Memorias de ultratumba
“Tres catástrofes señalaron las tres partes que de ella preceden: vi morir a Luís XVI durante mi carrera de viajero y soldado: al final de mi carrera literaria, desapareció Bonaparte; (…)
“Tres catástrofes señalaron las tres partes que de ella preceden: vi morir a Luís XVI durante mi carrera de viajero y soldado: al final de mi carrera literaria, desapareció Bonaparte; la caída de Carlos X cerró mi carrera política” (Pág. 451). De este modo resume su larga vida François-René de Chateaubriand (1768-1848), aristócrata, literato, político y aventurero de origen bretón que vivió a caballo entre la Modernidad y la Contemporaneidad.En sus Memorias de Ultratumba que escribió a lo largo de varias décadas, relata sus opiniones acerca no ya de los sucesos que acontecieron a lo largo de la Revolución Francesa, sino del Imperio napoleónico y de la posterior Restauración, de la Europa y la América, de lo viejo y lo nuevo. Desde las pelucas empolvadas a la polución industrial, pasando por los cadalsos y guillotinas, victorias campales y derrotas ignominiosas, lealtades y traiciones en el turbulento mundo de la política. También habla de su persona y sus más allegados a lo largo de su dilatada vida, sus opiniones personales sobre todo lo que le rodea. Una obra riquísima en muchísimos aspectos donde queda clara su visión monárquica y católica de la “res publica” y de la Historia que compendió en otra magnífica obra suya: El Genio del Cristianismo.
Desarrolla interesantísimas reflexiones sobre el significado de la toma de la Bastilla como el fin de una época ante el solaz disfrute de sus primeras e ingenuas víctimas, la actitud del rey Luís XVI de Francia haciéndose querer ante un pueblo sediento de sangre, del harakiri de la nobleza contra sí misma a pesar de ignorarlo, de las revolucionarias proposiciones de la Asamblea Constituyente nunca vistas hasta la fecha, del tenebroso y monstruoso ambiente revolucionario como delatan las palabras de Danton “Estos sacerdotes, estos nobles no son culpables, pero es necesario que mueran, porque están dislocados, dificultan el movimiento de las cosas y son un estorbo para el porvenir.” (Pág. 221), de los apóstatas aristócratas que apostaron por la Revolución para acabar siendo ejecutados por ella o de la hipócrita actitud de los revolucionarios que eran capaz de la mayor de las ternuras para con los suyos a la vez que jaleaban a las asesinados en el cadalso.
También hace un atinado análisis entre las figuras de George Washington y Napoleón Bonaparte al afirmar que “La república de Washington subsiste, y el imperio de Bonaparte ha caído. Los dos genios salieron del seno de la democracia; el primero le fue fiel y el segundo le hizo traición.” (Pág. 195), lo que no quita para llevar a cabo una serie de profecías sobre los EE.UU. que con el paso del tiempo son increíblemente acertadas.
De hecho, sus juicios sobre Napoleón son tremendos, echándole en cara su egoísmo y ambición desmedidos. Achaca la caída de su imperio a la guerra de España (la nación en armas), la invasión de los Estados Pontificios (irreverencia hacia el poder espiritual del catolicismo), de Polonia (valladar europeo) y de Rusia (el general invierno) y desmiente su propaganda al afirmar: “Aquí, en un grabado, se ve a Bonaparte que se descubre antes los austríacos heridos; allá toca Napoleón a los apestados de Jaffá, aunque nunca se acercó a ellos, y en otro atraviesa el monte de San Bernardo sobre un caballo fogoso, en medio de torbellinos de nieve, a pesar de que hacía el tiempo más hermoso del mundo.” (Pág. 361).
Elogió a la Restauración a la vez que la criticó, recordando a la Familia Real que “(…) no sois una familia divina ni una familia particular, sino una familia pública, y pertenecéis a la sociedad. Los errores del trono no sólo perjudican a éste, sino también a la nación entera (…)” (Pág. 493). Consejos que bien vendrían hoy día a muchas familias reales europeas como la española o la británica, por ejemplo.
Publicado en http://averiguelovargas.blogspot.com

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