Primarias. Gingrich y el conservadurismo
En 2010, era comúnmente admitido que el Tea Party, con su supuesto radicalismo, sería incapaz de lograr relevancia política y atraer al votante americano, lastrando las posibilidades del Partido Republicano (…)
En 2010, era comúnmente admitido que el Tea Party, con su supuesto radicalismo, sería incapaz de lograr relevancia política y atraer al votante americano, lastrando las posibilidades del Partido Republicano en las elecciones de midterm.Fue al contrario: los teapartiers lograron incontestables victorias, y el GOP avanzó en el Capitolio, poniendo a Obama en serios aprietos. Todo ante el pasmo del Partido Demócrata, de la izquierda mundial, y de toda la derecha centrista y acomplejada del mundo.
Algo parecido ocurre con las primarias: la creencia de que sólo un candidato melifluo e ideológicamente débil como Romney tendría éxito y no asustaría a los votantes es dogma de fe en The New York Times y entre sesudos analistas. Pero no es eso lo que están demostrando las bases republicanas en estas primarias. Al contrario, están poniendo de manifiesto parecido fenómeno al de 2010: los votantes conservadores los prefieren con principios y valores claros.
Lo peor para Romney no es su derrota, previsible en la conservadora Carolina del Sur, donde Gingrich había concentrado fuerzas: lo peor es que quienes lo rechazan y prefieren discursos sólidos, aunque sean heterogéneos, como los de Paul, Santorum y Gingrich, son abrumadora mayoría. El último sale de Carolina del Sur investido como el no-Romney, el rival oficial. El reto de Gingrich es gestionar su relación con los otros dos candidatos: pese a sus nada desdeñables resultados no parecen dar más de sí, pero con su apoyo desequilibrarán la balanza a su favor. Lo que es especialmente cierto en el caso de Santorum, que sigue siendo la clave. Por su parte, Romney, tocado pero no hundido, deberá arriesgar más ante un electorado que definitivamente no sopla tan a su favor.
Probablemente, ni la experiencia ostentosa de Gingrich ni el entusiasta empuje del nuevo conservadurismo social serían suficientes contra Obama. Pero unidos constituyen una pesadilla, tanto para el establishment republicano como para el obamismo: si ya perdieron en 2010 contra estos rivales, ¿por qué no iba a ocurrir el 6 de noviembre?
Publicado en www.gees.org

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