Antonio Robles y la EpC
…”Es muy bueno tener opiniones, e interpretar, pero lo que se opone a la filosofía es presentar la opinión como una certeza. El moralista, el ensayista, juegan limpio y aceptan (…)
…”Es muy bueno tener opiniones, e interpretar, pero lo que se opone a la filosofía es presentar la opinión como una certeza. El moralista, el ensayista, juegan limpio y aceptan colocarse desde el principio en el plano de la opinión. No reclaman para sus ideas más que el consentimiento que corresponde al interés que ofrecen y a las consideraciones que las sustentan. Un comentarista puede ser parcialmente sólido. Una sola observación justa, en medio de un fárrago, basta para darle cierto interés.” [F. Revel]De nuevo he de enmarcar mis palabras para que tomen vida en un pensamiento más elevado que aquel del que surgen.
El político, hoy en las filas de UPyD, y filósofo, (o el filósofo y político, como resulte más oportuno al caso) Antonio Robles proclama haber defendido por escrito y en sede parlamentaria la asignatura Educación para la Ciudadanía muchas veces, tantas como me he opuesto a la voluntad del PP de eliminarla del sistema educativo. Lo sostiene “Educación Cívica Y Constitucional” artículo que publica LD. (http://www.libertaddigital.com/opinion/antonio-robles/educacion-civica-y-constitucional-63085/)
A. Robles, en esta ocasión, no pasa de ser un mero comentarista que se congratula de que la “iniciativa Wert” deja lo fundamental a salvo, “la necesidad de dotarnos de unos valores cívicos y unos conocimientos constitucionales con los cuales no nacemos y que deben ser enseñados”
El propósito de tal aprendizaje sería la adquisición de una serie de valores universales enmarcándolos “en el espíritu de la Constitución… es la forma como la persona se convierte en un ciudadano capaz de convivir en sociedad…
Tanto el que cree como el ateo habrán de vivir conforme a las reglas democráticas de nuestra Constitución y no hay mejor manera de respetarlas que conocerlas después de haberlas razonado y comprendido.·
Por sorprendente que pueda parecer, A. Robles parte en su artículo de la aceptación previa de aquello que, precisamente, debería estar en discusión. Y negando la puesta en tela de juicio de las realidades materiales (el “espíritu” es pura entelequia) de la propia Constitución, de la condición de ciudadanos y de las reglas democráticas que de ella emanan, se queda en el simple terreno del comentario simple, baladí. Magro fruto.
Y al dejarla fuera de discusión [la Constitución], ¿no la sacraliza, no la eleva a la condición de verdad esencial, cosa que evidentemente es inaceptable desde la perspectiva de un ciudadano democrático tal y como lo concibo?
Francamente esperaba más finura de A. Robles. Y aunque por su trayectoria no se le puede negar la capacidad de enjuiciar con mayor sutileza ciertas realidades materiales, en esta ocasión yerra. Porque si el 14 de nuestra Constitución dice lo contrario que el 56.3, que es el que realmente rige, y ello nos retrotrae a un estatus pre-moderno, es decir propio del antiguos régimen, es decir donde la genuina condición de ciudadanos no tiene cabida, ¿quién se puede atribuir tal condición ciudadana para enseñar las reglas democráticas de nuestra Constitución, si no es poniéndola en solfa de inmediato, y más vista la realidad material de lo que nos rodea?
Afirma también que “La religión puede seguir siendo una apuesta individual, pero la ciudadanía es el destino de la humanidad regido por el derecho y la legitimidad.”
Mantengo serias dudas acerca del primer aserto, dudas pendientes de resolver. Porque si acepto la proposición de Benjamín Constant de que el hombre es religioso por el hecho de serlo [hombre], y se es [hombre] en cuanto sujeto social, en cuanto que la existencia cobra sentido en el colectivo de referencia en el que colmamos nuestros anhelos, ¿cómo recluir tal faceta a una mera y pura individualidad?
En mi opinión, por añadidura, carece de consistencia la contraposición de religión con ciudadanía. Al menos en nuestro ámbito sociocultural tal contraposición me resulta inviable. Precisamente porque la mejor condición ciudadana, la de mayor calidad que el hombre haya adquirido nunca jamás sobre la faz de la tierra, lo ha sido en el seno, y como fruto, de la vieja Europa de raíces greco-latinas y judeo-cristianas, la Europa forjada en el crisol mediterráneo, que es el ámbito de convivencia que precisamente nos envuelve y que, por todos los medios, debemos preservar.
Y es que Cristo-Jesús parece ser que no habló ni para un hombre ni para una época ni para un lugar: lo hizo para el hombre de cualquier época y lugar, para todos los hombres. Por eso el cristianismo es la única de las grandes religiones en la que se puede ser, a la vez y sin contradicción, creyente y ciudadano. [Agapito Maestre destacó magníficamente esta unidad dual en el pensamiento, vida y obra de Herrera Oria. “El fracaso de un cristiano. El otro Herrera Oria” Ed. Tecnos, 2009]
Para acabar, colocar a un comunista y un liberal como realidades análogas susceptibles de ser colocadas en los platillos de una hipotética balanza, “un comunista y un liberal pueden guiarse por ideologías distintas, pero han de comportarse igual como ciudadanos” no es que me parezca una ligereza, me parece una frivolidad inaceptable, por no emplear calificativo más contundente.
Que incurre en petición de principio. Porque el Sr. Robles no podrá poner ni un solo ejemplo de liberal empeñado en alcanzar algo parecido a la dictadura del proletariado, edén de la ciudadanía -como todo el mundo sabe- y anhelo propio de cualquier comunista que se precie.
Por no decir que tampoco se puede obviar de forma tan burda, tan beocia, la historia de sufrimiento y muerte que arrastra tras de sí el comunismo -alrededor de 100 millones de muertes tan solo a manos del estalinismo, según Ryszard Kapuściński en “El Imperio”-. Es algo inaceptable en alguien que se precie de pretender enseñar comportamientos ciudadanos.
Otra cosa hubiera sido un popular y un socialista. Ahí estaríamos hablando de las dos caras de una misma moneda.

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1 comentario a “Antonio Robles y la EpC”
By Dionisio on Feb 9, 2012 | Responder
La democracia como religión y la Constitución como su evangelio. Nada nuevo.