Que suban los salarios
Otro librazo de pequeño tamaño y extensión es el que les recomiendo esta semana. Apasionante y de fácil lectura. Thibon, uno de los dos coautores, es probable que sea conocido (…)
Otro librazo de pequeño tamaño y extensión es el que les recomiendo esta semana. Apasionante y de fácil lectura. Thibon, uno de los dos coautores, es probable que sea conocido por muchos de ustedes como filósofo, pero en esta obra se adentra en la cuestión social y, por ello, en la economía con pleno acierto.Me cabe además el orgullo de que el editor me solicitara para esta edición la elaboración del estudio preliminar, breve a mi pesar porque no era cosa de hacerlo más largo que la obra glosada, salvo que pretendiera arrojar oscuridad en una obra llena de claridad. Recomendándosela, además, me recomiendo a mí mismo, lo que les parecerá uno de los muchos ejercicios de inmodestia a los que les tengo acostumbrados, pero deben comprender que nada agrada más al que escribe que alguien que le lea. Pero vamos al tema.
Thibon y Lovinfosse, un filósofo autodidacta y un empresario, maduraron durante años una fecunda relación en la que reflexionaron sobre la cuestión social. El problema de las relaciones sociales en el momento en que se escribe el libro (los años 50 del siglo pasado) estaba, y allí continúa, según los autores, en el principio que parece inspirar las mismas: la divergencia de intereses de los intervinientes en dichas relaciones. No cabe duda de que toda la política moderna se basa en este principio. La Autoridad crea tensiones entre grupos, que a su vez y con frecuencia, también forma, para aparecer posteriormente como la instancia que las solventa.
Frente a esta concepción, los autores presentan un principio distinto para fundar las relaciones sociales: el de convergencia de intereses. Las relaciones sociales sólo pueden ser fructíferas si los que participan en las mismas son conscientes de que sus intereses convergen. Junto al principio de convergencia de intereses citado, los autores añaden otro más: es el consumidor quien debe determinar lo que debe producirse (pág. 22) lo que puede parecer una verdad de Pero Grullo pero que, sin embargo, ha sido atacada por la planificación central en otros tiempos y, durante los últimos setenta años, por los partidarios del keynesianismo, tan dados a extender la especie de que lo que impulsa la riqueza es el consumo cuando es justo al revés: la riqueza es la que impulsa el consumo. Sobre la base de los principios de convergencia de intereses y de que la actividad económica tiene que estar al servicio al consumidor, los autores nos ofrecen otra serie de ellos y de aplicaciones concretas para la reforma del sistema económico, entre las que destaco su defensa de los salarios altos porque el envilecimiento de los salarios engendra, en efecto, de una y otra parte, desprecio por el trabajo: al patrón no le importa emplear mal una mano de obra que le cuesta tan poco, y el obrero, como no tiene esperanza de mejorar su suerte mediante su trabajo, reacciona trabajando con negligencia y lo menos posible. En un régimen de altos salarios, por el contrario, el responsable de la producción se siente obligado a emplear lo más eficazmente posible ese precioso elemento que es la mano de obra, y el obrero, por su parte, al saber que su poder adquisitivo aumentará en función de su producción, trabaja con más ardor y aplicación (pág. 30).
Como ven todo un programa. Así que no lo duden: compren el libro y llévenlo en su bolsillo, se lee fácilmente en los ratos de espera y en el transporte público. Comprenderán muchas de las falacias del discurso oficial en materia de política económica.
Solución Social
Autor: Thibon, G. y Lovinfosse, H.
Editorial: Tradere
Número de páginas: 192
Fecha publicación: 17/05/2011
Publicado en www.hispanidad.com

Cargando...




