Rubalcaba (Sr.): así queda tumbado para siempre un candidato imposible
Los mil secretos de Rubalcaba es el retrato completo de la personalidad de un hombre cuyas carencias han quedado de manifiesto en cuanto ha ocupado el puesto de salida electoral.
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Los mil secretos de Rubalcaba es el retrato completo de la personalidad de un hombre cuyas carencias han quedado de manifiesto en cuanto ha ocupado el puesto de salida electoral.
Es difícil encontrar, en nuestra historia electoral, una estrategia peor llevada ni similar sucesión de errores de un candidato. De “Llamadme Alfredo“, a “Señor Rubalcaba“; de “el líder del PSOE soy yo” y ”José Luis, repesca el impuesto sobre el patrimonio”, a “Zapatero me convenció anoche sobre la ley de estabilidad presupuestaria”; de señalar la eutanasia como su primera iniciativa legislativa si ganase (los cinco millones de parados pueden esperar), a proclamar que “quizá nos pasamos antes en el gasto y quizá nos estamos pasando ahora en el ahorro”… en ambos casos con él sentado en el Consejo de Ministros.
Estas carencias como candidato encuentran su explicación en un libro demoledor para Alfredo Pérez Rubalcaba: Los mil secretos de Rubalcaba (Ciudadela), de Alberto Lardiés y Daniel Forcada. Es un excepcional relato de su trayectoria política, coherente y documentado, que nos permite examinar treinta años de vida española (los que han transcurrido desde su incorporación en 1982 al Gobierno de Felipe González en la cocina del Ministerio de Educación) bajo el prisma de su omnipresencia en ella.
Ahora bien, que sus carencias como candidato encuentren su explicación en estas páginas, no implica que estemos ante el retrato de un inepto. Rubalcaba es un político más culto y formado que la media, un orador temible como adversario (también por su mendacidad), una persona capaz de sobrevivir a vaivenes políticos que no dejan a nadie en pie a su alrededor.
Pero es, subrayan Lardiés y Forcada, un actor-embaucador, un hombre que en todas las partidas que juega lo sabe todo de todos y ha marcado todos los naipes de la baraja. Está tan acostumbrado a la sala de máquinas y a pringarse de alquitrán jugando sucio, que al subir al puente no sabe manejar el timón e ignora que a la luz del día todas las manchas se ven.
Los autores detallan una bien grande y fea: la reunión que Rubalcaba, acompañado por Enrique Curiel y José Luis Úriz (del PSN), mantuvo con la cúpula de Batasuna en Leiza (Navarra) en septiembre de 1998. Una deslealtad hacia el Gobierno del PP, con quien era interlocutor en materia antiterrorista. Almorzó con Patxi Zabaleta, Pernando Barrena, Joseba Permach y Santiago Kiroga, sin que se le atragantara la comida planeando un “final dialogado” de ETA.
Pero, además, tiene el traje ensuciado por su estrategia de entorpecimiento de la investigación de la corrupción y los GAL en el tardofelipismo, por su papel decisivo rompiendo la jornada de reflexión el 13-M de 2004 (y toda la agitación que había precedido la estrategia socialista los meses anteriores y que él supo aprovechar al máximo ese día) como la rompió el 22-M de 2011 incumpliendo la orden judicial de despejar la Puerta del Sol y, por encima de todo, mucho más grave que todo lo anterior, por su intervención en la destrucción del sistema educativo nacional.
Fue “el cocinero de la Logse”, como le definen Lardiés y Forcada. Los testimonios que recogen, de los mismos protagonistas, sobre su actuación en el seno de un equipo que incluía a José María Maravall, Manuel Reyes Mate o Carmina Virgili, nos muestran un Rubalcaba muy consciente de que la educación es piedra angular en la política. Luego, con el equipo de Javier Solana, su protagonismo creció hasta atribuirse la ley que, explican los autores, ”debía incorporar en España el modelo asumido por la izquierda en la Europa Occidental”. Para desgracia de millones de alumnos, lo logró.
La parte más interesante de esta obra, aparte de su impecable trabazón, es la abundancia de testimonios socialistas, que permiten perfilar muy bien cómo ven a su probablemente fugaz líder. Un número uno que hasta ahora siempre había estado como número dos, subraya Jaime Lissavetzky.
Rubalcaba no ha querido hablar con los autores, acostumbrado como está a asumir ese tipo de desafíos sólo jugando en casa y con el árbitro a favor. Lo que demuestra la tesis inicial: brillante en lo demás cuanto se quiera (y según a quién beneficie), pero como candidato, un desastre.
Alberto Lardiés y Daniel Forcada. Los mil secretos de Rubalcaba. Ciudadela. Madrid, 2011. 317 pp. 19,50 €

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