¿Errores de concepto o mentiras del Estado?
Las malas noticias siguen cayendo y la tormenta no amaina. España tiene a fecha de hoy, según la última EPA, cinco millones doscientos setenta y tres mil seiscientos parados, o (…)
Las malas noticias siguen cayendo y la tormenta no amaina. España tiene a fecha de hoy, según la última EPA, cinco millones doscientos setenta y tres mil seiscientos parados, o lo que es lo mismo, un 22,85% de nuestra población está desempleada. La tasa es alta, la mayor de la los países que integran la Unión Europea. Además, el año pasado cada minuto se quedaba una persona en paro y 6.000 empresas quebraron. Las previsiones de crecimiento, o mejor dicho de decrecimiento-recesión, tampoco acompañan, y para colmo, Moody’s vuelve a pegarnos otro hachazo más a la calificación de nuestra deuda.En tales circunstancias y ante la oportuna preocupación de los ciudadanos, a los economistas se nos suele preguntar: ¿Van por buen camino las medidas que está tomando el Gobierno? A ello, debemos responder con un rotundo: No. Bien es cierto que la gestión popular está siendo más satisfactoria que la socialista, pero en el camino se están cometiendo demasiados errores de concepto. Errores, prefiero pensar, que no mentiras.
Lo primero que nos anunciaron fue la creación de un entorno legal que combatiera el fraude. Para ello, y siguiendo el programa electoral de IU, pretendieron limitar las transacciones en efectivo a 1000 euros. Sin embargo, ¿acaso se han preguntado por qué hay economía sumergida?, ¿no se han percatado en la correlación directa que existe entre los impuestos y el fraude? Prefiero pensar que es un error de concepto y no una capitalización bancaria encubierta.
No obstante, después decidieron subirnos los impuestos, colocándonos a la cabeza de Europa en carga fiscal. IRPF e IBI fueron las estrellas de aquella trágica mañana de enero. Se nos argumentó que la decisión era necesaria para sufragar el déficit oculto que habían dejado de herencia los socialistas. Pero, ¿no se han dado cuenta que fomentarán aún más la evasión fiscal y de capitales? ¿No conocen la curva de Arthur Laffer que explica con absoluto acierto que el incremento impositivo a la larga acarrea la disminución de la masa recaudatoria y por lo tanto de la recaudación efectiva? Prefiero pensar que esto también es un error de concepto y no una intención tácita de dar continuidad a la gran maquinaria de subvenciones partidistas.
La tercera gran medida vino de la mano de la reforma financiera. Ésta, obliga a reducir un 35% el precio de los activos inmobiliarios de los bancos y a controlar el sueldo de los altos directivos de las entidades intervenidas. A cambio, se promete más dinero del FROB para proseguir con las reestructuraciones y las fusiones. Ahora, me pregunto yo: ¿Es inmoral ganar mucho dinero si se ha logrado de manera honrada a través del esfuerzo y el trabajo diario en el gran juego del mercado? ¿Es realmente justo un precio impuesto por el Estado y no negociado de manera voluntaria entre agentes oferentes y agentes demandantes? ¿Es ético que debamos pagar a costa del hambre a los banqueros sus equivocaciones empresariales? Prefiero creer que es un error de concepto y no un crédito de favores entre políticos y banqueros, calmando al ciudadano con el alimento de la envidia hacia el individuo que ha ganado mucho dinero de manera honesta.
Y por último, la reforma laboral, aprobada el viernes pasado y jurídicamente efectiva desde ayer. Los puntos principales de la misma son: Abaratamiento del despido, pérdida de poder de las centrales sindicales y fin de la ultraactividad de los convenios colectivos. Y con ello, piensan crear puestos de trabajo. ¿Pero realmente creen que restando derechos y poder de negociación a los trabajadores se crea empleo? Bien es cierto que la decisión flexibilizará de manera notoria el mercado de trabajo, lo cual, es positivo, sin embargo, para tener más empleo es necesario tener más empresas o que las empresas que ya existen crezcan. Y para que haya más empresas o las que existan crezcan, primero se debe disipar la incertidumbre, cosa que hay cada vez más, segundo, hay que cambiar la cultura del “todo gratis” -hasta que se acaba- por la del mérito al esfuerzo y al trabajo; tercero, hay que adelgazar la burocracia, no es normal que el plazo medio de creación de una sociedad mercantil en España sea igual que el de Rwanda, y cuarto, debe fluir el crédito, y para que ello acontezca hay que bajar los impuestos de la renta y de beneficios para dejar más renta disponible a las empresas y familias con el fin de que consuman e inviertan en planes solventes, y no seguir con la inyección indiscriminada de liquidez por parte de los Bancos Centrales que corrompen el valor de nuestra divisa y merman nuestro poder adquisitivo. En este caso, prefiero argüir que también es un error de concepto y no un ajuste de tuerca más para salvaguardar la red clientelar de privilegiados del Estado.
¿Errores de concepto? ¿No es demasiada casualidad tanto error?

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