"The truth is, politics and morality are inseparable. And as morality's foundation is religion, religion and politics are necessarily related. We need religion as a guide."
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El perfil del Sr. Wert y la enseñanza secundaria

Publicado por Fernando Caro el 24 de Enero de 2012 en Política y Sociedad.
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A propósito del nombramiento del Sr. Wert como Ministro de Educación, Cultura y Deporte, pude leer estos titulares en un periódico digital: “José Ignacio Wert: un profesor universitario en Educación. (…)

A propósito del nombramiento del Sr. Wert como Ministro de Educación, Cultura y Deporte, pude leer estos titulares en un periódico digital: “José Ignacio Wert: un profesor universitario en Educación. El sociólogo José Ignacio Wert se sitúa al frente de la cartera de Educación, Cultura y Deporte.”Sin embargo en el cuerpo del texto se decía que “Wert es sociólogo y ha sido profesor en las universidades Complutense y Autónoma de Madrid, además de subdirector del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y presidente de Demoscopia. Desde 1987 hasta 2003 ha sido presidente de Demoscopia, instituto privado dedicado a la investigación de opinión y mercado… Desde 2005 preside Inspire Consultores. Wert ha sido también presidente de ESOMAR, la Asociación Global de Investigadores de Opinión y Mercado, así como de la EFQM (European Foundation for Quality Management), que ha presidido entre 2003 y 2009 en representación de BBVA.”

Por tanto su reciente labor profesional, desde hace 24 años, guarda relación con la gestión de la calidad y otros asuntos, no con la docencia universitaria.

Mi profesión consiste en algo universal, muy antiguo y con unas leyes básicas bien conocidas como es el transmitir conocimientos. Es algo que la especie viene haciendo desde que lo es. Por eso se ha podido perpetuar como tal y evolucionar como lo ha hecho.

Allá por 1977 un calahorrano, el profesor Escudero Escorza, que sería premio nacional a la investigación educativa afirmó: “Profesores preparados, estudiantes motivados y un ambiente educativo adecuado, son los ingredientes indispensables para garantizar el éxito en los procesos educativos”. ¿Qué se puede objetar?

La importancia de la enseñanza secundaria está fuera de toda duda. François Revel dijo de sus profesores que son, tal vez, el colectivo más influyente en la visión del mundo que exhibe una sociedad porque “son quienes transmiten el conocimiento, o lo que ocupa su lugar, quienes moldean la cultura en su raíz y tienen en su mano la llave que abre a cada generación el acceso a una representación del universo”.  Y por sus resultados en su tramo obligatorio, me parece incuestionable calificar nuestro sistema de instrucción pública como desastre sin paliativos. Como incuestionable que sea fruto de claras voluntades políticas y que urja remediarlo.

Y, ¿qué son los sistemas de gestión de la calidad? Son un conjunto de pautas que algunas empresas ponen en juego, voluntariamente, para aplicar en su actividad las determinaciones de una norma, la UNE-ISO 9001 o la del  modelo EFQM, que mayoritariamente se aplica en el ámbito de la enseñanza.

Ahora bien la calidad en el hacer no puede confundirse con la gestión de la calidad según las normas señaladas. Son cosas totalmente dispares. Por ejemplo, si mi centro estuviera reconocido con la “Q” de oro, tras una severa auditoría EFQM, y yo impartiera la materia de mi especialidad en 2º de Bachillerato, la Física, ¿querría ello decir que mi trabajo estaría mejor realizado y mis alumnos comprenderían, aprenderían y aplicarían mejor los conceptos físicos, como las Leyes de Newton, por ejemplo? Ciertamente no.

Es exactamente lo que le sucede a un texto cualesquiera: no se le podrá atribuir calidad literaria por el hecho de que carezca de faltas de ortografía; son cuestiones que discurren por planos independientes.

La gestión de la calidad genera sobrecostes (inflación). Aquella empresa que adopta un sistema de gestión de la calidad ha de establecer pautas documentales y operativas que evidencien su buena aplicación: resulta preciso un departamento o un responsable de calidad para ponerlo en marcha y mantenerlo y ello genera un coste inevitable. Como se trata de algo global, toda la plantilla ha de conocer, compartir y dedicar una parte de su jornada laboral a dar cumplimiento a las exigencias de la política de calidad. Finalmente habrá de soportar las auditorías reglamentarias, internas y externas, que certifiquen la conformidad del sistema, lo que supone otro gasto. Tales costes productivos se repercuten, necesariamente, en el precio final de los productos fabricados o bienes suministrados.

El escepticismo que me suscita el asunto es total. Y el Sr Wert, sociólogo, procede de ese campo profesional según reseñan.

A mi modo de ver nuestra enseñanza secundaria adolece de muy graves defectos, ignora su genuino propósito y la dinámica interna más acorde con él, a la vez que opera sobre supuestos de dudosa validez con aquellos a los que hemos de formar. Y la tarea que ha de llevar a cabo está plagada de dificultades pues la complejidad, aquí y ahora, es la mayor jamás conocida. Finalmente, no se olvide que el colectivo profesional es el que es, algo también mejorable, por las propias bases en las que se sustenta la actividad.

Yo entiendo que el ministro, en una cartera tan amplia y compleja como la de la que hablamos, habrá de trabajar con un equipo que le marcará ciertas pautas de actuación en campos tan heterogéneos. Pero también que él, con un perfil profesional muy nítido según su trayectoria, será quien marque la impronta en ciertos asuntos como la propia selección de sus colaboradores, y no a la recíproca.

Por ello opino que su perfil no es el que más conviene a la enseñanza secundaria, que conozco por mi trayectoria profesional. Digo que no es el mejor director para una orquesta mediocre que tiene que interpretar una pieza de dificultad segura en una sala de conciertos abarrotada, donde la inmensa mayoría desconoce qué hacer a ciencia cierta.

Y también que son necesarias medidas urgentes que nada tienen que ver con presuntos blanqueos por aplicación de sistemas de calidad, como son la recuperación de los valores asociados al esfuerzo, la dedicación, la capacidad natural y el mérito, acreedores de reconocimiento y recompensa.

Fernando Caro.

Profesor del IES “Hermanos D’Elhuyar”. LOGROÑO.

Publicado en el diario La Rioja

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