"Nadie mirará hacia una posteridad que nunca mira hacia sus antecesores."
Edmund Burke

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La superación del sistema educativo industrial

Publicado por Carlos Segade el 4 de Noviembre de 2011 en Cultura y Libros.
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En 1932 Bertrand Russell aseguraba que no había ninguna razón que le llevara a pensar que el Estado, algún día, fuese a anteponer los intereses de los niños a sus (…)

En 1932 Bertrand Russell aseguraba que no había ninguna razón que le llevara a pensar que el Estado, algún día, fuese a anteponer los intereses de los niños a sus propios intereses. Ochenta años después estamos en la misma situación. Todos los gobiernos del mundo, de cualquier signo, están reformando sus sistemas educativos. Para desgracia de los ciudadanos, especialmente los niños, las reformas no siguen otros intereses que los políticos. A pesar de que desde el mundo de la pedagogía y de la creatividad, o de la neurociencia, se elevan voces cada vez más rotundas a favor de un enfoque más personalizador de la educación, las medidas planteadas por los gobiernos siguen siendo las mismas que las de hace décadas, reincidiendo en la uniformidad, en la segregación y en el ahogo de la imaginación creativa, verdadero motor de las sociedades de todas las épocas.

Educar a alumnos “digitalmente nativos” es radicalmente diferente a lo que ha sido educar en la era industrial. Los países desarrollados tienen un fracaso escolar entre los doce y los dieciséis añosen torno al 30%. La inversión en el sistema educativo no deja de subir y la proporción profesor/alumno no deja de bajar; sin embargo, el nivel de alfabetización, el dominio de las habilidades lingüísticas y de cálculo, objetivo prioritario del sistema, se mantiene estable desde hace lustros. La tasa de suicidios ya es la primera causa de muerte en los adolescentes de los países desarrollados. Estudiar una carrera no garantiza un puesto de trabajo. El futuro es totalmente incierto se haga lo que se haga para afrontarlo.

Los políticos de medio mundo, no obstante, a pesar de disponer de toda esta información en mucho  más detalle, no reaccionan. Las razones son múltiples. Primero está la tiranía del statu quo, por la que todos los grupos interesados (sindicatos de profesores, burocracias educativas) prefieren quedarse como están. Segundo, porque se parte del falso planteamiento de que el Estado conoce de antemano lo que nos aportará el futuro, lo que significa que se actúa bajo la falsa premisa de que se controla el presente para mejor controlar el futuro. Tercero, porque implantar un nuevo paradigma educativo significa ceder poder y control social.El modelo ilustrado de formación enciclopédica está en crisis junto con el sistema económico al que servía.

En el siglo XIX, Occidente vivió un momento glorioso de expansión económica y bienestar como no se había visto anteriormente. Las estadísticas de población desde 1840 demuestran que hay un punto a partir del cual Europa entra en un período de crecimiento exponencial. Europa se vuelve industrial y el crecimiento urbano exige nuevos planteamientos y necesidades tanto para la industria como para la organización y servicios de los nuevos núcleos de población.

El tejido industrial recién implantado exigía a la sociedad dos nuevos tipos de ciudadanos: los que llevarían a cabo el trabajo manual y los que gobernarían las empresas y los servicios que harían posible el progreso industrial. Una pieza importante en el nuevo engranaje sería la escuela. Siguiendo los principios ilustrados, los centros educativos, aparte de cumplir con los objetivos mínimos de alfabetización, debían ser el primer filtro para la selección de las personas que irían a una u otra función.

Todos los sistemas educativos occidentales se focalizaron en proveer a la industria de trabajadores aptos para ambos niveles. Mientras Occidente necesitó continuar con el modelo industrial, su sistema educativo fue eficaz y cumplió sus objetivos. Unos cuantos estudiaban más allá de los límites de la alfabetización y otros, bastantes, no proseguían estudios. Ambos, sin embargo, tenían un lugar en el sistema.

Pero a finales del siglo XX la sociedad occidental comenzó a superar el estado industrial. El sector servicios y las actividades de ocio respondenya ala mayor parte de los intereses y necesidades de la población activa. Las nuevas generaciones se acostumbran a vivir en un ambiente tecnológico muy avanzado que supera cualquier expectativa prevista por sus mayores. La tecnología, antes subordinada a la producción industrial y muy poco presente en los hogares,se ha tomado su tiempo hasta llegar a consolidarse como protagonista casi absoluto de la vida cotidiana.

El sistema educativo, por su parte, en vez de asumir que vive en otra realidad social, altamente tecnológica, sigue montado sobre la base de la segregación de los individuos por su capacidad de ejecutar (estudiar y repetir lo estudiado), no de innovar y de crear. Las escuelas siguen siendo las fábricas de modelos de uniformidad intelectual donde todos son medidos por el mismo rasero y a donde a todos se les dirige hacia los mismos objetivos. ¿Por qué los objetivos que fija el Estado son necesariamente mejores que los que fije una escuela que conoce a sus alumnos, o la familia que conoce a sus hijos o un muchacho que sabe lo que le gusta y se le da bien?¿Por qué estudiar matemáticas tiene más valor que pintar bien, hablar idiomas, crear música? ¿Quién decide y por qué que algunas asignaturas tienen más valor que otras? Ante la sociedad tecnológica en la que ya llevamos años viviendo, el sistema educativo y quien lo gobierna se ha quedado sin respuestas.

Cuando en los años noventa el gobierno británico inició la reforma educativa en virtud de la cual solo habría un Currículo Nacional que sería seguido muy de cerca por el Estado y que haría pasar a los niños por una serie de pruebas, muchos creyeron, sobre todo en la derecha, que esa sería la solución. Curiosamente, la situación no ha mejorado mucho, y tras veinte años, los niveles de dominio de cálculo y lengua por parte de los jóvenes británicos no son lo espectaculares que se creía que iban a ser con la implantación del currículo único. La razón de esto es que la reforma se basa en la jerarquía de asignaturas y en la confección de exámenes de reválida, que refuerzan no la exigencia personal, sino la adecuación a un criterio de uniformidad. Como ha anunciado la prensa británica estas semanas, cada vez son más los centros educativos que se limitan a preparar los exámenes para obtener una buena nota en la clasificación de centros que diseña la inspección educativa, sin que ese esfuerzo de los alumnos y de los profesores redunde en una mayor calidad de la enseñanza. El lado tenebroso de este sistema, el que desaparece de los informes de calidad y de los programas de los partidos, es que los alumnos a los que el sistema considera como destacados, se ven tan presionados para mantener las notas medias que el número de suicidios en este sector de la población va en aumento cada año.Se pretende suprimir el fracaso escolar aumentando el fracaso vital.

Mientras Occidente vuelve una y otra vez a las mismas medidas, poco a poco pierde el carro de la innovación arrastrando un sistema propio de los países emergentes. La juventud se encuentra unos valores sociales que no son los que se premian en las escuelas, la realidad económica y social les demanda ideas nuevas, mientras que la escuela no les ha preparado para pensar.

Un nuevo paradigma educativo pasa por ser un sistema personalizado, en el que se dé tanta importancia a una asignatura como a otra según sea la capacidad del estudiante y según sea el predominio y desarrollo de sus inteligencias. Un sistema nuevo se tiene que liberar del control estatal y cada centro debe tender a decidir su propio currículo para poderse adaptar a la realidad del alumnado sin que haya autoridades que dicten normas uniformes para personas distintas. Un sistema nuevo consiste en plantear retos de conocimiento al alumno con experiencias reales para que este los sepa solucionar echando mano tanto de lo ya trabajado por otros como de su propia capacidad para resolver problemas. Como demuestran día a día miles de artistas y creativos, es el genio y su fuerza interior lo que les ha encumbrado, no el haber superado exámenes sobre materias que no aportaron nada a su formación y talento. Por eso, la escuela debe buscar y fomentar la genialidad, que abunda más de lo que parece, y educar en la gestión emocional y espiritual, de forma que se consiga educar en la plenitud de las capacidades de la persona.

Esto no quiere decir que el estudio de diversas materias no sea importante. Hacer acopio de conocimientos, estudiar y memorizar es necesario y bueno, pero no hay que confundir este instrumento, que no es más que eso, con el objeto último de la educación. El objetivo de educarse es sacar lo mejor de uno en todas las áreas en las que se vea dotado; para ello efectivamente hay que explorarlas todas previamente y ver cuáles son las que uno puede explotar para su propia felicidad y para un mejor servicio a los demás. Pero es durante este proceso de maduración del conocimiento cuando la persona debe estar en contacto con los estímulos que le lleven a crear e innovar, ya que solo la dedicación a lo que cada persona ve como su elemento puede desembocar en una vida de éxito, que no debe confundirse forzadamente con la riqueza o la fama.

En definitiva, no se trata de orientar la educación a un sistema económico alternativo, sino hacia la persona. El sistema económico, en este caso el nuestro del siglo XXI, predominantemente innovador, se verá indirectamente beneficiado por el sistema educativo, pero este no será su incondicional servidor.  El ciclo económico ha sido el agente a través del cual nos hemos percatado de que algo no funciona, pero debemos estar alerta para no convertir la nueva economía en la razón de ser de la educación, porque mientras que la necesidad de educarse es permanente y acompañará al hombre siempre, los sistemas económicos son transitorios y dispares. Es bueno ver en la crisis del sistema económicola oportunidad para convertir el sistema educativo en un verdadero sistema hecho para las personas y no para la industria.

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