"Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores."
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Abortismo y decadencia

Publicado por Óscar Elía Mañú el 16 de Julio de 2011 en Política y Sociedad.
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El abortismo, ideología basada en la defensa del aborto como derecho, arroja una sorprendente cantidad de mitos, dogmas y fobias de escasa consistencia intelectual, pero de indudable éxito social. Ni (…)

El abortismo, ideología basada en la defensa del aborto como derecho, arroja una sorprendente cantidad de mitos, dogmas y fobias de escasa consistencia intelectual, pero de indudable éxito social. Ni desde el punto de vista científico ni desde el filosófico ha conseguido esbozar una doctrina sólida sobre la vida, la muerte o el ser humano: la sustituye por una hostilidad obsesiva y banal hacia el orden social y moral tradicional. Pero más allá de ello, las palabras de Aído sobre el feto -”ser vivo pero no ser humano”- sólo son una expresión torpe pero fiable de la ideología abortista. Esta falta de discurso racional conduce al abortismo a la necesidad de disimular con medias verdades y ocultaciones: es conocido el subterfugio “interrupción voluntaria del embarazo”. Pero el discurso abortista está repleto de engaños y disimulos, como si al ciudadano no se le pudiesen contar las cosas como son. Lo cual ocurre en sociedades con un determinado tipo de político o intelectual: desdeñoso con la verdad y alérgico a la sinceridad y a llamar a las cosas por su nombre.

En tercer lugar, el abortismo apela a los sentimientos y emociones: de hostilidad (contra la Iglesia), de lástima o de mera empatía ante situaciones difíciles. En una sociedad, movida a base de calentones emotivos e incapaz de afrontar reveses vitales, el abortismo apela demagógicamente a la situación de la joven madre o al hijo con síndrome de Down.

Y en cuarto lugar, las políticas abortistas sólo son posibles si van acompañadas de una ofensiva total del Estado contra la sociedad: en educación, sanidad, en justicia. El aborto sólo es posible allí donde el Estado es omnipresente, material y moralmente. Lo cual exige el desfondamiento cívico de la sociedad, pasiva ante el avance estatalista. Ausencia de rigor racional, ocultación y mentiras y erosión de la sociedad civil, no sólo van directamente asociadas al triunfo del aborto, sino a una sociedad en decadencia. Que es donde aquel surge.

Publicado en www.gaceta.es

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