¿Tintín racista?
Un congolés nacionalizado belga, Mbutu Mondondo Bienvenu, empezó hace cuatro años una cruzada para acabar con “Tintín en el Congo”. ¿La causa? “Hace apología de la colonización”, dice.Según el abogado (…)
Un congolés nacionalizado belga, Mbutu Mondondo Bienvenu, empezó hace cuatro años una cruzada para acabar con “Tintín en el Congo”. ¿La causa? “Hace apología de la colonización”, dice.Según el abogado de la acusación Ahmed L´Hedim, “califica a los congoleños como idiotas, perezoso, incivilizados e incapaces de hablar con corrección”. En una palabra, Tintín es culpable de el pecado nefando del siglo XXI; es culpable de “racismo”.
Quienes, como yo, con toda la candidez de nuestra infancia feliz, leíamos a Tintín, no podíamos sospechar que teníamos entre las manos un arma tan terrible y, nuestros padres, que nos advertían contra la entonces incipiente marihuana o contra las revistas porno que ya empezaban a proliferar por la España de la Transición, vivían ignorantes de que sus hijos consumían una sustancia muchísimo peor: los cómics de Tintín. Claro que tan supina ignorancia no era de extrañar, en un país que había pasado cuarenta años de oscuridad política, cultural e ideológica alentada por el régimen. Al fin y al cabo, quienes en el más sencillo candor de nuestra infancia leíamos a Tintín, teníamos una disculpa pero hoy ya no hay disculpa que valga. Por eso, en países más avanzados y progresistas, como el Reino Unido, los niños, por decisión judicial, son “advertidos” acerca del “contexto histórico” del cómic Tintín en el Congo. Esto, claro está, no significa que el señor juez utilice los impuestos de todos para imponer desde la infancia el discurso de la izquierda. Resulta evidente que el Reino Unido era y es un país a cien codos por encima de aquella España gris y aburrida de la dictadura y por éste motivo, hoy, deben alzarse mentes preclaras que, en plena democracia, nos adviertan contra la distorsiones del pasado. Gracias al señor Mbutu Mondondo Bienvenu sabremos del “racismo” que se incuba en algo que todos podemos comprar en casi cualquier librería, al menos de momento. En la lucha contra el “racismo” ningún esfuerzo está de más, a pesar de que nadie sepa definir en términos exactos qué significa y, por otro lado, sea lo suficientemente elástico para prestarse a cualquier campaña de difamación contra los enemigos políticos. Y si no que se lo expliquen a cierto fiscal de Barcelona.
Lo que no acertamos a saber es el por qué esa cruzada de miras tan estrechas que impulsa el señor Mbutu Mondondo Bienvenu. De hecho, él, nacionalizado belga y residente en ese país, tiene en su país de origen -el Congo- numerosos ejemplos de casos que bien pudieran denominarse “racismo”, si es que esta lacra no estuviera reservada a los casos en que los blancos occidentales afrentan a otros pueblos. Dado que en aquél país casi nadie -salvo los europeos blancos, siempre sospechosos de “colonialismo paternalista”- tiene interés en combatir esos fenómenos, seguro que alguna de las étnias periódicamente exterminadas a machetazos o similar por la étnica rival, agradecen sobremanera la ayuda del señor Mbutu Mondondo Bienvenu. Desde esta columna desafíamos a cualquiera a que, en apenas media hora, intente desenredar la complejísima madeja de étnias rivales y de odios atávicos que supuso, en época mucho más cercana que Tintín en el Congo (1931), por ejemplo, lo que se ha dado en llamar “Segunda Guerra del Congo” (1998-2003), punto álgido del denominado “genocidio congoleño”. Si en vez de “subsaharianos” se tratara de europeos o descendientes de los mismos, a las plañideras de la “conciencia universal” no les sería difícil ubicar todos estos sucesos bajos los esquemas simplistas con los que se presenta habitualmente el “racismo”. Y es que parece fácil echarle la culpa solo y exclusivamente a la expoliación de empresas multinacionales y a los intereses de las superpotencias en la zona que, si bien se dan también en otros lugares del planeta, no lo hacen en medio de la orgía de sangre que normalmente acaba aconteciendo en África desde muchísimo antes de que allí pisara el hombre blanco.
Más bien creemos que, tras todo esto se oculta un prejuicio ideológico nacido en Occidente. Al señor Mbutu Mondondo Bienvenu le afligiría mucho saber que su cruzada no es más que una versión actualizada del mito roussoniano del buen salvaje, según el cual el hombre es “bueno por naturaleza”.Así, nuestros hermanos africanos, más próximos a la naturaleza que el occidental moderno, tienen que ser, forzosa e ideológicamente, “buenos”. Mucho más realista sería entender que en la naturaleza humana anida lo mejor y lo peor y que, si bien los excesos de la colonización fueron por un lado evidentes, no se puede ocultar tampoco el fracaso de la descolonización impulsada desde las simas del progresismo occidental. Puede que los misioneros católicos ejercieran un “paternalismo” -por conceder significado a éste término ideológico y capcioso- para con la población autóctona, pero también es cierto que estos autóctonos, fuera de la administración colonial, no han sido capaces en cincuenta años de independencia de poner en marcha un modelo más eficaz en lo que se refiere a educación, respeto por la vida humana y justicia, de lo que lo hicieron los colonos blancos y les enseñaran los misioneros. Tras la marcha de todos estos, los sátrapas sanguinarios y las ancestrales guerras étnicas de exterminio han vuelto a florecer en el mismo escenario donde la colonización europea, aunque fuera por interés egoísta, mantenía un esquema de orden en el que era posible la vida sin miedo.
El señor Mbutu Mondondo Bienvenu es muy libre de sentirse insultado por un inocente cómic de los años treinta, pero ese desprecio que él siente es infinitamente más benévolo que el odio asesino de los hutus por los tutsis o que el que el clan Enyele sintió por los miembros de la etnia Munzayas, y que generó decenas de miles de refugiados aterrorizados por los saqueos, asesinatos y violaciones. Instituciones como la venta o truque de mujeres, la esclavitud, el exterminio de enemigos o la consideración similar a los animales del enemigo vencido son lugares comunes aún en el África de hoy, por no hablar de la corrupción política y económica que siega las vidas de los hambrientos. No por otra razón él ha buscado la nacionalidad de los teóricos opresores antes que quedarse en su Congo natal, donde podría muy bien luchar contra “el racismo” y no dedicarse a tonterías.
Es importante subrayar que esa maldad autóctona africana no es, en su naturaleza, diferente a la maldad que arrasó en nombre de la “democracia” y la “paz” Hirosima y Nagasaki o de las purgas de los años treinta en la URSS. Se trata de la misma depravación humana en marcha, en blancos, negros o amarillos porque todos, repetimos, todos, somos susceptibles de caer en lo peor. Que el señor Mbutu Mondondo Bienvenu sirva a un esquema político que busca demonizar al blanco europeo y a todo lo que éste significa, como si fuera solo hubiese bondad y toda maldad pudiera justificarse, no demuestra nada más que hay mucho tonto útil por ahí fuera, rindiendo culto a los dogmas de la corrección política.
Por lo pronto, a mi esto me ha servido para revivir lo mejor de mi infancia volviendo a leer a Tintín. Les recomiendo que hagan lo mismo.
Publicado en www.elsemanaldigital.com

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1 comentario a “¿Tintín racista?”
By Kraken on Oct 21, 2011 | Responder
Acojonante. Gracias por poner tan claro lo que sólo se podría decir más alto. A veces también echo de menos un megáfono… Anoche mismo, la última vez.