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El MIR del profesorado

Publicado por Carlos Segade el 20 de Julio de 2011 en Política y Sociedad.
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El caso es parecer que uno hace reformas, aunque la situación no mejore. La ocurrencia ministerial de crear una especie de MIR para profesores entra dentro de este apartado.
Hace poco (…)

El caso es parecer que uno hace reformas, aunque la situación no mejore. La ocurrencia ministerial de crear una especie de MIR para profesores entra dentro de este apartado.

Hace poco teníamos que oír cosas como que el sistema educativo tiene que crear alumnos más competitivos en el mercado laboral y lindezas por el estilo, en las que la educación se subordina a los medios de producción, muy en la línea de las anticuadas teorías educativas marxistas, añoradas por una parte de la izquierda y defendidas con denuedo por la mayoría de la derecha, que confunde productividad y competitividad con buena educación.

Ahora, de lo que se trata es de echarle la culpa al profesorado. Es bien sabido que las ideas “progresistas” no se equivocan nunca y, por tanto, las leyes que las ponen en práctica, tampoco. Así que, como hacen todas las ideologías, habrá que amoldar la realidad a las ideas. Entonces, ¿de quién es la culpa de que la educación vaya tan mal? Lógicamente -en la lógica del gobierno, claro está - de los profesores que no saben administrar las bondades de las leyes educativas. Consecuencia: hay que exigir más a los profesores para que hagan bien su trabajo, aunque las leyes, los planes de estudio, las competencias autonómicas, el gobierno de los centros, los sueldos, la relevancia social, etcétera, conformen, cada uno en su parte alícuota, un desastre generalizado.

Si una “residencia” fuese la clave para solucionar nuestros problemas educativos, permítanme la ironía, el sistema público, con la cantidad de “residentes” que tiene (me refiero a los interinos), debería ser uno de los mejores del mundo. Pero esa no parece ser la solución, sino parte del problema. Resulta que hasta la fecha el maestro se formaba en tres años, tiempo claramente insuficiente. Con Bolonia se añade un curso más y, además, hay un máster para profesores de secundaria, que sustituye al antiguo CAP. Pero antes de que se vea el efecto de estas medidas, ya se está planteando la reforma de la reforma, siempre añadiendo cursos y sobrevalorando los costes de formación, acaso sin darse cuenta de que cuanto más invierte uno en su formación más exigirá posteriormente como retorno de esa inversión.

Mientras escribo estas líneas me entero de que la presidente Aguirre está en Alemania para ver cómo importar el sistema alemán de formación profesional. Los españoles, al parecer, no somos capaces de crear nuestro propio sistema educativo, ajustado a nuestras necesidades e idiosincrasia, sino que tienen que dárnoslo hecho, sin darse cuenta de que el sistema educativo alemán funciona en Alemania porque está hecho para ellos, lo mismo que el finlandés se ajusta al carácter y sociedad finlandeses. Más que sistemas universales, estos países han creado sus sistemas educativoscon cierto éxito, subrayando “sus” con ímpetu, pero eso no quiere decir que ese éxito se garantice cuando se traslade a otro entorno donde son efectivas otras leyes educativas, con otra sociedad, con otros valores, etc.Mientras los gobiernos se empeñen en pensar y dirigir la educación en lugar de dejar que los ciudadanos, o sea, los centros educativos, lo hagan por ellos mismos, el sistema no mejorará sustancialmente

La educación es para la persona. La persona es la que tiene que crecer gracias a la educación. El sistema educativo no debe servir para crear obreros competentes, ejecutivos modelo Wall Street, técnicos de la administración, periodistas o, incluso, profesores. La educación tiene que ser el elemento que ayude a la persona a ser feliz comprendiendo el mundo que le rodea lo más posible y, además, capacitarle para tener un trabajo que le ayude a este fin. Desafortunadamente, este mensaje, tan propiode la tradición cultural cristiana occidental, se diluye en una sociedad que subordina el ser personal al material. Este es el quicio del problema y mientras no se tenga claro cuál es el objeto de la educación, jamás habrá un sistema verdaderamente eficaz.

  1. 3 comentarios a “El MIR del profesorado”

  2. By F CARO on Jul 21, 2011 | Responder

    Buen día, Sr Segade.
    De nuevo leo sus comentarios al hilo de lo que sucede. Y aunque me quede mucho por decir le propongo algunas observaciones.
    -El colectivo de profesores -de primaria, secundaria y universitaria- es como todo colectivo: los hay deplorables, malos, aceptables, buenos y excelentes. Lo deseable es que el sistema de selección excluya, al menos, a los dos primeros grupos cosa que hoy en día no sucede. Ni se erradica del colectivo a los manifiestamente irresponsables…
    -La ocurrencia, no hay término más adecuado, incurre en petición de principio: los médicos que acceden la MIR lo hacen porque son médicos, obviedad que incluye la exigencia previa de una elevada nota media, es decir una cierta excelencia académica, para cursar tales estudios. No hay requisito similar para acceder a la profesión docente…
    [Cuando impartía Bachilllerato no dejaba de sentir una profunda perplejidad al ver que los alumnos con peores rendimientos solo podían acceder a estudios de magisterio: a ellos les íbamos a confiar, y les confiamos, la educación de nuestros hijos…]
    -Puestos a establecer MIR puede empezarse por los miembros del Consejo de Ministros cuya responsabilidad es evidentemente bastante mayor que la de los profesores…
    Un saludo. F Caro. 21JUL2011

  3. By Anónimo on Jul 21, 2011 | Responder

    Buen artículo y buenos comentarios. Sin embargo, creo que un buen sistema educativo es, por naturaleza, universal, al igual que las verdades fundamentales. Seguramente se pueda adaptar ligeramente a cada idiosincrasia, pero en sus fundamentos será igual entre países.

  4. By Miguel Serrano Cabeza on Jul 21, 2011 | Responder

    La misión del Estado no consiste en educar a los ciudadanos sino en proveerles de los medios necesarios para que puedan acceder a la formación que estimen más oportuna.

    La educación consume muchos recursos en tiempo y dinero. Como esos recursos son preciosos, no se pueden desperdiciar degradando la educación.

    Una educación de calidad debe prestar atención a las humanidades, los idiomas y la ciencia según los principios de igualdad, mérito y capacidad. No veo ningún motivo por el cual los principios de acceso a la función pública no pueden ser, además, los de acceso a la educación superior.

    Por desgracia, parece que hoy en día las administraciones públicas, además de “olvidarse” de las humanidades, justifican su fracaso en las políticas de enseñanza científico-técnica usando el espantajo de los idiomas.

    Mientras hace unos años lo más importante eran las TIC, formando zotes capaces de configurar un ordenador para jugar en red al Doom o al Duke Nukem, ahora formamos analfabetos supuestamente trilingües que son perfectamente incapaces de entender lo que oyen y leen, si es que son capaces de leer, y que todavía son más incapaces de expresarse de forma vagamente inteligible, mucho menos si es por escrito, en alguna de esas tres lenguas que supuestamente conocen.

    La mayoría de las familias envían a sus hijos al colegio con dos o tres años de edad. Tras casi veinte años de formación continua, nuestros jóvenes universitarios son incapaces de leer, entender y resumir los editoriales del País o las terceras de ABC. Y, a menos que sus estudios hayan sido filológicos, aún son más incapaces de hacer lo mismo con los editoriales de Le Monde, Le Figaro, The Times, The Independet, Frankfurter Allgemeine Zeitung, Suddeutsche Zeitung, o Die Welt.

    Ni que decir hay que no tienen ni idea de historia política no ya mundial o europea sino española. Pero es que tampoco tienen ni idea de geografía política, economía política, historia de la literatura, o del pensamiento. Tampoco saben latín o griego, ni han leído a los clásicos en alguno de los idiomas que se supone que conocen.

    Entonces ¿para qué han servido sus años de formación? Para engañarles, haciéndonos perder a todos el tiempo y el dinero.

    ¿Y cómo se puede solucionar este desastre? Dejando a los profesores ejercer su profesión. Dotándoles de autoridad para imponer disciplina en el aula y horas de codos fuera de ella.

    Para mejorar la educación es imprescindible la colaboración del mayor número posible de padres motivados. Y no hay mejor forma de motivarles que creando aulas de excelencia en CADA centro. No vale eso de crear algunos centros “de élite”, ya que sus resultados serán inapreciables dentro del balance educativo nacional.

    El problema es conocido. La solución también. Falta la voluntad política de nuestros gobernantes.

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