominado Economía de Comunión, llevada a cabo por dicho movimiento y cuando digo llevada a cabo, quiero decir que hay empresas funcionando bajo estos principios. A diferencia de otras obras colectivas hoy en día, la coordinación está razonablemente bien hecha y  el resultado es un buen cuadro sobre los aspectos teóricos y las experiencias de la Economía de Comunión. He de reconocer, sin embargo, que algunos de los capítulos centrales me parece que adolecen de cierto análisis económico riguroso que los hace pecar de un utopismo que requiere, como todos los utopismos para alcanzar su fin, la aceptación previa de determinados valores por parte de los individuos. Y ya sabemos que esa aceptación sólo puede alcanzarse por dos medios: la fuerza que es rápida, pero siempre fracasa, y el ejemplo, tremendamente lento, pero eficaz.

Por lo demás, quisiera destacar el prólogo y uno de los capítulos, de entre los once textos que componen el libro. El prólogo es de mi admiradísimo maestro, el profesor Rafael Rubio de Urquía, y aunque él insiste que no es necesario para entender la obra, yo sí creo que es imprescindible para entender qué es la Economía y si tiene sentido la propuesta que hacen los defensores de la Economía de Comunión. Como indica don Rafael “lo económico  (…) Designa, exactamente, un momento analítico especial -el último- de un modo particularísimo de estudiar teóricamente los procesos de formación y despliegue de la acción humana (…) Ahora bien, esto es algo muy distinto de lo que en el lenguaje común (…) significa economía” (pág. 9) porque como más tarde indica “producir un modelo teórico-económico consiste en formular de una manera especial (…) una antropología y extraer de esa formulación ciertas implicaciones lógicas” (pág. 15), por lo que afirma que el teórico cristiano tiene el deber de utilización de  “representaciones procedentes de la antropología cristiana en su producción” (pág. 28).

El capítulo que quiero destacar es el último, del profesor Stefano Zamagni, de la Universidad de Bolonia, que nos muestra por qué la antropología actual que inspira la Ciencia Económica nos conduce al desastre: “estamos abocados, poco a poco, al escepticismo, para el cual el altruismo puro no existe porque no puede existir” (pág. 174) por lo que con el paso del tiempo la esfera de las relaciones económicas se regirá cada vez más por la lógica de la competencia únicamente, tal como se describe en todos los libros de texto de economía, dando a entender que el proceso de evolución cultural tiende inexorablemente a aplicar las leyes del mercado a todo lo que implica relaciones interpersonales” (pág. 175). Así “se identifica el mercado con el lugar ideal en el que sólo el propio interés mueve a quien actúa a la acción” lo que ha generado por reacción “una concepción del Estado como el lugar ideal de los intereses colectivos” (pág. 175) cuando “la experiencia de la Economía de Comunión (…) muestra con los hechos que es posible servirse del mercado como medio para conseguir objetivos de carácter público” (pág. 175). De hecho, el autor nos habla más adelante del prevalecimiento de la idea de que es al Estado a quien compete la tarea de la redistribución de la renta. Yo no sé si efectivamente muchos piensan así, pero lo que sí tengo claro es que el Estado moderno sí pretende el monopolio de la redistribución de la renta, y lleva doscientos años expulsando a todas las instituciones que a ello se han dedicado como modo de justificar su existencia, con toda la eficacia que le da el monopolio de la fuerza y el dinero de nuestros impuestos. Las últimas: las cajas de ahorro españolas, a las que hace treinta y tres años les cambió la antropología, porque alguien pensó que era más moderno y progresista que actuaran como sociedades anónimas (bancos) que como fundaciones benéficas (cajas) con el Real Decreto sobre Regulación de los Órganos Rectores y su posterior actualización, ya en forma de ley, en 1985 (la LORCA). Una vez que empezaron a actuar como bancos, el traje de cajas, con el que han venido operando, saltó por todas sus costuras. Sólo era cuestión de tiempo.

Economía de Comunión. Autor:  Luigino Bruni (ed.) Editorial:  Ciudad Nueva Número de páginas:  190 Fecha publicación:  08/02/2011

Publicado en www.hispanidad.com

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