"La libertad abstracta al igual que otras simples abstracciones, no puede ser encontrada."
Edmund Burke

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Socialistas en la crisis: antes el Estado que las personas

Publicado por Carlos Segade el 8 de Marzo de 2011 en Política y Sociedad.
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Las ocurrencias políticas del gobierno pueden parecer inocentes canalladas de un ejecutivo perdido en sus propias contradicciones, ahíto de márketing, con una necesidad imperiosa de aparentar que domina lo insostenible. (…)

Las ocurrencias políticas del gobierno pueden parecer inocentes canalladas de un ejecutivo perdido en sus propias contradicciones, ahíto de márketing, con una necesidad imperiosa de aparentar que domina lo insostenible. Pero no, no son solo eso.Los españoles, pueblo que abraza las causas nobles con gran ímpetu, son fáciles de convencer para que se unan para los grandes retos, cuando estos verdaderamente existen. Si no, son un pueblo, como todos, bastante pragmático. Cuando hace más de treinta años, lo recordarán los que tengan más de cuarenta, se pedía a los españoles un esfuerzo de ahorro de energía y de estabilización de precios, el esfuerzo se hizo ante la ilusión que proyectaba la vida política. Cuando hace pocos años la sequía azotó el centro peninsular, se ahorró agua a petición de lasinstituciones y se consiguieron los objetivos sin mayor trauma.Y todo porque los españoles son capaces de aceptar ese tipo de retos pensando en la realidad del bien común.

Sin embargo, una cosa es que el gobernante pida un esfuerzo puntual y otra distinta que obligue a sus gobernados a que asuman la responsabilidad de hacer lo que él no hace. Ahí, los españoles recurren a su pragmatismo y miran para otro lado.

Los Estados están para servir a los ciudadanos. Todo el que se implique en su estructura debería ser consciente de que esa es su función principal. Las ideologías totalizantes, como el socialismo y el corporativismo de derechas, dada su raíz filosófica común, han invertido su uso para que sea la persona la que sirva al Estado. De esta forma, en momentos de crisis, no es el Estado el que piensa en cómo ayudar a los ciudadanos, sino al revés, cómo pueden los ciudadanos sacrificar su bienestar para rescatar al Estado de su malestar.

Bajar la velocidad de las carreteras es una estupidez, pero para el gobierno es una forma más de obligar a los españoles a aliviar los problemas del Estado. A los ciudadanos debería darles bastante igual que el decreto sea para recaudar más o para aminorar la factura energética. Ese no es su problema, es problema de aquellos que están en el poder por no prever y no poner medios para que las cuentas salgan sin tener que perjudicar a las personas que ya están suficientemente saqueadas por todas las instancias. El problema de los españoles es conducir su coche todos los días para ir a trabajar y llegar a fin de mes con los pocos ingresos que el Estado les deja para vivir tras haberse llevado un buen porcentaje de la renta que se han merecido con su esfuerzo. Es del Estado el problema de la política exterior, de sus relaciones comerciales con los países productores de petróleo y las grandes estructuras que hacen posible su transformación. Para gestionar eso sí está el Estado, para eso las personas han inventado algo que se llama Administración del Estado, para llegar donde ellos, individualmente, no llegan. Pero esa no es razón suficiente para subordinarse a su poder.

La otra cara de este problema son los mensajes involuntarios que el gobierno envía a la población poniendo en práctica estas medidas coercitivas. Mal encaminado va el gobierno lanzando al pueblo español mensajes negativos sobre su futuro. Alemania vive casi en pleno empleo, en Francia tienen mejor tasa de paro que la que España tuvo en tiempos de bonanza económica, pero el gobierno español, lejos de imitar esos ejemplos de administración del patrimonio público y así animar la situación económica, envía a los españoles mensajes de prohibiciones y amenazas mientras estos contemplan estupefactos cómo los mismos gobernantes hacen desaparecer de las arcas del Estado seiscientos millones de euros en beneficio de amigos y afiliados, unos fondos previstos para aquello de lo que también el Estado es responsable.

La percepción que tienen los españoles -eso que el síndrome de la Moncloa no deja ver - es de queel gobierno reacciona desmesurada o violentamente ante los retos que supone el día a día. Fue violencia militarizar los aeropuertos para así negociar desde una posición de fuerza; es violencia no buscar responsabilidades entre los sindicalistas que apalean a la oposición; pero también es violencia, sin pegar a nadie ni disparar un tiro, cuando se ejerce el poder ejecutivo del Estado mediante restricciones arbitrarias a las actividades cotidianas de las personas como beber, conducir, fumar, ahorrar, comprar, educar, viajar, comer, enseñar, ejercer la medicina según unos principios morales, publicar, hablar en foros públicos, rezar, reunirse, montar un chiringuito, poner un cartel de tu negocio en la lengua que quieras, criticar, oír música, leer, ver la televisión, escuchar la radio, y un largo etcétera donde el Estado se ha convertido en protagonista sin ser invitado.

Existen soluciones conservadoras a las crisis económicas, existen políticas de prudencia y austeridad en el gasto y en la recaudación, de repudio de la subvención y de aumento de las rentas disponibles de los ciudadanos, pero todas ellas pasan por anteponer los intereses de las personas a los del Estado que les sirve, o sea, por darle la espalda al socialismo.

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