Lo que Europa debe al cristianismo
Ahora que estamos a vueltas con qué hacer con los acreedores de determinados Estados europeos en general y con la moneda única, el Euro, en particular, tal vez sea el (…)
Ahora que estamos a vueltas con qué hacer con los acreedores de determinados Estados europeos en general y con la moneda única, el Euro, en particular, tal vez sea el momento de reflexionar sobre las deudas que tiene Europa con su principal acreedor: el cristianismo. Incluso la Unión Europea, que no es propiamente Europa, es deudora de un grupo de católicos, aunque luego el invento les ha salido como tantos antiguos alumnos de colegios religiosos.
El interés del texto de esta semana es mucho, porque mientras sigamos pensando que el problema de Europa es la prima de riesgo, esta última, la prima, que es vanidosa y veleidosa, seguirá creciendo. El problema de Europa no es un problema de diseño porque el diseño siempre falla, como algunos eurócratas pretenden hacernos creer para que le dejemos rediseñar el desastre después de haber diseñado el error. Todo esto es porque como bien nos indica el autor, el cristianismo, que era optimista, ha dado paso a una ideología pesimista en la que la política tiene como finalidad corregir un mundo, la Creación, que está mal hecho.
Es el nihilismo y el agnosticismo, que pretenden impregnar de neutralidad la actuación del Estado, las bases de pesimismo que justifica en la mentalidad moderna el modo invasivo de actuación política. El problema de Europa no es, por tanto, de valores, sino de negación de los valores que le son constitutivos. Lo que Chesterton nos explicaba diciendo que las ideas modernas son antiguas ideas cristianas que se han vuelto locas. Ahora el problema aparenta ser la desaparición del Estado socialdemócrata, una vez que su enemigo, el Estado soviético, ha desaparecido: la prima de riesgo, la calificación crediticia y otras zarandajas propias de economistas profesionales serán las dagas que se hundan en su cuerpo y acaben con él.
El profesor Dalmacio Negro nos regala esta obra que ha sido un éxito editorial, lo que tiene el merito propio atribuible al autor y la medida de lo que es éxito en este tipo. Además el libro se lee con relativa facilidad, lo que no siempre es posible a pesar de la siempre buena prosa del autor con otras de sus obras, dada la densidad de contenido por párrafo. De hecho creo que el número de ideas por párrafo o índice de densidad textual debiera ser una Unidad de medida que recibiera el nombre de Dalmacio.
Publicado en www.hispanidad.com

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