Lecturas
Quien escribe, ¿acaso no habla de sí repitiendo lo que ya diera a conocer en otra ocasión? Por ejemplo que las personas se forjan, también, en sus lecturas. O que (…)
Quien escribe, ¿acaso no habla de sí repitiendo lo que ya diera a conocer en otra ocasión? Por ejemplo que las personas se forjan, también, en sus lecturas. O que empezamos a leer por pura necesidad aunque la lectura devenga maduro gesto de voluntad, de deseo de ser tras conocer.Y porque la Historia se muestra pertinaz, aunque no completamente predecible, es por lo que me permito recomendar unas lecturas relacionadas con nuestro presente y pasado inmediato. Lecturas que forman parte de esa selección de obras imperecederas que cada uno va construyéndose con mimo. Y que entregan generosamente vivas emociones, en medio de nuestra admiración, cuando de nuevo nos asomamos a sus hojas.
Totalitarismos atroces asolaron la vieja Europa el pasado siglo. Justamente allí donde se forjó la condición ciudadana de mayor calidad jamás alcanzada por el hombre, estalla con toda su crudeza, abyección, y locura, un tipo surgido con la Revolución de 1789: «…abolidas las leyes religiosas a la vez que trastocadas por completo las civiles, el alma humana perdió por completo sus referencias; no supo a que atenerse ni donde detenerse, y se vio la aparición de revolucionarios de una clase desconocida, que llevaron su audacia hasta la locura, a los que ninguna novedad causó sorpresa, ningún escrúpulo puso freno, y que no dudaron ante la ejecución de cualquier deseo.» [Alexis de Tocqueville]
“Rebelión en la Granja“, es obra en el que el prólogo cobra tanto o más valor que el propio texto. Acabada la 2ª guerra mundial, Georges Orwell, con no pocas dificultades editoriales para darlo a la luz, casi desesperaba de encontrar un editor, denuncia rotundamente la comprensión y complicidad expresa de una parte considerable de la “intelectualidad” europea con el estalinismo. Las acusaciones que llevó a cabo de autocensura, rusofilia e inclinación al totalitarismo de muchos intelectuales franceses, son inequívocas. «Ante todo un aviso a los periodistas ingleses de izquierda y a los intelectuales en general: recuerden que la deshonestidad y la cobardía siempre se pagan. No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético, o de otro cualquiera, y después pueden volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución.»
“La agonía de Francia“, obra en la que un Manuel Chaves Nogales doblemente exiliado -en Francia de la España en la que la intolerancia devino guerra civil, en Inglaterra de la Francia cuya defección provocó episodios que constituyeron «una de las mayores vergüenzas de la historia», como el deshonroso armisticio aceptado por el mariscal Pétain-, pinta un impresionante relato de deshonestidad y cobardía.
La Francia de la que surgió el moderno concepto de estado-nación vio como ésta desaparecía porque su estado, diluido en la propia defección nacional, resultó incapaz de salvaguardar su integridad territorial, y sus instituciones, ante la barbarie alemana.
«El estado puede hundirse y desaparecer para siempre y el pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasara por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen un minuto y sin que los periódicos dejen de publicar una sola edición»
Magnífico cuadro de un hecho cuyas secuelas aún perduran en la hora presente de esta Europa común.
“Los comedores de higos“, es “Una 3ª” antológica de José Jiménez Lozano (cuando se dice “Una 3ª” así, con mayúsculas, todo el mundo sabe que se trata de la 3ª pág. del ABC) en la que el autor, buen conocedor de lo que ya sucediera en otro tiempo, vislumbra lo que está por suceder.
«…si en el campo se oye un ruido extraño, sucede algo que nunca ha sucedido o no debe suceder, o hasta las estrellas relucen un poco más o un poco menos que como debe ser, no es que vaya a pasar algo, es que ya está pasando»
Lecturas para aquí y ahora, para meditar acerca de la circunstancia que nos envuelve. Porque donde no hay nación no hay estado, no existe estado sin nación. Y esta no tiene visos de perdurar cuando el cuerpo social, al desconocer los rasgos que lo definen, resulta incapaz de destacar sus mejores cualidades y, por descontado, de defenderlo en el caso de que se vea sometido a algún vaivén de considerable intensidad: así no hay ámbito de convivencia civilizada que sea sostenible. Es el caldo de cultivo del que, inexorablemente, deriva la debilidad intrínseca de las instituciones -el estado- a las que les corresponde, en todo momento, su salvaguarda.
No hay duda alguna. Si no miren su “Consejo”…
Rebelión en la Granja. Georges Orwell. Ed. Destino. (5ª ed. 1980)
La agonía de Francia. Manuel Chaves Nogales. Libros del Asteroide (1ª ed. 2010)

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