Popieluszko, héroe y mártir
Popieluszko fue el tercer vértice de ese triángulo que, junto a Juan Pablo II y Lech Walesa, lograron liberar a su patria del yugo comunistaEl 6 de junio de 2010 (…)
Popieluszko fue el tercer vértice de ese triángulo que, junto a Juan Pablo II y Lech Walesa, lograron liberar a su patria del yugo comunistaEl 6 de junio de 2010 la plaza Pilsudski de Varsovia acogió a más de 140.000 fieles, 1.600 sacerdotes y 100 obispos para asistir a la beatificación del mártir que vivió, luchó y murió por la libertad del pueblo polaco. En grandes letras se podía leer el lema del apóstol San Pablo que él hizo suyo: “Vencer al mal con el bien”. La película Popieluszko, la libertad está en nosotros, que se estrena el 27 de enero en España, cuenta su historia.
Polonia, 1945. Finaliza la II Guerra Mundial y comienza el comunismo. Durante los primeros años, el Régimen respeta relativamente a los católicos, pero pronto empieza a perseguirlos con creciente animosidad; cierran escuelas, limitan el culto y vigilan a los potenciales seminaristas en la universidad. Ser católico en la Polonia comunista no era fácil; ser sacerdote católico suponía, además, estar en permanente riesgo. Para tratar de anular las vocaciones, entre otros métodos, el régimen enviaba a los seminaristas al servicio militar con la esperanza de que dos años de duros castigos, simplemente por rezar el rosario, fueran suficiente persuasión (palizas, humillaciones, ahogamientos en agua helada…). Algunos se rendían; otros, en cambio, fortalecían aún más su vocación sacerdotal. Jerzy Popieluszko fue de los segundos.
Su destino quedó marcado el verano de 1980, cuando los trabajadores del acero de Varsovia, encerrados en una desafiante huelga en solidaridad con los obreros de Gdansk, reclaman la presencia de su párroco (necesitan una fuerza extra para resistir el asedio). Acude Popieluszko, libre de sus cometidos parroquiales por cuestiones de salud, y se queda con ellos, compartiendo su encierro y su causa y atendiéndolos espiritualmente noche y día. Pronto el sacerdote se gana la admiración de todos con su carisma y su acérrima defensa de la libertad, la dignidad y el amor cristiano. El régimen teme sus sermones incendiarios, mezcla de espiritualidad y patriotismo, pero no sabe cómo acallarlos. Poco a poco la iglesia de San Estanislao de Kotska, su parroquia, se convierte en centro neurálgico de la resistencia pacífica, aunque no silenciosa, y las misas de Popieluszko en uno de los pilares básicos del recién nacido sindicato Solidaridad.
Ni siquiera la ley marcial, ni los tanques y soldados que toman Varsovia en diciembre de1981 logran silenciar las elocuentes y peligrosas homilías del padre Jerzy, inspiración de esa pacífica revolución que cambiaría el mundo. Desde febrero de 1982, mes a mes, celebra sus multitudinarias “misas por la patria”, a las que acuden miles de católicos procedentes de todo el país. “¡La verdad no podrá ser aniquilada” proclama. Pero él sí. Esas misas serán su sentencia de muerte. A lo largo de dos años es espiado, registrado, detenido, condenado… pero él resiste, a pesar de su deteriorada salud. La Służba Bezpieczeństwa (policía secreta) trata de silenciarlo o intimidarlo; cuando la amenaza no es suficiente, fabrican pruebas falsas contra él; es arrestado en 1983, pero es pronto liberado gracias a la intervención de la Iglesia y a la presión de sus fieles (”¡Devolvednos a Popieluszko!” reza una gran pancarta colgada en su parroquia). Finalmente, es perdonado por una amnistía.
En el ofertorio de esas misas patrióticas, sus preces son “para que los internados sean liberados; para que nadie sea obligado a abandonar su patria; para que Lech Walesa y los otros líderes de Solidaridad puedan cumplir la misión que les encomendó la sociedad…” Sabe que tiene el apoyo del pueblo, de Cristo y del Papa Wojtyla, que ha leído sus homilías (”¿Y qué ha dicho?”, pregunta Jerzy. “Te envía este rosario”).
El 26 de agosto de 1984 pronuncia su última homilía en una ´misa por la patria´: “Hace falta quitarnos el peso del miedo que nos paraliza, que inmoviliza los corazones y mentes de los hombres”. Dos meses después de estas palabras, la noche del 19 de octubre, es secuestrado y brutalmente golpeado en una cuneta por tres funcionarios del Ministerio del Interior, cuando regresaba de un servicio pastoral de Bydgosszcz; aún con vida, arrojan su cuerpo al río Vístula con un saco de piedras atado a los pies. Su cadáver aparece diez días después, dejando al país entero sumido en el llanto y la conmoción. Tenía 37 años. Pero su martirio no fue en vano: a su funeral, el 3 de noviembre, acuden 600.000 personas, 600.000 corazones polacos que continuarán su lucha hasta la derrota final del comunismo, en 1989. Lo reconoció el mismísimo Lech Walesa ante la multitud: “Solidaridad vive porque Popieluszko derramó su sangre por ella”.
En 1987 Juan Pablo II inició su proceso de beatificación y el 6 de junio de 2010 fue declarado Beato por Benedicto XVI -”como ejemplo de la defensa de derechos y de la dignidad humana, también como modelo del diálogo y reconciliación”. Su pueblo lo declaró héroe nacional y mártir por la fe; hasta la fecha 18 millones de fieles han visitado su tumba, junto a la iglesia de San Stanislao de Kotska, y han escuchado tañer la campana obsequiada en su honor por los obreros polacos: en lo alto, la palabra Dios; debajo, Patria; y entre ambas, la imagen de Popieluszko con un crucifijo, rodeada de 15 manos alzadas.
Han transcurrido 22 años desde la muerte del padre Jerzy. Y es ahora cuando a los españoles nos llega su historia de la mano del director polaco Rafal Wieczynski, que ha realizado también el guión. Él vivió de primera mano aquellos sucesos, cuando sólo contaba 16 años. “Yo era un joven scout y me comparaba con el padre Jerzy; me preguntaba si yo haría lo mismo, si sacrificaría la vida por mi fe. Creo que todos los jóvenes nos hacíamos esa pregunta. Fue una gran lección de patriotismo y de coraje”. Tras largos años de duro trabajo, 7 meses de rodaje en 14 ciudades, y 7.000 extras y actores, Popieluszko, la libertad está en nosotros fue una realidad en 2009; una superproducción que ya han visto 1.300.000 polacos. Ahora llega a nuestras pantallas para que los españoles podamos aprender, al menos un poco, de esa lección de patriotismo y coraje, de fe y amor a la verdad que tanta falta nos hace.
Publicado en www.elsemanaldigital.com

Cargando...




