Toward a truly free market
Este es el primero de una serie de tres libros de Autores distributistas que pretendo reseñar a lo largo de las próximas semanas para satisfacción de don Eulogio, un distributista (…)
Este es el primero de una serie de tres libros de Autores distributistas que pretendo reseñar a lo largo de las próximas semanas para satisfacción de don Eulogio, un distributista convencido, y de alguno de los mejores lectores de esta sección. Los textos serán, además, las primeras recomendaciones en lengua inglesa que les haga, pero créanme que merece la pena luchar con esta lengua de herejes por la calidad de los textos.
El distributismo se inicia con las aportaciones de los hermanos Chesterton e Hilaire Belloc al pensamiento económico. Ninguno era economista, pero, en cuanto pensadores de lo social, no cabe duda de que hicieron importantes contribuciones de carácter económico. De manera especial este último, Belloc, y su obra El estado servil, objeto que fue de uno de los primeros comentarios que se publicaron aquí, que tanto influyó en Hayek, como éste reconoció y aún más en E. F. Schumacher (Lo pequeño es hermoso).
El autor tiene un comienzo muy interesante. Por un lado, constata que ni las soluciones keynesianas ni las austriacas, pretendidamente liberales, han dejado de hacer crecer a ese monstruo llamado Estado (págs. 17 y ss.). Lo que en el caso de estos últimos muestra que algo falla en sus soluciones. Por el otro insiste en el carácter científico de la Economía (ya saben de mi insistencia también en el tema, porque los enemigos de la Verdad siempre dirán que es ideología) pero, como ciencia social que es, dentro de un marco moral. Al fin y al cabo, tal vez sería bueno abandonar esa clasificación de ciencias sociales en favor del de ciencias morales.
Los capítulos centrales son una crítica consistente, aunque no original pero con el gran valor de la sistematización, a los modelos generalmente utilizados en la enseñanza de la Economía: tremendamente fisicistas, de tal modo que parece que estemos explicando el funcionamiento del libre mercado en un mundo donde las relaciones entre las causas y los efectos son necesarias, como en física, y por tanto en ausencia de libertad. Es decir, el modelo neoclásico, que incluye al marxismo en lo que tiene de Ciencia Económica, niega la libertad del individuo, que es la causa y el receptor de los efectos de lo que llamamos libre mercado (pág. 3). Es el libre mercado en ausencia de libertad. Y eso es lo que padecemos ahora mismo. Tal vez por eso el título del libro: Hacia un mercado verdaderamente libre. Me han interesado especialmente las reflexiones del Profesor Médaille sobre el dinero (capítulo 7). Creo que no entiende especialmente bien los mercados financieros, como cuando describe el mecanismo de especulación mediante posiciones cortas (página. 84), pues este tipo de operativa es de las pocas que no requiere que el Banco Central de financiación para acometerla, puesto que es todo lo contrario: es un modo de obtener financiación, eso sí: con alto riesgo, para aplicarla a otros usos. Sin embargo, tiene grandes ideas, en las que coincide con los austriacos: es totalmente contrario a la figura del Banco Central, tanto público como privado, es decir: al monopolio de emisión de moneda. Además, coincide con las posturas más radicales de algunos de ellos, porque entiende, y entiende bien, que el dinero no es más que crédito pero de alguien que tiene algo que ofrecer al mercado (algún bien o servicio) y no de un Banco Central que cambia papel impreso por anotaciones en cuenta. En este sentido, es partidario de la más amplia libertad de emisión de moneda (pág. 90), por lo que se acerca a los más libertarios de los austriacos, con los que no estoy siempre de acuerdo porque, como dice Russell Kirk, han perdido la cordura y desprecian la tradición.
En este sentido, su crítica del patrón oro (pág.86) no comprende el valor que damos algunos al mismo como institución generada de manera espontánea, al margen de la decisión política, al uso de un metal como moneda y que, en cualquier caso, se trata de que la cantidad de dinero esté al margen de una decisión que, puede ser científica, pero que es arbitraria en cualquier caso. Además, lo importante es lo que apunta: el emisor de moneda debe estar obligado a entregar algo que no pueda producir sin límite ni coste. El capítulo final, recapitulatorio, nos describe como llegar a la sociedad de pequeños propietarios tan cara a Chesterton y con la que estoy tan de acuerdo. El keynesianismo y lo que él denomina el mercantilismo, han convertido nuestro sistema económico, gobierne quien gobierne, en una alianza de los intereses de la clase política y de los muy grandes propietarios. Al final, como indica, disculpen la traducción: la primera tarea para reformar el sistema es comprender el que tenemos -y que está totalmente colapsado- y comprenderlo al margen de los términos ideológicos comúnmente utilizados para describirlo (pág. 235).
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Publicado en www.hispanidad.com

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